
Imagen del Calendario Republicano
Con la Revolución Francesa se quiso romper totalmente con el pasado, y dicha ruptura debía abarcar todos los elementos de la vida cotidiana, y entre ellos estaba el calendario. Fue así como en Francia surge un nuevo calendario, que tan solo fue oficial de 1793, año en que fue aprobado, a 1806, cuando Napoleón lo abolió, puesto que era también una forma de reconciliarse con la Iglesia, devolviendo las fiestas eclesiásticas que habían sido abolidas durante el periodo republicano.
Este calendario fue diseñado por el matemático Gilbert Romme, contando también con el apoyo de los astrónomos Jean-Baptiste-Joseph Delambre, Pierre-Simon Laplace y Joseph-Jerôme de Lalande, por petición de la Convención Nacional en 1793. Era un calendario poético, que recogía los ideales con los que había nacido la revolución, y lo vinculaba con la naturaleza. Seguía manteniendo un año de 365 días, algo que era lógico, y lo que se modificó fueron los meses, las semanas, y el inicio del año.
Los años se empezaban a contar a partir del día de la proclamación de la I República francesa, esto es, el 22 de septiembre de 1792, que coincidía, además, con el equinoccio de otoño. Ese era el día, el 1 de Vendimiario, en que comenzaba el año nuevo francés, durante los años en que estuvo en vigor.
El año se dividía en doce meses, cada uno de treinta días. A cada mes se le dio un nombre poético, que tenía que ver con las estaciones y las tareas del campo: Vendimiario (del 21 de septiembre al 21 de octubre), Brumario (del 22 de octubre al 20 de noviembre), Frimario (del 21 de noviembre al 20 de diciembre), Nivoso (del 21 de diciembre al 19 de enero), Pluvioso (del 20 de enero al 18 de febrero), Ventoso (del 19 de febrero al 20 de marzo), Germinal (del 21 de marzo al 19 de abril), Floreal (del 20 de abril al 19 de mayo), Pradial (del 20 de mayo al 18 de junio), Mesidor (del 19 de junio al 18 de julio), Termidor (del 19 de julio al 17 de agosto) y Fructidor (del 18 de agosto al 16 de septiembre). Por tanto, de aquí vienen los famosos golpes de Estado de Termidor, que puso fin al terror, y el de Brumario que dio el consulado a Napoleón, así como también el de las protestas de Germinal y Pradial que se oponian al aumento en los precios.
Si cada mes tenía treinta días, daba una suma al año de 360. Es por ello que se completaba el año con cinco días sueltos, que se ponían al final de éste, o seis días, si se trataba de un bisiesto. Estos días complementarios, también conocidos como Sans culottides, los cuales eran días festivos, eran: Virtud (Fête de la Vertu), Genio (Fête du Génie), Trabajo (Fête du Travail), Opinión (Fête de l’Opinion), Recompensas (Fête des Récompenses). Correspondían con los días del 17 al 21 de septiembre. Cada cuatro años, correspondiendo con el año bisiesto, se añadía después del día de Recompensas, el día de la Gran fiesta de la Revolución (Fête de la Révolution).
Por otra parte, cada mes de treinta días se dividió en periodos de diez días, a modo de semanas, el cual recibió el nombre de década, lo que recuerda, en parte, al antiguo calendario egipcio. Cada día de la década recibía un nombre ordinal: primidí, duodí, tridí, quaterdí, sextidí, septidí, octidí, novidí, decadí. Éste ultimo día era fiesta, emulando al antiguo domingo. Además, como se suprimieron los santos eclesiásticos, a cada día del año se lo vinculó con un animal, especia o planta.
El calendario estuvo en vigor poco tiempo, del 22 de septiembre de 1792 al 1 de enero de 1806. Pese a ello, su uso fue poco corriente, la mayor parte de la población siguieron usando y guiándose por el calendario gregoriano, en especial las décadas fueron poco aceptadas, y la mayor parte del campesinado siguió usando la semana, ya que mediante este sistema se trabajan seis días, y se descansaba uno, y mediante la década, se trabajaban nueve y se descansaba uno, aunque la suma total de fiestas entre el año calendario y gregoriano daba un número similar.

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