Archivo del 3 febrero, 2011
Publicada originalmente el: 06 Junio 2010
Estaba hoy por la mañana leyendo un libro del historiador barcelonés Carlos Fisas, Historias de la Historia, un libro muy bonito que encontré por casualidad en la biblioteca de mi casa, y allí me encontré con una estupenda historia que creí merecedora de una entrada y aquí se las dejo (por cierto, como bien aclara Fisas, hay que ir con cierto cuidado y no fiarse completamente de la veracidad de la anécdota).
Hablaremos en la anécdota de hoy del gran histólogo don Santiago Ramón y Cajal (1852 – 1934). Como muchos saben, don Santiago fue un médico español, especializado en histología y anátomo-patología microscópica. Obtuvo el premio Nobel de Medicina en 1906 por descubrir los mecanismos que gobiernan la morfología y los procesos conectivos de las células nerviosas, una nueva y revolucionaria teoría que empezó a ser llamada la «doctrina de la neurona», basada en que el tejido cerebral está compuesto por células individuales. Se trata además de la cabeza de la llamada “Generación del 80″ o “Generación de Sabios”.
Pero lo que contaremos hoy tiene que ver con su época de maestro. No sé si todos lo sabrán pero don Santiago no se distinguía por precisamente por una oratoria fácil, le contaba expresarse, y sus lecciones eran algo aburridas y pesadas, por lo que la mayoría procuraba (o al menos intentaba) eludirlas.
Un día, sin embargo, don Santiago vio que su clase estaba repleta de estudiantes. Faltaba mucho para los exámenes y, por más que lo intentaba, podía atribuir esa inesperada aglomeración de estudiantes a ninguna causa visible. La situación se repitió día tras día, y finalmente don Santiago desistió ante su curiosidad y le pregunto a su sobrino (quien también asistía a las clases) si podía explicarle la causa del misterio.
Este le contesto que don Santiago tenía la costumbre de repetir la muletilla <<completamente>> sin venir a ton ni son (o en otras palabras, que usaba la palabrilla sin que viniera al caso o tuviera que algo que ver con lo comentado ver) y que los amigos jugaban a pares o impares, es decir que si durante su clase repetía la muletilla un número impar o par de veces.
Con el misterio aclarado, don Santiago se presentó al día siguiente, como hacia todos los días, ante la clase, que nuevamente estaba repleta, y dio la lección muy lentamente procurando que no se le escapara la muletilla en ningún momento.
Al dar la hora entró el bedel con la consabida frase:
-Es la hora, señor catedrático
Y entonces Ramón y Cajal terminó diciendo:
-Completamente, completamente, completamente; hoy ganan impares
Fuente: Libro “Historias de la Historia” de Carlos Fisas
Wikipedia: Artículo de Santiago Ramón y Cajal







