Literatura
Bueno, bueno… Hace ya ocho días que arranco el mes y aun no le hemos dado la bienvenida aquí en Saberhistoria. Así que creo que ya va siendo hora, mas teniendo en cuenta que este mes el blog cumplirá su tercer año en línea.
Siendo tal la situación comencemos con la entrada de hoy, que dicho sea de paso va dedicada a un amigo personal y del ambiente facultativo: Matías Túpac. Supongo que el sabrá porque :p. El caso es que, por “X” motivo, hablamos de Vlad, el menciono su desconocimiento sobre este personaje y, aprovechando los 165 años del nacimiento de Bram Stoker, creador de Drácula, decidí que era un buen momento para traerlo a colación.
Vlad III, nacido bajo el nombre de Vlad Drăculea, conocido mayormente como Vlad el Empalador (en rumano: Vlad Țepeș), fue el príncipe de Valaquia (actualmente ubicado en el sur de Rumania) entre los años 1456 y 1462. Fue un gran luchador en contra del expansionismo otomano, muy fuerte en aquella época, que amenazaba a su país, al igual que al resto de Europa. Sería conocido por su manera de castigar a los enemigos y traidores, incluso de allí proviene su apodo: el empalamiento. Este curioso personaje, podría (o no) haber sido la inspiración de Bram Stoker para la creación de su gran obra: Drácula. Su historia es muy curiosa y muy rica, pero a falta de tiempos (el martes debo entregar un ensayo) la dejare para mas adelante, y hoy la resumiré en el siguiente párrafo.
Volcánico y prácticamente impredecible fue uno de los más duros gobernantes que la Europa Oriental haya conocido jamás. Absolutamente cruel con ladrones, mentirosos, adúlteros y traidores, para algunos represento a un heroico defensor de los interés e independencia de Valaquia. Para otros un monstro cruel y violento. De su persona se cuentan numerosas historias y leyendas. Entre todas podemos recabar que fue rehén del reino otomano hasta los 17 años de edad, dado como muestra de sumisión al Sultán y como garantía de buen comportamiento por parte de su padre (en aquel entonces regente en Valaquia). Al volver a su tierra, luego de la muerte de su padre, tomo el trono, del cual seria depuesto tiempo después. Sin embargo, en 1456 lograría recuperarlo, tras matar a su contrincante Vladislav II en la batalla de Belgrado. Gobernaría las posteriormente tierras rumanas hasta 1462, cuando tuvo que abandonar el trono y vivir en el exilio hasta 1474, cuando intentaría recuperar nuevamente su trono. Moriría en plena lucha en diciembre de 1476 (poco después de recuperar su trono por tercera vez) en manos de los turcos.
Resumida su vida vamos entonces a algunas de sus historias curiosas. Los relatos sobre su accionar son numerosos, así que, por hoy solo hablaremos de tres en especial. Las elegidas son: Felicitación a los soldados heridos, la visita de los mensajeros turcos y la Guerra Biológica.
En el caso de la primer historia, se cuenta que, en 1462, después de un ataque turco que causo numerosos heridos en sus filas, Vlad decidió visitar a los heridos. Minuciosamente los inspecciono uno a uno y los separo en dos grupos. Por un lado coloco a los que tenían heridas al frente, es decir en la cara, el pecho o en las piernas. Del otro los que tenían claramente heridas en la espalda. Una vez finalizado el proceso se dirigió a donde se encontraban los heridos en su parte frontal y los felicito uno por uno por su valor en el frente de batalla. A continuación se dirigió al pabellón donde se encontraban aquellos que habían sido heridos por la espalda y ordeno que todos ellos fuesen empalados. Para él, el hecho de haber sido heridos en combate por la espalda era absolutamente deshonroso, y no solo eso, sino que podía significar un acto cobarde por parte de sus soldados que no quería tolerar.
En cuanto a la segunda historia, se cuenta que en cierta ocasión se presentaron ante él un grupo de emisarios enviados desde Estambul por el Sultán otomano. Como era su costumbre estos emisarios iban ataviados con ropas tradicionales turcas, la más notable, su turbante. Cuando los emisarios se presentaron ante él, Vlad les pregunto porque no se retiraban los turbantes mostrando respeto hacia su persona. Los turcos respondieron que no era una costumbre de su país. Vlad, sintiéndose ofendido ordeno que se le clavasen los turbantes al cráneo para que así pudiesen sacarlos nunca más.
Finalmen, llegando a la tercera, Vlad Tepes podría ser considerado como el fundador de las guerras biológicas. Según se cuenta, durante sus luchas con el imperio Otomano, Vlad empleo a sus enfermos como un arma de batalla. Eligió entre su población a numerosos enfermos de algún mal contagioso, como la sífilis, la tuberculosis y enfermedades similares, y los envió tras las frontera a convivir con el enemigo. Vlad les proporcionaba ropajes turcos para facilitar su integración y si alguno de ellos regresaba demostrando que había matado de una u otra manera a algún turco era recompensado por su hazaña. Para ello tenían que portar el turbante del turco fallecido.
Aun se desconoce si fue o no la inspiración de Bram Stoker o no, pero algo es seguro, las similitud entre los personajes es asombrosa. De cualquier modo analizaremos este hecho en un futuro cercano. Por otro parte, sus hechos si fueron inmortalizados por el juglar alemán Michael Beheim, en su obra poética Von ainem wutrich der hies Trakle waida von der Walachei en 1463.
Fuentes: Wikipedia: Vlad Tepes
Hoy en día el idioma se ha ido devaluando cada vez más. Con la llegada de la tecnología a las comunicaciones y en estos tiempos modernos en los que se vive apurado las palabras han perdido en muchos casos su grandeza. Y como estoy totalmente en desacuerdo con eso les he traído en esta ocasión dos pequeñas historias que nos enseñan a cerca del buen uso del lenguaje.
La primera de ellas llego a mi gracias a su publicación, bastante resiente, en un blog amigo de la casa: Memoria Residual; por lo que debe agradecerte Miguel Ángel, sin ti quizás no hubiese conocido la historia. La segunda la conocí revisando los archivos del blog Anfrix, y se la prometí justamente a Miguel Ángel en su blog cuando comente la entrada anterior… Por si no quedo claro: Miguel Ángel, esta entrada te la dedico a ti:
No es lo mismo
Muchos, sobre todo los españoles, conocerán seguramente a Camilo José Cela y sobre todo esta anécdota que contare ahora. Pero si no lo conocen les diré que Camilo, además de tener un nombre bastante largo (Camilo José Manuel Juan Ramón Francisco de Gerónimo Cela Trulock) fue un escrito español muy reconocido. Autor prolífico (como novelista, periodista, ensayista, editor de revistas literarias, conferenciante…), fue académico de la Real Academia Española y galardonado, entre otros, con el Premio Nobel de Literatura en 1989, el Premio Cervantes en 1995 y el Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 1987. Por sus méritos literarios, en 1996 se le otorgó el Marquesado de Iria Flavia. Además, y esta es la parte que nos interesa, Camilo fue senador por designación real en las Cortes Constituyentes que crearon la Constitución de 1978. La anécdota que les contare ocurre precisamente durante este periodo.
Como todos deben suponer, las sesiones de senadores suelen ser largas y aburridas, por lo que si uno no nació específicamente para eso es muy posible que en medio de ella le agarre somnolencia y acabe cerrando los ojos y echándose una buena siestita, según se cuenta, en una sesión, un compañero de escaño de Camilo, Luis Maria Xirinacs (y no el presidente como normalmente se cuenta), lo descubrió durmiendo y se lo recrimino: ” Señor Cela, esta usted dormido”. Cela, a quien obviamente no le cayo nada bien que lo despertaran, le contesto “No estoy dormido, estoy durmiendo”. Xirinacs retruco la respuesta de Cela: “Es lo mismo ¿no?”. Fue entonces cuando Camilo, demostrando un dominio del lenguaje tan grande como su falta de delicadeza le respondió: ” No es lo mismo, al igual que estar jodido no es lo mismo que estar jodiendo”.
¿Sorprendido o Asombrado?
Existen veces en que nuestras pasiones son tales que no las podemos dejar fuera de nuestra vida ni por un segundo, algo así fue lo que le ocurrió a Émile Littre en cierta ocasión. Pero antes de contarles la anécdota les diré quien fue Émile, para aquellos que no lo conozcan.
Émile Littre fue un filósofo y lexicógrafo francés. Fue discípulo de Comte, de quien se separó por su concepción del positivismo como religión de la humanidad. En 1867 fundó con Wyrouboff la Revue de Philosophie Positive. Y es célebre por su Diccionario de la lengua francesa (1863-1873).
Sin embargo, aquello por lo que más repercusiones tuvo sea, quizás, su juicio por infidelidad, ya que durante el mismo toda la audiencia estalló de risa al escuchar lo ocurrido.
Resulta que, en cierta ocacion,la mujer de Littre entró en la habitación que compartía con este para encontrárselo arriba de la criada. Ante tal situación la mujer del lexicólogo exclamo: “Émile, estoy realmente sorprendida”. Su infiel esposo, sin poder apartar al lexicólogo de mente, le respondió sin alterarse demasiado: “No amor, tú estás asombrada. El sorprendido soy yo”.
Fuentes: Blog Memoria Residual
Sé que me atrase dos días, pero no veía forma de volver de mis vacaciones un 10 de Febrero sin dedicarle un par de entradas a, según mi criterio, uno de los mejores escritores de la historia, un visionario y, para muchos otros, uno de los padres de la Ciencia Ficción… Sí, estoy hablando de Julio Verne, y de su “cumpleaños” (o al menos lo sería si estuviera vivo).
Sin dudas todos saben bien quien fue Julio Verne, y aquellos que hasta anteayer tenían alguna duda de quién era se habrán encontrado con el diseño alusivo de Goggle y, con solo dar un clic en él, habrán accedido a toda la información que se encuentra sobre él en la internet. Pero, como dueño de un blog de historia, no quería dejar pasar la oportunidad de recordar, desde mi punto de vista, quien fue Julio Verne.
La historia de este personaje comienza un 8 de Febrero de 1828, en la ciudad de Nates, en Francia. En actas consta como Jules Gabriel Verne, pero para todos los habla hispana (como nosotros) siempre fue conocido como Julio. Fue el hijo mayor de los cinco hijos del matrimonio formado por Pierre Verne, que procedía de una familia vinculada a la jurisprudencia (su abuelo fue consejero notario de Luis XV y presidente del Colegio de Abogados de Nantes), y de Sophie Allotte de la Fuÿe, perteneciente a una familia de militares.
Muchos biógrafos dan como cierta la historia en la que en 1839, con tan solo once años, Julio intento escapar de casa para ser grumete en un mercante que viajaba a India llamado Coralie, con la intención de comprar un collar de perlas para su prima Caroline (de quien se dice estaba enamorado), pero su padre lo sorprendió antes de que el barco pudiera zarpar. Fue en aquel momento en cual Pierre hizo prometer a su hijo que en adelante sólo viajaría en su imaginación, y déjenme decirle que vaya si lo hizo:
En sus más de ochenta relatos de aventura, Julio Verne se anticipó a su época y asombró al público describiendo cosas tales como submarinos, cohetes espaciales, viajes a las Luna, helicópteros y tantas otras cosas que recién se hicieron realidad durante el siglo XX.
Pero esta capacidad para predecir el futuro y combinar las aventuras con elemento científicos en sus novelas, la cual le permitió ser considerado, junto al escritor inglés Herbert George Wells (1866-1946), como uno de los precursores de la ciencia ficción no se debieron exclusivamente a su gran imaginación o alguna capacidad vidente de Jules. Lo cierto es que, desde muy pequeño, Verne estaba interesado en la poesía y la ciencia. Leía y coleccionaba artículos científicos, demostrando una curiosidad casi enfermiza que le duraría toda la vida. Probablemente su cercana relación a los avances tecnológicos de su tiempo le hayan ayudado a predecir los siguientes pasos en el adelanto científico.
Pero, como es casi obvio, Verne no tuvo una gran fama durante toda su vida. Tal es así que, para lograr sobrevivir mientras estudiaba derecho (e incluso algún tiempo después), Julio debió escribir obras de teatro y operetas de poco éxito.
Finalmente en 1863 publicó su primera gran novela, parte de la serie de titulada “Viajes Extraordinarios”. La serie, que se prolongó durante casi 40 años, habría de incluir entregas de la talla de Viaje al centro de la Tierra (1864), De la Tierra a la Luna (1865), Los hijos del capitán Grant (1867); Veinte mil leguas de viaje submarino (1869 La isla misteriosa (1874), La vuelta al mundo en 80 días (1873), Miguel Strogoff (1876) (la mejor coartada para quienes le consideran un reaccionario) y La esfinge de los hielos, (1897). Trabajador infatigable, paralelamente a sus viajes, cultivó su primera vocación, el teatro, escribiendo y adaptando algunas piezas para la escena.
Fue condecorado con la Legión de Honor por sus aportes a la educación y a la ciencia. Hoy en día, es el segundo autor más traducido de todos los tiempos, después de Agatha Christie, con 4185 traducciones, de acuerdo al Index Translationum, e incluso algunas de sus obras han sido adaptadas al cine.
El 24 de marzo de 1905, enfermo de diabetes desde hacía años, Verne murió en su hogar, sita en el bulevar Longueville 44 (actualmente bulevar Jules Verne). Fue enterrado en el cementerio de La Madeleine, ubicado al noroeste de Amiens, en cuya tumba se representa a Verne emergiendo del sepulcro, obra del escultor Albert Roze.
Para finalizar les dejo una gran frase del escritor, la cual, como yo lo veo, es un gran resumen de su obra y su vida:
“Todo lo que una persona puede imaginar, otras podrán hacerlo realidad”
Julio Verne
Fuentes: Wikipedia – Archivo Personal
Más Info:
- Viaje al centro del Verne desconocido: Sitio web de referencia en español acerca del escritor francés.











