Historia Antigua
La fragata inglesa Fama fue el medio de trasporte que utilizaría Mariano y sería, a la vez, su último destino. Zaparon el 24 de enero de 1811, fue esa la última vez que Mariano pudo ver a su querida tierra. A poco de partir Moreno, que nunca había gozado de buena salud, se sintió enfermo y le comento a sus acompañantes (su hermano Manuel y un conocido, Guido): “Algo funesto se anuncia en mi viaje…”. Lamentablemente no se equivocó.
Muchas dudas giran alrededor de su muerte, entre ellas podemos destacar lo altamente sospechoso que resulta el contrato firmado por el gobierno con un tal Mr. Curtis el 9 de febrero (solo 15 días después de la partida del ex secretario de la Junta) adjudicándole una misión absolutamente idéntica a la de Moreno. Tal es así que el artículo 11 de dicho documento aclara: “que si el señor doctor don Mariano Moreno hubiere fallecido, o por algún accidente imprevisto no se hallare en Inglaterra, deberá entenderse Mr. Curtís con don Aniceto Padilla en los mismos términos que lo habría hecho el doctor Moreno”.
Y por si esto fuera poco para implantar dudas a cualquiera que conociera la historia, resta saber que, al poco tiempo de que Mariano partiera hacia Londres, Guadalupe (su ya menciona mujer) recibió, en una encomienda anónima, un abanico de luto, un velo y un par de guantes negros con una nota que decía:
“Estimada Señora, como sé que va ser viuda, me tomo la confianza de remitir estos artículos que, pronto corresponderán a su estado.”
Desde entonces comenzó a escribirle decenas de cartas a su esposo. Una de ellas decía: “Moreno, si no te perjudicas, procura venirte lo más pronto que puedas o hacerme llevar porque sin vos no puedo vivir. No tengo gusto para nada de considerar que estés enfermo o triste sin tener tu mujer y tu hijo que te consuelen; ¿o quizás ya habrás encontrado alguna inglesa que ocupe mi lugar? No hagas eso Moreno, cuando te tiente alguna inglesa acuérdate que tienes una mujer fiel a quien ofendes después de Dios”.
La carta estaba fechada el 14 de marzo de 1811, y como las otras, nunca llegó a destino. Mariano Moreno había muerto diez días antes, el 4 de Marzo de 1811, tras ingerir una sospechosa medicina suministrada por el capitán del barco.
Irónicamente su cuerpo fue arrojado al mar envuelto en una bandera inglesa. Guadalupe siguió escribiéndole, y solo se enteró de su muerte varios meses después, cuando Saavedra lanzó su célebre, y aún más irónica, frase: “Hacía falta tanta agua para apagar tanto fuego”. Curiosamente (o tal vez no tanto) los boticarios de la época solían describir los síntomas producidos por la ingesta de arsénico como a un fuego que quema las entrañas.
Para terminar les dejo una de las más celebres frases de Moreno, y mi favorita:
“Si los pueblos no se ilustran, si no se vulgarizan sus derechos, si cada hombre no conoce lo que vale, lo que puede y lo que se le debe, nuevas ilusiones se sucederán a las antiguas, y después de vacilar algún tiempo entre mil incertidumbres, será tal vez nuestra suerte mudar de tiranos sin destruir la tiranía.”
Mariano Moreno
(Prólogo a la traducción de Del Contrato Social, de Juan Jacobo Rousseau, 1810)
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Ya llegamos a la última parte de esta biografía Más de Cerca al Gran Conquistador, llegamos al final de la vida de Alejandro. En la entrada de hoy (la última de la historia) contaremos la muerte del Magno, su sucesión en el trono y el Legado y División de su Reino.
Fue un 13 de junio en el año 323 a. C. en el palacio de Nabucodonosor II de Babilonia. Le faltaba poco más de un mes para cumplir los 33 años, pero no llego a aquella fecha. Muchas y variadas son las teorías sobre la causa de su muerte, que incluyen envenenamiento por parte de los hijos de Antípatro (Casandro y Yolas, siendo éste último copero de Alejandro) u otros, una enfermedad (se sugiere que pudo ser la fiebre del Nilo), o una recaída de la malaria que contrajo en el 336 a. C.
Pero la muerte no fue repentina: Se sabe que el 2 de junio Alejandro participó en un banquete organizado por su amigo Medio de Larisa. Tras beber copiosamente, inmediatamente antes o después de su baño, le metieron en la cama por encontrarse gravemente enfermo. Los rumores de su enfermedad circulaban entre las tropas, que se pusieron cada vez más nerviosas. El 12 de junio, los generales decidieron dejar pasar a los soldados para que vieran a su rey vivo por última vez, de uno en uno. Ya que el rey estaba demasiado enfermo como para hablar, les hacía gestos de reconocimiento con la mirada y las manos. El día después, Alejandro ya estaba muerto.
Si bien ninguna de las teorías esta completamente descartada, tampoco ninguna de ellas esta completamente certificada. Lo cierto es que cada una de las causa tienes sus afirmaciones y sus contras.
La historia del envenenamiento procede de una historia que sostenían en la antigüedad Justino y Curcio. Según ellos, Casandro (hijo de Antípatro, regente de Grecia) transportó el veneno a Babilonia con una mula, y el copero real de Alejandro, Yolas (hermano de Casandro y amante de Medio de Larisa) se lo administró. Las sustancias mortales que podrían haber matado a Alejandro en una o más dosis incluyen el heléboro y la estricnina. Sin embargo, y a pesar del hecho de que muchos eran los que tenían razones de peso para deshacerse de Alejandro, Robin Lane Fox opina que el argumento más fuerte contra la teoría del envenenamiento es el hecho de que pasaron doce días entre el comienzo de la enfermedad y su muerte y en el mundo antiguo no había, con casi toda probabilidad, venenos que tuvieran efectos de tan larga duración.
De todas maneras, esta es sin duda la teoría que más peso tiene hoy en día entre todos los historiadores de la actualidad. No obstante, en la cultura guerrera de Macedonia era más digno morir por la espada antes que por tóxico, y muchos historiadores antiguos, como Plutarco y Arriano, mantuvieron que Alejandro no fue envenenado sino que murió por causas naturales, como la malaria o la fiebre tifoidea, dos enfermedades comunes en Babilonia.
Recientemente, otros han propuesto que Alejandro pudo haber muerto víctima de un mal tratamiento de sus síntomas. Se le pudo haber administrado heléboro, que en aquella época se usaba mucho en medicina pero que era letal en dosis altas, de forma irresponsable para acelerar la recuperación del impaciente rey, con resultados catastróficos. Estas hipótesis que toman la enfermedad y no el envenenamiento citan menudo que la salud de Alejandro había caído a niveles bajísimos tras años de beber copiosamente y también a consecuencia de sus muchas y graves heridas (especialmente la del pulmón, en la India, que casi le quita la vida), y que por tanto era cuestión de tiempo que una enfermedad u otra le matara definitivamente.
Sin embargo, como ya dijimos, ninguna hipótesis puede considerarse como irrefutable, ya que la muerte de Alejandro se ha reinterpretado varias veces a lo largo de la historia. Lo que sí tenemos como cierto es que Alejandro murió tras sufrir fiebres altas el 13 de junio del 323 a. C.
Con su muerte el imperio que se había esmerado en formar quedo sin líder y el poder el dividió entre sus generales. Cuentan las leyendas que, con Alejandro agonizante, sus generales se acercaron a su lecho y preguntaron a quién de todos ellos legaría su reino. Ya que Alejandro no tenía ningún heredero legítimo y obvio (su hijo Alejandro IV nacería tras su muerte, y su otro hijo era de una concubina, no de una esposa), era una cuestión de vital importancia. Y aquí llega el gran dilema, pues la respuesta de Alejandro es algo que se debate intensamente incluso hoy en día: algunos creen que dijo Krat’eroi (‘al más fuerte’) y otros que dijo Krater’oi (‘a Crátero’, uno de sus soldados). Esto es posible porque la pronunciación griega de ‘el más fuerte’ y ‘Crátero’ difieren sólo por la posición de la sílaba acentuada.
La mayoría de los historiadores creen que si Alejandro hubiera tenido la intención de elegir a uno de sus generales obviamente hubiera elegido a Crátero porque era el comandante de la parte más grande del ejército (la infantería), porque había demostrado ser un excelente estratega, y porque tenía las cualidades del macedonio ideal. Pero lo cierto es que aquel día Crátero no estaba presente en la sala, y los otros pudieron haber elegido oír Krat’eroi, ‘el más fuerte’ en vez de su nombre. Fuera cual fuese su respuesta, Crátero no parecía ansiar el cargo y entonces, el imperio se dividió entre sus sucesores (los diádocos).
Nunca se sabrá que fue lo que realmente dijo Alejandro aquel día. Lo cierto es que el territorio conquistado si fue repartido entre sus generales, dividiendo el imperio y dando paso al período del helenismo, donde se creó un acercamiento entre oriente y occidente. Así llegó el fin del hombre que en cierto momento fue el más poderoso del mundo, ejemplo claro de la llama que más intenso brilla pero que más rápido se apaga, refiriéndose esto a su breve pero intensa existencia.
Fuente: La Revista publispain
Wikipedia: Artículo de Alejandro Magno
Enlaces Interesantes:
- Quinto Curcio Rufo: Historia de Alejandro Magno. Libros III a IX, en interclassica.um.es
- «All about Alexander the Great» (en inglés). Consultado el 16/01/2009.
- Alejandro Magno
- Arqueólogos desvelan la posible tumba de un hijo asesinado de Alejandro Magno Noticia del 5 de abril de 2009
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Durante su gobierno, Alejandro sufrió varias conspiraciones. Para empezar, en el año 330 a. C. Filotas, hijo de Parmenión, fue acusado de conspirar contra Alejandro y asesinado junto con su padre (por miedo a que éste se rebelara al enterarse de la noticia). Alejandro, después de haberlos ejecutado se vio forzado a mandar asesinar al fiel, valiente y anciano general Parmenión. Se dice que fue un hecho lamentable que causó una seria depresión en el rey Macedonio. Asimismo, el primo de Alejandro, Amintas, fue ejecutado por intentar pactar con los persas para ser el nuevo rey (de hecho, era el legítimo sucesor). Tiempo después hubo una nueva conjura contra Alejandro, ideada por sus pajes, la cual tampoco logró su objetivo. Los pajes eran unos jóvenes que habían sido mandados por la nobleza para que fueran educados en grupo aprendiendo la manera de gobernar, luchar y comportarse. Uno de los Pajes, muy probablemente influenciado por Calístenes (El historiador de la aventura de Alejandro), trató de asesinar a Alejandro Magno. De esta manera, también Calístenes resultó involucrado y temiendo ser ejecutado, se suicidó.
La distancia entre Alejandro y sus tropas griegas, se hacía cada vez más grande, ahora debido a su política de alianzas con la nobleza iraniana, donde varios e sus capitanes fueron casados con nobles persas, así como su ejército cada vez tenía más elementos persas. Así mismo el propio Alejandro Magno terminaría casándose con una princesa iraniana llamada Roxana, que en un futuro le daría un hijo llamado Alejandro.
Otro de los momentos oscuros dentro de la vida de Alejandro Magno es cuando accidentalmente y en un arranque de ira agraviado por la embriaguez, mató a su compañero de armas y viejo amigo Clito “El negro”. Clito era un general que se había formado en batalla junto a Filipo, padre de Alejandro. Se encontraban reunidos disfrutando de un festín. Clito había sido nombrado Sátrapa de Bactriana y en algún punto de la conversación Alejandro adoptando la costumbre persa de la proskynesis, pretendió ser adorado como un dios, a lo que Clito le objetó en abierto desacuerdo cansado de tantas lisonjas y de oír cómo Alejandro se proclamaba mejor que su padre Filipo, le reclamo sus tendencias megalomaniacas y que se olvidaba de que si había llegado ahí, no había sido solo, sino con ayuda de sus generales y soldados; completamente indignado agrego: «Toda la gloria que posees es gracias a tu padre»; e, incorporándose, volvió a gritarle: «Sin mí, hubieras perecido en el Gránico.» (en dicha batalla Alejandro estuvo a punto de morir, saliendo vivo sólo por la intervención de Clito que de un espadazo mató al persa que quería asesinarle)
Alejandro, que estaba ebrio, buscó su espada, pero uno de los guardias la ocultó. Clito fue sacado del lugar por varios amigos, pero regresó por otra puerta, y mirando fijamente al conquistador, repitió un verso de Eurípides: «Qué perversa costumbre han introducido los griegos.» En aquel momento Alejandro arrebató una lanza a uno de los guardias y se la arrojo creyendo que fallaría y dando un ejemplo para el futuro, sin embargo, la lanza mató a Clito, que se desplomó en medio del estupor de los presentes. Arrepentido del crimen se lanzo al cuerpo de su amigo llorando de tristeza por el crimen que había cometido, luego pasó tres días encerrado en su tienda y algunos afirman que hasta trató de suicidarse a consecuencia de la muerte de su amigo.
Dejando todo esto atrás, Alejandro continúo con su idea de Conquista. Una vez cubierto la totalidad del territorio Persa, Alejandro Magno posó su mirada en la India. Para esta campaña reforzó su ejército con más tropas Persas, irritando cada vez más a sus tropas, que no comprendían la universalidad y magnitud del sueño de Alejandro.
Al llegar a la India, Alejandro Magno se alió con algunos reyes indios, que, hay que resaltar, no eran de fiar, y más tarde resultarían ser un terrible dolor de cabeza al rebelarse. La campaña en la india no fue menos duras que las demás. Sin embargo el experimentado ejército macedonio se las arregló para vencer siempre, aún en inferioridad numérica o luchando contra elefantes. La resistencia más fuerte la encontró a manos del rey Poro, un corpulento rey Indio que dirigía un elefante en batalla y sembraba la muerte lanzando lanzas desde su elefante, al cuál se enfrentó en la batalla del Hidaspes, en el año 326 ac.
Sin embargo, Alejandro Magno se hizo con la victoria, y quiso continuar la conquista, dirigiéndose hacia el Ganges, pero sus tropas estaban tan agotadas por 8 años de guerra continua, que no querían seguir avanzando. Al final, sólo sus valerosas propias tropas pudieron derrotar al propio Alejandro Magno.
Ante la situación de su ejército, Alejandro Magno decidió dar marcha atrás. Así, él y su ejército siguieron el curso del Hífasis y llegaron a la ciudad de Petala, donde combatieron con más fuerzas indias a lo que se sumó la rebelión de los reyes indios sometidos anteriormente. Después de derrotar a las fuerzas indígenas, Alejandro Magno organizó el regreso a la patria, dividiendo sus fuerzas persas-macedonias-grecas (tan variado era ya, aquel ejército que había partido desde Macedonia) en 3 cuerpos, dirigidos por Crátero, Alejandro y el asignado a la flota que conducía Nearcon (quien costearía hasta el golfo pérsico).
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