Archivo del 3 julio, 2010
Ya llegamos a la última parte de esta biografía Más de Cerca al Gran Conquistador, llegamos al final de la vida de Alejandro. En la entrada de hoy (la última de la historia) contaremos la muerte del Magno, su sucesión en el trono y el Legado y División de su Reino.
Fue un 13 de junio en el año 323 a. C. en el palacio de Nabucodonosor II de Babilonia. Le faltaba poco más de un mes para cumplir los 33 años, pero no llego a aquella fecha. Muchas y variadas son las teorías sobre la causa de su muerte, que incluyen envenenamiento por parte de los hijos de Antípatro (Casandro y Yolas, siendo éste último copero de Alejandro) u otros, una enfermedad (se sugiere que pudo ser la fiebre del Nilo), o una recaída de la malaria que contrajo en el 336 a. C.
Pero la muerte no fue repentina: Se sabe que el 2 de junio Alejandro participó en un banquete organizado por su amigo Medio de Larisa. Tras beber copiosamente, inmediatamente antes o después de su baño, le metieron en la cama por encontrarse gravemente enfermo. Los rumores de su enfermedad circulaban entre las tropas, que se pusieron cada vez más nerviosas. El 12 de junio, los generales decidieron dejar pasar a los soldados para que vieran a su rey vivo por última vez, de uno en uno. Ya que el rey estaba demasiado enfermo como para hablar, les hacía gestos de reconocimiento con la mirada y las manos. El día después, Alejandro ya estaba muerto.
Si bien ninguna de las teorías esta completamente descartada, tampoco ninguna de ellas esta completamente certificada. Lo cierto es que cada una de las causa tienes sus afirmaciones y sus contras.
La historia del envenenamiento procede de una historia que sostenían en la antigüedad Justino y Curcio. Según ellos, Casandro (hijo de Antípatro, regente de Grecia) transportó el veneno a Babilonia con una mula, y el copero real de Alejandro, Yolas (hermano de Casandro y amante de Medio de Larisa) se lo administró. Las sustancias mortales que podrían haber matado a Alejandro en una o más dosis incluyen el heléboro y la estricnina. Sin embargo, y a pesar del hecho de que muchos eran los que tenían razones de peso para deshacerse de Alejandro, Robin Lane Fox opina que el argumento más fuerte contra la teoría del envenenamiento es el hecho de que pasaron doce días entre el comienzo de la enfermedad y su muerte y en el mundo antiguo no había, con casi toda probabilidad, venenos que tuvieran efectos de tan larga duración.
De todas maneras, esta es sin duda la teoría que más peso tiene hoy en día entre todos los historiadores de la actualidad. No obstante, en la cultura guerrera de Macedonia era más digno morir por la espada antes que por tóxico, y muchos historiadores antiguos, como Plutarco y Arriano, mantuvieron que Alejandro no fue envenenado sino que murió por causas naturales, como la malaria o la fiebre tifoidea, dos enfermedades comunes en Babilonia.
Recientemente, otros han propuesto que Alejandro pudo haber muerto víctima de un mal tratamiento de sus síntomas. Se le pudo haber administrado heléboro, que en aquella época se usaba mucho en medicina pero que era letal en dosis altas, de forma irresponsable para acelerar la recuperación del impaciente rey, con resultados catastróficos. Estas hipótesis que toman la enfermedad y no el envenenamiento citan menudo que la salud de Alejandro había caído a niveles bajísimos tras años de beber copiosamente y también a consecuencia de sus muchas y graves heridas (especialmente la del pulmón, en la India, que casi le quita la vida), y que por tanto era cuestión de tiempo que una enfermedad u otra le matara definitivamente.
Sin embargo, como ya dijimos, ninguna hipótesis puede considerarse como irrefutable, ya que la muerte de Alejandro se ha reinterpretado varias veces a lo largo de la historia. Lo que sí tenemos como cierto es que Alejandro murió tras sufrir fiebres altas el 13 de junio del 323 a. C.
Con su muerte el imperio que se había esmerado en formar quedo sin líder y el poder el dividió entre sus generales. Cuentan las leyendas que, con Alejandro agonizante, sus generales se acercaron a su lecho y preguntaron a quién de todos ellos legaría su reino. Ya que Alejandro no tenía ningún heredero legítimo y obvio (su hijo Alejandro IV nacería tras su muerte, y su otro hijo era de una concubina, no de una esposa), era una cuestión de vital importancia. Y aquí llega el gran dilema, pues la respuesta de Alejandro es algo que se debate intensamente incluso hoy en día: algunos creen que dijo Krat’eroi (‘al más fuerte’) y otros que dijo Krater’oi (‘a Crátero’, uno de sus soldados). Esto es posible porque la pronunciación griega de ‘el más fuerte’ y ‘Crátero’ difieren sólo por la posición de la sílaba acentuada.
La mayoría de los historiadores creen que si Alejandro hubiera tenido la intención de elegir a uno de sus generales obviamente hubiera elegido a Crátero porque era el comandante de la parte más grande del ejército (la infantería), porque había demostrado ser un excelente estratega, y porque tenía las cualidades del macedonio ideal. Pero lo cierto es que aquel día Crátero no estaba presente en la sala, y los otros pudieron haber elegido oír Krat’eroi, ‘el más fuerte’ en vez de su nombre. Fuera cual fuese su respuesta, Crátero no parecía ansiar el cargo y entonces, el imperio se dividió entre sus sucesores (los diádocos).
Nunca se sabrá que fue lo que realmente dijo Alejandro aquel día. Lo cierto es que el territorio conquistado si fue repartido entre sus generales, dividiendo el imperio y dando paso al período del helenismo, donde se creó un acercamiento entre oriente y occidente. Así llegó el fin del hombre que en cierto momento fue el más poderoso del mundo, ejemplo claro de la llama que más intenso brilla pero que más rápido se apaga, refiriéndose esto a su breve pero intensa existencia.
Fuente: La Revista publispain
Wikipedia: Artículo de Alejandro Magno
Enlaces Interesantes:
- Quinto Curcio Rufo: Historia de Alejandro Magno. Libros III a IX, en interclassica.um.es
- «All about Alexander the Great» (en inglés). Consultado el 16/01/2009.
- Alejandro Magno
- Arqueólogos desvelan la posible tumba de un hijo asesinado de Alejandro Magno Noticia del 5 de abril de 2009








