Entradas con la etiqueta ‘Napoleón’

Soy una persona que le gusta generar cambios e innovar, por eso les traigo una nueva categoría en este blog. Y como bien titula la entrada esta nueva categoría se llama “Han Dicho”.

Grabado de época moderna de <em>Il Pasquino</em>rodeado de los papeles satíricos

Grabado de época moderna de Il Pasquinorodeado de los papeles satíricos

¿De qué trata? Bueno, si no lo han deducido por el nombre les diré que, leyendo una y otra vez los numerosos libros que tengo de anécdotas históricas, así como los blogs en línea o cientos de historias que leo en otro tipo de libro, me he encontrado con numeras anécdotas que, dada su extensión quedan fuera de este blog por ser demasiado cortas. Estas anécdotas se caracterizan en su mayoría por tratarse de diálogos retóricos o divertidos entre uno o más personajes medianamente famosos. Y de allí el nombre de esta entrada y de la categoría: “Han Dicho”.

En esta categoría tratare de agrupar varios de estos diálogos en una misma entrada, en principio con el ideal de que sigan una temática más o menos similar, pero esto no llega a ser posible no se pondrá como un medio de exclusión.

En el caso de las dos historias de hoy, el elemento unificador se halla en la presencia de un tipo de estatuas que fue muy abundantes en las plazas medievales: Il Pasquino. Para aquellos que no lo sepan les diré que en estas estatuas, “con premeditación, alevosía y nocturnidad se colgaban papeles satíricos en contra del Estado y los político, aprovechando así los individuos el anonimato que esto les otorgaba; a la mañana siguiente todo el pueblo leía los mensajes y se regocijaba con ellos, todos menos aquellos contra quien iban dirigidas las diatribas”.

Por cierto, las comillas se deben a que la autoría de esta definición corre por parte de una amiga de este blog “profedegriego”, quien hizo este comentario en una antigua entrada del blog. De hecho, la primera anécdota también llego a mí por la profe, y en el mismo comentario :).

De la codicia de Napoleón

Se cuenta que en la ciudad de Roma, en uno de los pasquines existentes en sus plazas, algún anónimo dejo un papel que rezaba de la siguiente manera:

– ¿Son todos los franceses unos ladrones?

– No todos no, pero Bona-parte.

Clarísima alusión a la codicia y la rapiña de Napoleón, quien gran cantidad de tesoros y obras de arte romanos se llevó a Francia.

Federico, el Grande, y la popularidad.

Viendo Federico, en cierta ocasión, a la multitud agrupada para leer un pasquín colocado en un sitio muy alto, mandó a que lo colocaran más abajo. Ante esto, sus subordinados le alegaron:

-Es que es un pasquín contra vuesta majestad.

-Ya lo sé – Respondió Federico – Pero si decís que yo he dado la orden de que lo colocaran en un sitio para que se pudiese leer más cómodamente, ello aumentara mi popularidad.

Fuente: Historias de la Historia, Cuarta Serie, de Carlos Fisas.

Con un día de retraso a lo prometido, aquí está la entrada. La última anécdota había tenido como protagonista a un individuo que se destacó en su historia como un gran militar y estratega. Hoy seguiremos un poco en ese aspecto,  y hablaremos de otro genio militar, me refiero al Gran Corso, Napoleón Bonaparte.

Napoleón retirándose de Moscú.

Napoleón retirándose de Moscú.

Es de saber popular que las campañas expansionistas que Napoleón decidió llevar adelante durante su periodo como Emperador Francés autoproclamado terminaron poco después de la Batalla de Waterloo. Las tropas de los ejércitos aliados de Inglaterra, Prusia, Austria y Rusia, ingresaron en territorio francés, obligando al Gran Corso a firmar en Fontainebleau, el 4 de Abril de 1814, su acta de abdicación.

En dicho documento, el general había logrado reservar para su hijo, el futuro Napoleón II, los derechos de la corona de Francia. Sin embargo, dos días más tarde, muy a su pesar, Napoleón se verá obligado a renunciar para él y toda su descendencia el cetro francés.

Aquel fue el momento en que la vida perdió sentido para el alguna vez Emperador Francés, su Imperio se venía abajo, no había vuelta que darle; y lo que era peor aún, seria recluido en una isla por el resto de su vida. Fue entonces cuando lo decidió, era el momento de quitarse la vida.

Napoleón en su trono imperial, por Jean Auguste Dominique Ingres, 1806.

Napoleón en su trono imperial, por Jean Auguste Dominique Ingres, 1806.

Corría la noche del 12 al 13 de abril de 1813, las manos temblorosas del Emperador desenredaron el estuche que llevaba en su cuello desde el rotundo fracaso de la campaña de Rusia. Dentro llevaba un pequeño amuleto,  en el cual escondía una mezcla mortífera de opio, belladona y eléboro. Lo abrió, lo disolvió en agua y tragó el veneno.

Pero su intento de suicido fallaría. Varios son los motivos que se barajan. Va… solo tres. El primero tiene que ver con el gran ego de Napoleón. Este habría llevado al general, creyendo ser más fuerte y resistente que los simples y normales humanos, a ingerir una cantidad 6 veces más de lo necesario para matarse. Semejante cantidad provocaría una reacción de espasmo y vómitos, haciendo que el Gran Corso devolviese todo el veneno. La segunda es muy parecida a la primera, pero en lugar de ser el ego lo que lo lleva a beber una mayor cantidad de la necesaria, serían los problemas de vista adjudicados, para aquella época, a Napoleón. Finalmente, la tercera tiene que ver más con cuestiones del estilo médicas. Se presume que un fuerte hipo ataco al general francés, justo luego de ingerir el veneno. Ese inoportuno espasmo de su diafragma le habría salvado la vida, haciéndole devolver todo el veneno de su estómago.

La noche paso, al igual que los días siguientes. El general siguió vivo, y el 20 de abril se despediría de su vieja guardia en el patio de Fontainebleau camino al exilio en Elba, donde llegó en la nave ingles de Undaunted el 4 de mayo de 1814.

Napoleón en Santa Elena.

Napoleón en Santa Elena.

Napoleón Toma Portugal

Juan VI de Portugal, el rey que huyo al Brasil

Juan VI de Portugal, el rey que huyo al Brasil

Portugal, amigo y gran comprador de los productos ingleses, decidió que no quería aplicar el bloqueo. Fue entonces cuando Napoleón, decidido a hacer valer su plan, le lanzo un ultimátum. Los lusitanos, a pesar de ser una nación proporcionalmente chica (sin ofender), demostraron tener más valor que cualquiera que el resto de las naciones europeas y rechazó la intimidación napoleónica. El Gran Corso, que no estaba dispuesto a recibir un no como respuesta, resolvió invadirlo y, para ellos, firmó con su vecino un tratado, en el cual España permitía el paso de las tropas francesas por su territorio sin problema alguno. Así se hizo, las tropas de Napoleón pasaron por España y entraron Portugal, pero no encontraron allí resistencia alguna: Los monarcas lusitanos, que con anterioridad se habían mostrado dispuesto a hacerle frente a Francia, al ver que el ejército se les venia en cima, decidieron poner agua de por medio y huir a toda prisa hacia su colonia en América (El Brasil). Ahora si, sin enemigo alguno, Napoleón pudo imponer su <<bloqueo>> con total tranquilidad.

¿Y Por Qué no… También España?

Retrato de Carlos IV, por Francisco de Goya (c. 1789).

Aquí llegamos a la parte importante de la entrada de hoy. Lo cierto es que en un comienzo, Napoleón no tenía pensado hacerse con el control de España, pero las sucesivas cartas que recibía de sus envidos a Portugal, en las que le comentaban lo fácil y “necesario” que resultaría imponer un nuevo orden allí terminaron por tentar al Gran Corso. Decidido a obtener ese reino también para él ordeno a sus ejércitos “Cuidar las retaguardias portuguesas”, y, así como quien no quiere la cosa, fue ocupando territorio español sin que el rey desconfiara rotundamente de sus intenciones. Pero pronto las cosas quedaron claras hasta para el más grande de los ciegos. El caos se apropio de los pueblos españoles y Carlos IV decidió abdicar, dejando la corona y los problemas en manos de su hijo Fernando VII, quien, pro primera vez en su vida, no la deseaba.

Retrato de Fernando VI

Los problemas aumentaron y el pueblo se levanto en armas en lo que se conocería como los sucesos del 2 de Mayo, mientras Murat, el enviado de Napoleón, no dudo en reprimir sin piedad. El resultado fue catastrófico, muchos murieron y el horror puede observarse hoy en día en las obras de  Goya: Carga de los mamelucos contra el pueblo y El fusilamiento de la montaña Príncipe Pío.

En medio de aquellas circunstancias, los Borbones padre e hijo, llegaban a Bayona, donde se produciría una histórica zarzuela: Fernando le devolvió la corona a Carlos, mientras que este, a su vez, abdica a favor de Napoleón, <<cediendo a mi aliado y caro amigo el emperador de los franceses todos mis derechos sobre España e India>>. Y como Napoleón nunca se olvida de los “favores” que recibe, en retribución les asignó a Carlos, su esposa María Luisa, y Godoy la residencia en un castillo en Compiègne. Mientras Fernando y su hermano Carlos María Isidro fueron confinados al palacio de Valençay, que tenía más de dorado que de jaula, y más “VIP” que de prisión. Sin olvidar que a toda la familia real se le había asignado, por orden de Bonaparte, una suculenta renta.

Dos meses más tarde Napoleón pondría como rey de España a su  hermano Jose Bonaparte, tambien conocido como Pepe Botella (por su adicción al alcohol).

Retrato de José I, por François Gérard

Retrato de José I Bonaparte, por François Gérard

La Relación Entre Francia y España

Desde nuestra infancia se nos enseña (aquí en Argentina) que lo que acelero el proceso revolucionario tanto aquí en el Rio de la Plata como en toda la América que dejaría de ser española, fue la invasión de Napoleón a España. Pero ¿Cómo fue realmente aquello? ¿Qué fue la famosa farsa de Bayona? ¿Cuál fue la actitud de los reyes Borbones frente a su patria y su pueblo?

Ejecucion de Luis XVI

Ejecucion de Luis XVI

La relación entre el Imperio Español y Francia había comenzado en el siglo XVIII cuando los Borbones accedieron al trono español. Desde aquel momento nuestra “Madre Patria” comenzó una larga alianza con su país vecino, en contra de su eterno rival: Gran Bretaña. Esta unión diplomática y militar se había formalizado el los llamados “Pactos de Familia” y se mantuvo hasta 1808 (cuando Napoleón invade España) excepto por un breve período entre 1792-1795, momento en el que se desarrollo la Revolución Francesa y es destituido y asesinado Luis XVI. Ante la ejecución de su pariente y colega francés, Carlos IV debió sumarse a las potencias coalineadas contra los revolucionarios del país vecino.

Manuel Godoy

Manuel Godoy

Pero, pese a la cabeza rodada de su primo lejano, la derrota de las tropas hispanas llevó a que el monarca español firmara la Paz de Basilea en 1795. En 1796, Manuel Godoy, favorito y gran ejecutor de la política en la corte de Carlos IV, firmara el Tratado de San Ildefonso, a través del cual se renovaba la asociación entre los dos países para luchar en contra de Inglaterra. En 1799 (el 9 de noviembre de aquel año para ser exactos) Napoleón da un golpe de estado, derribando al Directorio gobernante y proclamándose como Cónsul primero, y Emperador después.

Napoleón Asciende en Europa

El ascenso de Napoleón al poder no cambio demasiado las bases del trato, pero si hizo que se modificaran ciertos “aspectos” de la sociedad, como pronto veremos. A penas se declaro como emperador francés, Napoleón comenzó su carrera de conquistas en Europa, sin que casi nada ni nadie pudiera detenerlo. Mientras tanto, y como consecuencia de los acuerdos de alianza, España estaba obligada a ayudar económica y militarmente a Francia en su lucha contra “Inglaterra”.

Napoleón en su trono imperial, por Jean Auguste Dominique Ingres, 1806.

Napoleón en su trono imperial, por Jean Auguste Dominique Ingres, 1806.

Era un acuerdo extorsivo que supuestamente le garantizaba a España la neutralidad en una segura guerra entre los dos países separados por el Canal de la Mancha. Pero cuando la guerra fue un hecho, Napoleón le exigió a España que se sumara a su bando. En 1804 Napoleón formo el “Grande Armée” (<<Gran Ejército>>) y se propuso atacar Inglaterra. El plan era distraer a la flota inglesa simulando que la franco-española tomaba dirección al Caribe, mientras otra flota franco-española atacaba el puerto ingles completamente desprotegido. Pero Nelson se dio cuenta del plan y, en lugar de seguir a la flota que simulaba dirigirse al Caribe, espero a la segunda flota; esta, al ver que Nelson los estaba esperando decidieron retroceder, pero el ingles los siguió y los acorralo cerca del puerto de Trafalgar, donde (a pesar de morir el Comandante Nelson) los ingleses terminaron derrotando y, prácticamente (e irónicamente), destruyendo la famosa “Armada Invencible”. Esta perdida por parte de los españoles significo que América quedaba desprotegida y a merced de los ingleses que decidieron atacar la colonia más lejana: La del Rio de la Plata (Entrada de ayer sobre el tema).

Napoleón no podía dejar la cosa así, por lo que, destruido su intento marítimo, decidió afianzar su poder en tierras europeas. De esta manera vencería a los rusos y los austriacos en Austerlitz, ganando el control casi total sobre toda Europa. Con todo este poder sobre el terreno del continente, Napoleón decreto, como plan de lucha ante los ingleses, un <<bloqueo continental>>, es decir el cierre de los puertos continentales europeos, que casualmente estaban casi todos bajo su control, a cualquier producto británico, y la incautación de los barcos de terceros que tocaran costas inglesas. Inglaterra, en plana revolución industrial no podía tolerar que Napoleón interrumpiera la circulación de sus productos atacando y dominando a sus habituales clientes.

Aún frescas tenemos las imágenes del derribo de varias estatuas de Saddam Hussein tras la ocupación estadounidense de Irak, en 2003. Pero aquella no fue la primera vez que se derrocaba una escultura por su simbolismo, ese es un acto muy común luego de infames dictaduras que dañen a un país, y con el se intenta volver a empezar de cero. La “Foto con Historia” del día de hoy tiene que ver con el derrocamiento de esculturas simbólicamente política, en este caso la estatua derrocada fue la estatua de un dictador, si, pero no se si tan malo para el pueblo. Fue la estatua de Napoleón (Bonaparte) I:

Napoleón por los Suelos

En 1871, durante el breve gobierno en Francia de la Comuna parisina, cayó la estatua de Napoleón I. La figura que ustedes pueden ver en la foto coronaba la columna de Vendôme, realizada en imitación a la columna de Trajano a mitad del siglo XIX, para conmemorar la victoria napoleónica en Austerlitz.

En opinión de los obreros que habían tomado el poder, Napoleón simbolizaba la tiranía y el militarismo. Por este motivo, el ayuntamiento votaría a favor del desmantelamiento de la estatua. Sin embargo, la Comuna no fue culpada por el acto, poco después del hundimiento de dicho régimen revolucionario, el nuevo gobierno responsabilizó de la destrucción de la estatua al pintor Gustave Coubert, conocido activista político.

La composición del artista era comprometida: Había solicitado el derribamiento de la escultura no mucho antes de que la Comuna tomara la misma decisión. Además había aceptado de esta el cargo de responsable de los museos parisinos.

Courbet fue sentenciado a seis meses de cárcel. Pero la pena no quedó ahí. Al salir, la justicia militar le obligo a pagar una multa de 300.000 francos en un termino de treinta años, eso para pagar los gastos derivados de las obras llevada a cabo para reerigir la columna y su remate.

Courbet, arruina y con sus obras confiscadas, se exilió en Suiza, donde murió al poco tiempo sin saldar su deuda. El monumento volvió a alzarse en 1874 con una nueva estatua del Gran Corso, la cual aún preside la plaza parisina.

El Hombre de Su Vida

La vez pasada terminamos con la muerte de su esposo, el general Leclerc, y el regreso de Pauline a Paris. Una vez en la capital francesa, el duelo casi se evaporo. No mucho después de su llegada y del funeral de Leclerc, recobro su papel de reina de las fiestas y comenzó a sumar una nueva lista de amantes, entre los que se destacaría el amorío que tuvo con François-Joseph Talma, uno de los más celebres actores de la época e intimo amigo de Napoleón.

Nuevamente, allá donde fuera, el escándalo la perseguía. Ya no tanto por la condición pública de sus numerosos amoríos, sino por sus peculiares costumbres: La hermana del ya cónsul vitalicio no solo acostumbraba bañarse todos los días en una mezcla de leche y agua, sino que también era capaz de perforar el suelo de alguna planta superior de cualquier residencia, ya fuera propia o ajena, pera improvisar una peculiar ducha. Además solía recibir a las visitas en su Boudoir, acompaña de varios de sus criados negros y cubierta tan solo por un largo pero ligero peinador. Y, por si todo esto fuera poco, por todo Paris corría el rumor de que ella solía calentarse sus pies introduciéndolos en los escotes de dos de sus doncellas mulatas, que la habían acompañado desde Haití.

En plena carrera hacía el Imperio, Napoleón comprendió que para preservar el buen nombre de la familia era necesario cortar de raíz tanto escándalo, y la única solución posible parecía la de encontrarle un nuevo marido a la “inconsolable” viuda de Leclerc. Un esposo, pensó seguramente el general Bonaparte, refrenaría los impulsos de la “pequeña Pagnetta”, sujetaría con firmeza sus costumbres y, se podía disponer un buen candidato, tal vez podría ayudar en la campaña militar y política del Gran Corso. Solo había un candidato que reuniera tales condiciones: El Príncipe Camillo Borghesse.

Camillo Borghesse era miembro de una antigua familia romana, que contaba con algunos papas entre sus antepasados. Era un joven de 28 años, tímido y algo pueril, poseedor de una basta fortuna y una valiosa colección de obras de arte que, en buena medida, pasaría a manos de su cuñado Napoleón. Paulina, como nueva princesa Borghesse, recibiría el trato de Alteza Serenísima, se situaría en la cumbre de la pirámide social y obtendría de su nuevo y flamante esposo una anualidad de 70.000 francos, diversas propiedades, dos carruajes y un palco de perpetuidad en el Teatro Nacional de Roma, más de cuatro camareras y diez sirvientes para su servicio exclusivo, como bien podrían suponer, la reina de las fiestas, los bailes y el lujo parisino, no cabía en si del gozo. Su nuevo estatus le iba a permitir llevar una vida aún más frívola, lujosa y superficial que la anterior, y, mejor aún, le concedía una cierta respetabilidad que la blindaría frente a las maledicencia ajena. Pero contaba con un pequeño inconveniente: Debía Trasladarse a Roma. La noticia la sobresalto. La “pequeña Paganetta” ignoraba la voluntad de su hermano por alejarla de París. Tras la boda, las órdenes napoleónicas reflejaron la misma rotundidad que cuando iban dirigidas a sus soldados: “Señora princesa Borghesse: se aproxima la mala estación. Los Alpes se cubrirán de hielo, por lo que debéis poneros en camino hacia Roma. Os ruego que, una vez allí, os distingáis por vuestra dulzura. Se espera más de vos quede cualquier otra persona. Debéis adaptaros a las costumbre de vuestro nuevo país y no pronunciar nunca la frase: “En París esto es mejor””

Aún contra su voluntad, Paulina obedeció y se trasladó a Roma. Como su hermano intuía, la vida en la capital italiana le pareció aburrida y comenzó una nueva e imparable carrera de amoríos y diversión que su nuevo marido acepto resignado e indiferente. No por generosidad. El príncipe bien sabía la razón de que su esposa buscara en cuerpo ajenos lo que el no podía ofrecerle: Borghesse una disfunción eréctil que le imposibilitaba consumar su matrimonio. Se dice que Paulina utilizó todas sus artes femeninas intentando solucionar dicha situación, entre las decisiones que tomo en ese sentido, no fue la menor ni la meno importante encargar a Canova que la esculpirá semidesnuda. Lo deja en evidencia la carta que, en 1818, alejada de Camillo, le escribió rogándole que la alejara de miradas ajenas. En ella le asegura que fue echa para su exclusivo placer y, por lo tanto, solo él tenía derecho a contemplarla. En otras palabras, lo que Paulina quería expresar era que, ya que Camillo no podía poseerla, la escultura de Canova le permitía admirarla en toda su desnudez. La historia de la estatua escandalizó a la sociedad romana.

Para aquel entonces, Napoleón, ya emperador, había nombrado a su hermana Paulina princesa de Guastalla y, como tal, soberana de un pequeño estado de unos diez kilómetros cuadrados. Algo relativamente poco, en comparación con el reino de Holanda que había recibido Luís, el reino de España que recibió José o el reino de Nápoles que había quedado en manos de Carolina. Ofendida Paulina vendió el terreno al ducado de Parma, y con el dinero compro una cantidad de joyas, trajes y objetos lujosos que Napoleón la bautizó como Notre Dame des Colifichets (o lo que es lo mismo: “Nuestra Señora de los Perifollos).

No obstante, la paciencia de Camillo Borghesse tenía un límite. Y ese se llamó Auguste Forbin. Paulina, harta de los chismes y cuentos sobre su persona que cubrían Roma, se había instalado en el balneario francés de Plombières pese a la voluntad de su hermano, quien le escrito: “Si te obstinas en volver a París no cuentes conmigo. Yo no te aconsejaré sin que antes ceses los desacuerdos con tu marido  y las antipatías por Roma. Pórtate bien con el Príncipe, acoge bien a los romanos y procura vivir como corresponde a mi nombre y a tu alcurnia”.

Por su parte, Frobin era un hombre atractivo, pintor, poeta y arquitecto, tenía facciones correctas, elevada estatura, modales elegantes y un temperamento tan jovial como la misma Paulina. Podría decirse que eran tal para cual,  el amor no tardó en surgir entre ellos y Paulina partió con su nuevo enamorado a las propiedades que este poseía en Provenza. Durante la estancia en Aix-en-Provence (la ciudad de donde Forbin era originario) se apareció de improvisto el marido burlado. Según un testigo presencial, la naturalidad con que Paulina admitió el idilio y confesó públicamente su amor hicieron que Camillo Borghesse exclamara: “Podéis sentiros satisfecha de ser la hermana de un emperador. De lo contrario os infligiría tal castigo que no os olvidaríais jamás”.

Enterado del suceso, Napoleón decidió terminar con el romance. El pintor provenzal fue llamado con urgencia desde París y nombrado teniente adjunto del mismísimo Napoleón. Aunque no sería la única condecoración que recibiría Forbin: Al nombramiento anterior le seguirían los de capitán, barón del Imperio, y la concesión de diversos galardones. Una triunfal carrera que quizás le haya compensado el olvido por parte de la mujer, porque, después de separarse del Príncipe Borghesse, Paulina no tardo en consolarse de su ausencia. A Forbin le siguió un director de Orquesta, Félix Blanini; Un comandante de húsares, Armand de Canouville; un capitán de dragones, Archile Tourteau de Septeuil; un artillero, el mayor Duchaud… Una lista bastante extensa, que seguramente hubiera seguido creciendo de no sucumbir el emperador.

Hasta aquí por ahora, pero continuaraParte IParte IIParte IV

La vez pasada quedamos en que la joven Paulina deseaba casarse con Frénon, pero que tanto su hermano Napoleón como su madre se oponían a dicha unión. Para solucionar este problema, Napoleón, quien sentía una debilidad absoluta por su pequeña hermana y, además, la conocía muy bien, la reclamó a su lado en Milán, convencido de que sus propósitos de amor eterno hacía Fréron no se cumplirían.

La capital lombarda era el lugar perfecto para que la pequeña Paganetta, como solía llamarla su hermano, volviera a enamorarse y se olvidara de Fréron. Se quedó corto, apenas piso la Milán, Paulina, se sumergió  en un alegre torbellino de fiestas, coqueteos y breves romances que hicieron que Napoleón tomara una decisión drástica: Había que casar a la pequeña Paganetta. El futuro Gran Corso no estaba dispuesto a seguir escuchando cancioncillas humillantes como las que proclamaban que mientras “Paulina tomaba corazones, Bonaparte se apoderaba de las ciudades”.

Retrato de Charles Víctor Emmanuel Leclerc

Retrato de Charles Víctor Emmanuel Leclerc

El elegido para el casorio fue uno de los hombres de mayor confianza del futuro emperador: Charles Víctor Emmanuel Leclerc. Este era joven, tenía 24 años recién cumplidos, poseía un cierto atractivo físico y, sobre todo, una sensatez que confiaban pudiera contagiar, al menos un poco, a la joven Pauline.

La boda, a la que Paulina accedió de buena gana, se celebró en 1797, y, apenas un año después, nació el único hijo de la pareja, Dermide Luís Bonaparte, quien fue apadrinado por el propio Napoleón. Pero el pequeño falleció al poco tiempo de vida. Pasado el golpe, pareja consiguió ser feliz a su modo. Paulina brillaba en sociedad y Leclerec se enorgullecía ampliamente de ser el dueño y señor de aquella mujer preciosa, simpática y locuaz. Sabía muy bien que la fidelidad no era su fuerte ni una de sus mayores virtudes, pero se resignaba a ello. A fin de cuentas, él era su esposo y el resto, por más bueno amantes que fueran, no dejaban nunca de ser simples y, sobre todo, fugaces aventuras.

El Revolucionario Toussaint Louverture

El Revolucionario Toussaint Louverture

Pero la verdadera aventura llegaría a la vida de ambos con su viaje al Caribe. Haití, bajo dominio francés desde el siglo XVIII, contaba con una población de 300.000 esclavos negros y tan solo 12.000 personas libres entre blancos y mulatos. En 1791, un grupo de esclavos, acaudillado por el sacerdote vudú Dutty Boukman se levantaron contra sus dominadores. A la muerte de Boukman, algún tiempo después, Toussaint Louverture se convirtió en el principal caudillo del movimiento insurgente. Este Louverture había sido un antiguo esclavo que secundaba el levantamiento. Para 1801, luego de rechazar un intento de invasión británico, Toussaint organizó Haití como un estado semiautónomo y le concedió una constitución; además se declaro Gobernador vitalicio de la isla y reactivo su economía. Motivos suficientes para que la isla, con sus plantaciones de azúcar, café y algodón, se convirtiera en el deseo de Napoleón. Completamente anhelante de conseguirla envió al Caribe un regimiento de 20.000 soldados al mando del que consideraba uno de sus mejores generales: Su cuñado Leclerec.

Las órdenes era completamente claras: Había que derrotar a Toussaint, abolir la autonomía de la isla y recuperarla completamente para el dominio francés. Y algo más: Paulina, como buena esposa, debía acompañar a su marido.

No hace falta aclara que la idea no le cayo nada bien a la pequeña Paganetta, ni decir que las nuevas noticias la irritaron completamente. Reina de los salones de París, se negó rotundamente a abandonar las comodidades de la capital del glamour y la belleza por los inconvenientes de una isla escondida en el medio del mar y muy lejos de sus deleites, y no debemos olvidarnos que por sobre todas la cosas, dicha isla estaba en plena guerra. Pero el futuro emperador la quería lejos de la capital francesas, temeroso de que sus escándalos terminaran salpicándolo y, ante la negativa de su hermana, tomo una drástica decisión: Envió a la mansión de los Leclerec una silla de mano, obligo a su hermana a sentarse en ella y, custodiada por seis granaderos, la subió al navío en que la aguardaba su esposo.

Pauline Bonaparte

Pauline Bonaparte

Paulina, que era una mujer muy practica, decidió asumir su nueva situación (aunque recordemos que no tenía muchas más opciones). Por eso, una vez en Haití, se distanció de lo que sucedía más halla de sus salones en Portau-Prince (la capital) y comenzó a organizar bailes y fiestas para la oligarquía francesa que se encontraba en aquella isla. Mientras tanto, su marido, el general Leclerc, se enfrentaba a los peligros de la batalla, y también a un enemigo mucho más bravo: La fiebre amarilla que diezmaba sus tropas. Por eso, ante el desgaste de sus combatientes y una situación que no parecía resolverse ni para unos ni para los otros, Leclerc planteó a los nativos la posibilidad de una tregua. Pero era solo una estrategia: En cuanto Toussaint Louverture se presentó en el campamento francés para sentar las bases del convenio de paz, fue desarmado, arrestado y enviado a Francia, donde sería recluido a la prisión de Joux, lugar en el que moriría poco después.

Una vez pacificada la isla, Leclerc recibió la orden de Napoleón de infiltrarse en territorio norteamericano, en el estado de Luisiana. Pero, en 1802, cuando el general estaba sumido en los preparativos para llevar a cabo la incursión, una nueva epidemia de fiebre amarilla arremetió sobre la población de la colonia francesa, que más tarde se llevaría su vida.

Lo cierto es que ante la nueva epidemia, y antes de la muerte de su esposo, el comportamiento Paulina fue ejemplar. Se olvido inmediatamente de las fiestas y sus caprichos y convirtió su mansión en un autentico hospital de campaña para poder atender los enfermos. Ella misma se puso al frente y demostró que, bajo esa capa frívola que la envolvía había algo más que valía la pena conocer.

Sin embargo, lamentablemente, ese algo no duraría mucho tiempo a la luz, se desmoronaría a principios de noviembre de aquel 1802, cuando su esposo cayó enfermo y poco después pereció debido a la epidemia. Pauline recobro entonces su temperamento teatral y ostentoso. Mando a embalsamar el cuerpo de su esposo, lo deposito en un suntuoso ataúd tallado por artesanos de la isla, se corto simbólicamente los cabellos y los coloco dentro del féretro. Luego embarco junto con el cuerpo de su marido rumbo al puerto de Tolón en enero del año siguiente. Desde allí continuo su viaje a Paris y, una vez en la capital francesa, organizo para su “pequeño Leclerc”, como solía llamarle, un funeral que las crónicas registran como uno de los mas solemnes de su tiempo. Hasta aquí por ahora, pero continuaraParte I – Parte III – Parte IV

Para Saber Más: El reino de este mundo (2007) del escritor cubano Alejo Carpentier: Novela que relata la vida de Paulina en Haití, siendo esta la única mujer de dicha novela. -

Hasta aquí por ahora, pero continuara Parte IParte IIIParte IV


Hoy comienza una nueva sección aquí en Saberhistoria y se titula: Más de Cerca. En ella conoceremos mucho más de cerca a varios personajes interesantes de la historia. Todas las semana tendremos ante nosotros un nuevo personaje visto bien de cerca. Hoy: Paulina Bonaparte

Paulina Bonaparte, por François-Joseph Kinson (1808)

Paulina Bonaparte, por François-Joseph Kinson (1808)

Mucho podría decirse para definir Paoletta Bounaparte (en italiano), o Pauline (en francés) como ella preferiría más adelante: Bella, seductora, la hermana predilecta del gran Napoleón Bonaparte, hermosa, libre, desenfadada, amante y reina de la fiesta; pero solo serian palabras que no pueden hacer nada más que darnos una definición superficial de ella. Solo convivir con ella sería suficiente y por eso les contare una pequeña anécdota de su vida para comenzar.

Antonio Canova Paulina Bonaparte (1780-1825) as Venus Triumphant

Antonio Canova Paulina Bonaparte (1780-1825) as Venus Triumphant

Reclinada en un diván y apenas recubierta con un paño liviano y fino que dejaba al descubierto su suaves y perfectamente delineadas formas, así posó durante varias horas la hermanita preferida del gran Corso en el estudio del escultor Antonio Canova, en la cuidad de Roma, halla por 1807. Varios le preguntaron luego si no se sintió violentada por permanecer durante tanto tiempo en ya mencionada posición, pero lejos de sentirse incomoda o vergonzosa por dicha situación la, por aquel entonces, joven Paulina Bonaparte simplemente se limito a contestar: “¡Por supuesto que no! El taller del signore Canova cuenta con una buena chimenea”. La escultura de Canova puede verse actualmente en la Galería Borghesse, en la ciudad romana en donde fue creada, y representa el mejor testimonio de la belleza de una mujer irreptible; sin embargo el objeto de esta anécdota no es hablarles de la escultura, sino el de mostrarles perfectamente el carácter de Paulina, pues no hay nada que pueda definirlo mejor que la anécdota que acabo de contarles.

Carlos María Bonaparte (1806), por Girodet-Trioson

Carlos María Bonaparte (1806), por Girodet-Trioson

Paulina nació en Ajjacio, Córcega, el 20 de Octubre del año 1780. Sería la undécima de los trece hijos de Carlo María Bonaparte, abogado perteneciente a la pequeña nobleza corsa, y María Letizia Ramolino, aunque solo era la segunda niña de la familia.  Cinco de los trece pequeños Bonaparte morirían durante la niñez. De entre los ocho que quedaron vivos, la predecirían José (futuro rey de España), Napoleón (futuro emperador francés y de casi toda Europa), Luciano, Elisa y Luís. Tras ella nacerían Carolina (la tercera niña de la familia) y Jerónimo. Con las prolongadas anuncias de su padre, debido a su rol de representante de Córcega en la corte de Luís XVI, fue Letizia quien se convertiría en el referente de la familia para Paulina y el resto de los niños Bonaparte. Autoritaria, decidida y energética, la futura Madame Mère, como la nombraría Napoleón ya como emperador, era una mujer totalmente adelantada a su época que educo por igual a todos sus hijos, sin importar que fueran varones o mujeres, y les inculco costumbres tan insólitas para aquellas épocas como la de bañarse a diario.

Letizia Bonaparte en vestido de corte, de Robert Lefèvre  (1813)

Letizia Bonaparte en vestido de corte, de Robert Lefèvre (1813)

Su padre carecería de la determinación de Letizia, siempre estuvo dedicado a las leyes. Dedicación detrás de la cual se escondía una vocación política y que le traería una situación de gran inestabilidad económica que llegaría a su punto culmine cuando Carlo se decidió tomar partido en la causa nacionalista de Córcega. Fiel seguidor del independentista Paoli, fue perseguido y prácticamente condenado al confinamiento político y social. Hasta que, luego de la derrota definitiva de los corsos insurgentes, el conde de Marbeuf, gobernador francés de esa isla, quiso atraer a las familias locales. Así, en 1793, La familia Bounaparte consiguió la visa para viajar a la metrópolis e instalarse en Masella. Por ese mismo entonces, los dos hermanos mayores de Paulina (José y Napoleón) habían concluido su formación en la École Royal Militaire de París.

Ya en la capital de la Provenza, la familia de Paulina, malvivió y tuvo que enfrenta graves penurias hasta que la carrera del joven Napoleón dio sus frutos. El prestigio que conseguirían alcanzar los dos hermanos Bonaparte (José y Napoleón) acarreo el rápido ascenso social de toda la familia. Los Bonaparte pasaron de ser unos humildes emigrados a alternar con las mejores familias de la sociedad de Marsella y a residir en una gran y elegante mansión palaciega. Tal era el cambio que la mismisima matriarca, Letizia Ramolino, olvidando sus orígenes humildes, se permitía mostrar desagrado por los noviazgos de sus dos hijos mayores, José y Napoleón, con las, también hermanas, Julia y Desirée Clary, por el solo hecho de que estas fueran hijas de un comerciante de la ciudad, con el que, se rumoreaba, ella había tenido una relación intima para que el la salvara de ciertos apuros económicos. Finalmente Julia acabaría siendo reina de Nápoles y España, tras casarse con José; mientras que Desirée terminaría ostentando la corona sueca tras casarse con uno de los mariscales de Napoleón (el general Bernadote) y sus descendientes ocuparían el trono hasta la actualidad.

General Jean Andoche Junot

General Jean Andoche Junot

Pero volvamos al punto central de esta historia, la niña Bonaparte. Por ese entonces la joven Paoletta (que aún no había cambiado su nombre a Pauline o Paulette) solo tenía trece años, pero ya causaba estragos entre los compañeros de armas de sus hermanos. Al parecer, su primera “victima” amorosa fue el futuro general Junot, por entonces ayudante de campo del joven general Napoleón Bonaparte. Sin embargo la relación entre ambos no prosperaría, y la muchacha pondría sus ojos en otro de los compañeros políticos de su hermano: Louis-Marie-Stanislas Fréron, un veterano revolucionario varios años mayor que ella que arrastraba consigo justa fama de pertinaz donjuán.

Louis-Marie Stanislas Fréron

Louis-Marie Stanislas Fréron

La negativa de su hermano Napoleón y su madre Letizia ante la relación y la eventual posibilidad de un casamiento fue rotunda: Paulina no podía casarse con un hombre que, además de escasas posesiones personales, iba precedido por un pasado sangriento como miembro activo del régimen del Terror.

Pauline, o Paulette, según la ocasión (puesto que ya había afrancesado su nombre), hubo de resignarse, pero ello no fue obstáculo para que diera el primer gran golpe de afecto en su vida. Así, le escribió a su hermano (quien en esos momentos se encontraba en plana y victoriosa campaña en Italia) en los siguientes términos:

“Nadie en el mundo podrá impedir que consagre mi corazón a Fréron, que reciba sus cartas y que las conteste, que le repita que no amare a nadie más que a él. Adiós, esto es todo cuanto tengo que deciros. Sed feliz y, en medio de tantas y tan grandes victorias, recordad la vida llena de amargura y las lagrimas que vierte a diario: Pauline Bonaparte.”

Hasta aquí por ahora, pero continuaraParte IIParte IIIParte IV

Saberhistoria - Como No Invadir Un País

Ya he hablado en este blog sobre desastres de guerra, tales como la batalla de Karánsebes, los de la flota rusa o los de Ambrose E Burnside, y hoy he decidido volver sobre el tema. La historia que les contare se centra en el año 1779.

Por aquellos años, Gran Bretaña estaba volcada a la Guerra de Independencia Americana (es decir de EEUU). Fue entonces que al general francés Barthélemy Schere le pareció la oportunidad perfecta para atacar e invadir a dicho país. Para tal fin elaboró un plan tan descabellado, que no es de extrañar que nunca fuera llevado a cabo.

General Scherer

General Scherer

El plan de Schere suponía transportar a Irlanda a 10.000 soldados americanos, entre ellos 500 indígenas que “aterrorizarían a los británicas”. En caso de que los norteamericanos no consiguieran reclutar a tantos indios, proponía como alternativa que los bostonianos  “se disfrazarán y pintaran como salvajes”. El plan nunca pudo llevarse a cabo, puesto que cruzar el Atlántico con los 10.000 soldados, junto con sus caballos y la artillería necesaria para dicha proeza era algo muy complicado para aquella época, e incluso era posible que nunca llegaran a destino.

Sin embargo me parece importante destacar la inteligencia y capacidad estratégica de Schere, pues era un plan muy avanzado para la época. Una lastima que no pudiera llevarse a cabo, pues entonces quizás otra hubiera sido la historia de ambas naciones.

Imagen del documento original del plan subastado en la casa Bonhams de Londres

Imagen del documento original del plan subastado en la casa Bonhams de Londres

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Bienvenidos a la historia

Hola, yo soy Uriel, el encargado de este blog, que busca expresar la historia de otro modo. Espero que encuentren lo que buscan y disfuten de la informacion que les puedo brindar. Muchas gracias por haber entrado y mucha suerte.

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