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Ya hemos hablado en este blog largo y tendido sobre las excentricidades que pueden presentar algunos reyes, así como también de sentencias de muerte que fueron revocadas (aquí y aquí).
En esta ocasión volveremos sobre ambos temas, ya que hablaremos de una rara sentencia de muerte, proclamada en esta ocasión por Ciro II de Persia. ¿De que estamos hablando? Pues nada más ni nada menos que la sentencia a un rio. Si, leyeron bien. Ciro II sentencio a muerte a un rio… Y no solo eso, sino que hizo cumplir fervientemente la sentencia!!! ¿Cómo se puede asesinar a un rio? Pues eso tratare de contarles en la entrada de hoy.
Para aquellos que no lo conozca, Ciro II fue, sin dudas, uno de los reyes más importante de los que hallan reinado en el Imperio Persa. Fundador del Imperio persa aqueménida reinaría aproximadamente del 559 al 530 a. C. tiempo durante el que se gano su apodo de El Grande. Durante sus años como rey persa, sus conquistas se extendieron desde el Mar Mediterráneo hasta el Hindu Kush (macizo montañoso de Asia, situado a caballo entre Afganistán y el noroeste de Pakistán, cerca de la India), creando uno de los mayores Imperios conocido hasta el momento. Entre sus logros podemos destacar también la realización de la considerada por muchos como la 1ª Declaración de los Derechos Humanos. Como se ve, y siempre me gusta decir, un simple acto no refleja el ser de los individuos, pero este si que fue muy curioso. Es el mismo Herodoto de Halicarnaso quien nos contara este divertido suceso en el primero de sus nueve libros de Historia.
Corría el año 540 a.C, o alguno cercano a él. Ciro II, el Grande, se encontraba por aquel entonces arrasando todos los territorios del este europeo y el cercano Oriente con sus potente ejercito. Acercándose a la ciudad de Babilonia se encuentra con un pequeño rio en su camino, el rio Gyndes (posiblemente el actual río Diyala que fluye entre Irán e Irak y desemboca en el río Tigris). Se traba de un rio bravo, lleno de saltos y remolinos, sin dudas no les haría fácil la tarea de cruzarlo.
La forma más fácil y segura sería preparar un buen número de barcas que les permitiese atravesarlo. Así lo dispuso Ciro y en ello trabajaron sus soldados. Pero antes de que los preparativos concluyesen, uno de sus más adorados y sagrados corceles se lanzo brioso al agua, probablemente seguro de que podría cruzarlo nadando hacia la otra orilla. Sin embargo el rio embravecido fue más que el pobre corcel, la corriente lo arrastró y murió ahogado perdiéndose entre los remolinos.
Sin dudas el rey se sintió desafiado y ofendido por el accionar del rio, tanto que decidió llevar adelante una medida ejemplificadora, nadie, ni siquiera un rio, podía enfrentarse, y es por eso que el rio debía morir.
En propias palabras de Hesíodo.
“Irritado Ciro contra la insolencia del río, le amenazó con dejarle tan pobre y desvalido, que hasta las mujeres pudiesen atravesarlo, sin que les llegase el agua a las rodillas.”
Y así se dispuso a cumplirlo. Poco le importo su campaña militar en proceso. Decidido a darle una lección a aquel rio, dividió sus tropas en dos grupos, coloco una a cada lado del rio y les ordenó a sus hombres marcar con cordeles 180 acequias a cada lado del río y cavar en ambas márgenes.
Tres meses le llevo la elaborada condena, y al cabo de aquel tiempo, las 180 acequias se habían convertido en 360 canales que desangraron al rio. Para completar su castigo, el mismo Ciro atravesó el ya casi seco paramo exponiendo que nada ni nadie podía desafiar su voluntad.
A pesar de ello, la naturaleza demostraría es ella quien manda, restableciendo con el tiempo el rio a su curso natural.
Fuentes: Wkipedia Articulo sobre Ciro II
Más Info: Los Nueve Libros de la Historia de Hesiodo en este link
Ya llegamos a la última parte de esta biografía Más de Cerca al Gran Conquistador, llegamos al final de la vida de Alejandro. En la entrada de hoy (la última de la historia) contaremos la muerte del Magno, su sucesión en el trono y el Legado y División de su Reino.
Fue un 13 de junio en el año 323 a. C. en el palacio de Nabucodonosor II de Babilonia. Le faltaba poco más de un mes para cumplir los 33 años, pero no llego a aquella fecha. Muchas y variadas son las teorías sobre la causa de su muerte, que incluyen envenenamiento por parte de los hijos de Antípatro (Casandro y Yolas, siendo éste último copero de Alejandro) u otros, una enfermedad (se sugiere que pudo ser la fiebre del Nilo), o una recaída de la malaria que contrajo en el 336 a. C.
Pero la muerte no fue repentina: Se sabe que el 2 de junio Alejandro participó en un banquete organizado por su amigo Medio de Larisa. Tras beber copiosamente, inmediatamente antes o después de su baño, le metieron en la cama por encontrarse gravemente enfermo. Los rumores de su enfermedad circulaban entre las tropas, que se pusieron cada vez más nerviosas. El 12 de junio, los generales decidieron dejar pasar a los soldados para que vieran a su rey vivo por última vez, de uno en uno. Ya que el rey estaba demasiado enfermo como para hablar, les hacía gestos de reconocimiento con la mirada y las manos. El día después, Alejandro ya estaba muerto.
Si bien ninguna de las teorías esta completamente descartada, tampoco ninguna de ellas esta completamente certificada. Lo cierto es que cada una de las causa tienes sus afirmaciones y sus contras.
La historia del envenenamiento procede de una historia que sostenían en la antigüedad Justino y Curcio. Según ellos, Casandro (hijo de Antípatro, regente de Grecia) transportó el veneno a Babilonia con una mula, y el copero real de Alejandro, Yolas (hermano de Casandro y amante de Medio de Larisa) se lo administró. Las sustancias mortales que podrían haber matado a Alejandro en una o más dosis incluyen el heléboro y la estricnina. Sin embargo, y a pesar del hecho de que muchos eran los que tenían razones de peso para deshacerse de Alejandro, Robin Lane Fox opina que el argumento más fuerte contra la teoría del envenenamiento es el hecho de que pasaron doce días entre el comienzo de la enfermedad y su muerte y en el mundo antiguo no había, con casi toda probabilidad, venenos que tuvieran efectos de tan larga duración.
De todas maneras, esta es sin duda la teoría que más peso tiene hoy en día entre todos los historiadores de la actualidad. No obstante, en la cultura guerrera de Macedonia era más digno morir por la espada antes que por tóxico, y muchos historiadores antiguos, como Plutarco y Arriano, mantuvieron que Alejandro no fue envenenado sino que murió por causas naturales, como la malaria o la fiebre tifoidea, dos enfermedades comunes en Babilonia.
Recientemente, otros han propuesto que Alejandro pudo haber muerto víctima de un mal tratamiento de sus síntomas. Se le pudo haber administrado heléboro, que en aquella época se usaba mucho en medicina pero que era letal en dosis altas, de forma irresponsable para acelerar la recuperación del impaciente rey, con resultados catastróficos. Estas hipótesis que toman la enfermedad y no el envenenamiento citan menudo que la salud de Alejandro había caído a niveles bajísimos tras años de beber copiosamente y también a consecuencia de sus muchas y graves heridas (especialmente la del pulmón, en la India, que casi le quita la vida), y que por tanto era cuestión de tiempo que una enfermedad u otra le matara definitivamente.
Sin embargo, como ya dijimos, ninguna hipótesis puede considerarse como irrefutable, ya que la muerte de Alejandro se ha reinterpretado varias veces a lo largo de la historia. Lo que sí tenemos como cierto es que Alejandro murió tras sufrir fiebres altas el 13 de junio del 323 a. C.
Con su muerte el imperio que se había esmerado en formar quedo sin líder y el poder el dividió entre sus generales. Cuentan las leyendas que, con Alejandro agonizante, sus generales se acercaron a su lecho y preguntaron a quién de todos ellos legaría su reino. Ya que Alejandro no tenía ningún heredero legítimo y obvio (su hijo Alejandro IV nacería tras su muerte, y su otro hijo era de una concubina, no de una esposa), era una cuestión de vital importancia. Y aquí llega el gran dilema, pues la respuesta de Alejandro es algo que se debate intensamente incluso hoy en día: algunos creen que dijo Krat’eroi (‘al más fuerte’) y otros que dijo Krater’oi (‘a Crátero’, uno de sus soldados). Esto es posible porque la pronunciación griega de ‘el más fuerte’ y ‘Crátero’ difieren sólo por la posición de la sílaba acentuada.
La mayoría de los historiadores creen que si Alejandro hubiera tenido la intención de elegir a uno de sus generales obviamente hubiera elegido a Crátero porque era el comandante de la parte más grande del ejército (la infantería), porque había demostrado ser un excelente estratega, y porque tenía las cualidades del macedonio ideal. Pero lo cierto es que aquel día Crátero no estaba presente en la sala, y los otros pudieron haber elegido oír Krat’eroi, ‘el más fuerte’ en vez de su nombre. Fuera cual fuese su respuesta, Crátero no parecía ansiar el cargo y entonces, el imperio se dividió entre sus sucesores (los diádocos).
Nunca se sabrá que fue lo que realmente dijo Alejandro aquel día. Lo cierto es que el territorio conquistado si fue repartido entre sus generales, dividiendo el imperio y dando paso al período del helenismo, donde se creó un acercamiento entre oriente y occidente. Así llegó el fin del hombre que en cierto momento fue el más poderoso del mundo, ejemplo claro de la llama que más intenso brilla pero que más rápido se apaga, refiriéndose esto a su breve pero intensa existencia.
Fuente: La Revista publispain
Wikipedia: Artículo de Alejandro Magno
Enlaces Interesantes:
- Quinto Curcio Rufo: Historia de Alejandro Magno. Libros III a IX, en interclassica.um.es
- «All about Alexander the Great» (en inglés). Consultado el 16/01/2009.
- Alejandro Magno
- Arqueólogos desvelan la posible tumba de un hijo asesinado de Alejandro Magno Noticia del 5 de abril de 2009
Durante su gobierno, Alejandro sufrió varias conspiraciones. Para empezar, en el año 330 a. C. Filotas, hijo de Parmenión, fue acusado de conspirar contra Alejandro y asesinado junto con su padre (por miedo a que éste se rebelara al enterarse de la noticia). Alejandro, después de haberlos ejecutado se vio forzado a mandar asesinar al fiel, valiente y anciano general Parmenión. Se dice que fue un hecho lamentable que causó una seria depresión en el rey Macedonio. Asimismo, el primo de Alejandro, Amintas, fue ejecutado por intentar pactar con los persas para ser el nuevo rey (de hecho, era el legítimo sucesor). Tiempo después hubo una nueva conjura contra Alejandro, ideada por sus pajes, la cual tampoco logró su objetivo. Los pajes eran unos jóvenes que habían sido mandados por la nobleza para que fueran educados en grupo aprendiendo la manera de gobernar, luchar y comportarse. Uno de los Pajes, muy probablemente influenciado por Calístenes (El historiador de la aventura de Alejandro), trató de asesinar a Alejandro Magno. De esta manera, también Calístenes resultó involucrado y temiendo ser ejecutado, se suicidó.
La distancia entre Alejandro y sus tropas griegas, se hacía cada vez más grande, ahora debido a su política de alianzas con la nobleza iraniana, donde varios e sus capitanes fueron casados con nobles persas, así como su ejército cada vez tenía más elementos persas. Así mismo el propio Alejandro Magno terminaría casándose con una princesa iraniana llamada Roxana, que en un futuro le daría un hijo llamado Alejandro.
Otro de los momentos oscuros dentro de la vida de Alejandro Magno es cuando accidentalmente y en un arranque de ira agraviado por la embriaguez, mató a su compañero de armas y viejo amigo Clito “El negro”. Clito era un general que se había formado en batalla junto a Filipo, padre de Alejandro. Se encontraban reunidos disfrutando de un festín. Clito había sido nombrado Sátrapa de Bactriana y en algún punto de la conversación Alejandro adoptando la costumbre persa de la proskynesis, pretendió ser adorado como un dios, a lo que Clito le objetó en abierto desacuerdo cansado de tantas lisonjas y de oír cómo Alejandro se proclamaba mejor que su padre Filipo, le reclamo sus tendencias megalomaniacas y que se olvidaba de que si había llegado ahí, no había sido solo, sino con ayuda de sus generales y soldados; completamente indignado agrego: «Toda la gloria que posees es gracias a tu padre»; e, incorporándose, volvió a gritarle: «Sin mí, hubieras perecido en el Gránico.» (en dicha batalla Alejandro estuvo a punto de morir, saliendo vivo sólo por la intervención de Clito que de un espadazo mató al persa que quería asesinarle)
Alejandro, que estaba ebrio, buscó su espada, pero uno de los guardias la ocultó. Clito fue sacado del lugar por varios amigos, pero regresó por otra puerta, y mirando fijamente al conquistador, repitió un verso de Eurípides: «Qué perversa costumbre han introducido los griegos.» En aquel momento Alejandro arrebató una lanza a uno de los guardias y se la arrojo creyendo que fallaría y dando un ejemplo para el futuro, sin embargo, la lanza mató a Clito, que se desplomó en medio del estupor de los presentes. Arrepentido del crimen se lanzo al cuerpo de su amigo llorando de tristeza por el crimen que había cometido, luego pasó tres días encerrado en su tienda y algunos afirman que hasta trató de suicidarse a consecuencia de la muerte de su amigo.
Dejando todo esto atrás, Alejandro continúo con su idea de Conquista. Una vez cubierto la totalidad del territorio Persa, Alejandro Magno posó su mirada en la India. Para esta campaña reforzó su ejército con más tropas Persas, irritando cada vez más a sus tropas, que no comprendían la universalidad y magnitud del sueño de Alejandro.
Al llegar a la India, Alejandro Magno se alió con algunos reyes indios, que, hay que resaltar, no eran de fiar, y más tarde resultarían ser un terrible dolor de cabeza al rebelarse. La campaña en la india no fue menos duras que las demás. Sin embargo el experimentado ejército macedonio se las arregló para vencer siempre, aún en inferioridad numérica o luchando contra elefantes. La resistencia más fuerte la encontró a manos del rey Poro, un corpulento rey Indio que dirigía un elefante en batalla y sembraba la muerte lanzando lanzas desde su elefante, al cuál se enfrentó en la batalla del Hidaspes, en el año 326 ac.
Sin embargo, Alejandro Magno se hizo con la victoria, y quiso continuar la conquista, dirigiéndose hacia el Ganges, pero sus tropas estaban tan agotadas por 8 años de guerra continua, que no querían seguir avanzando. Al final, sólo sus valerosas propias tropas pudieron derrotar al propio Alejandro Magno.
Ante la situación de su ejército, Alejandro Magno decidió dar marcha atrás. Así, él y su ejército siguieron el curso del Hífasis y llegaron a la ciudad de Petala, donde combatieron con más fuerzas indias a lo que se sumó la rebelión de los reyes indios sometidos anteriormente. Después de derrotar a las fuerzas indígenas, Alejandro Magno organizó el regreso a la patria, dividiendo sus fuerzas persas-macedonias-grecas (tan variado era ya, aquel ejército que había partido desde Macedonia) en 3 cuerpos, dirigidos por Crátero, Alejandro y el asignado a la flota que conducía Nearcon (quien costearía hasta el golfo pérsico).
Ya con los persas en parte fuera de su camino, Alejandro se decidió por terminar de conquistar Asia Menor antes de introducirse completamente en el centro del Imperio Aqueménida. Comenzó así por invadir Fenicia, en donde obtuvo victorias fáciles, a excepción de la conquistad de la isla de Tiro. En dicha isla, Alejandro debió mantener un largo asedio conocido como el Sitio de Tiro, pero finalmente la ciudad fenicia también cayo rendida a sus pies. Conquistada Palestina, Alejandro pensó que podía seguir conquistando a su antojo y se dirigió entonces a Egipto. Este antiguo Imperio (para aquel entonces ya en completa decadencia) fue particularmente fácil de conquistar debido a la pobre resistencia de las guarniciones persas y la brillante actitud de Alejandro. El Magno demostró de nuevo su inteligencia y supo identificar lo que importante para los habitantes de este país: la religión.
Por otro lado de esta manera Egipto se libraba de la dominación Persa y recibía a Alejandro Magno como un salvador. Manteniendo respeto hacia la religión y espiritualidad de los egipcios, Alejandro se hace nombrar faraón, y en una visita al oráculo de Siwa, es proclamado hijo de Zeus Amón y funda la gran ciudad de Alejandría, que sería cuna de la cultura durante siglos y que sobrevive aun en nuestros días. Habría otras Alejandrías a lo largo del territorio conquistado por el macedonio, sin embargo, la más famosa de todas ellas es la de Egipto.
A partir de este momento, Alejandro se sumerge en el mito que nunca, ahora era hijo de un dios (que no es poca cosa), y este hecho es uno de los tantos que envolverán en el mito la historia de este personaje.
Después de asegurar la retaguardia en Egipto y Tiro, Alejandro Magno marcha, ahora si, contra el corazón del Imperio Persa. Ante la inminente amenaza, el rey Darío se apresuro a oponer resistencia. Después de rechazar una oferta hecha por el persa de 10,000 talentos de oro y los territorios al Oeste del Eufrates, a cambio de su familia, Alejandro Magno se dispuso a presentar batalla al numeroso ejército de Darío, teniendo que combatir nuevamente en inferioridad numérica. Esta vez se encontraran en la batalla de Gaugamela, a las orillas del Rio Tigris.
Esta vez Darío fue más rápido que el joven macedonio y consiguió sorprender a Alejandro por su espalda, pero el Magno no se quedo atrás y logró presentarle batalla en un territorio relativamente estrecho, en el que las fuerzas de Darío no pudieron hacer valer su superioridad numérica. La batalla fue aguerrida pero Alejandro volvió a triunfar gracias a su genio táctico y estratégico, haciendo que Darío tuviera que huir nuevamente, permitiéndole atacar el centro de su formación, provocando una desbandada generalizada. Así Alejandro con su ejército logro entrar a Babilonia quedando a las puertas del propio territorio persa. Una vez en la gran ciudad de merio oriente fue recibido calurosamente como héroe y libertador con la mayor de las glorias, en una entrada triunfal seguido de su ejército.
En el año 331 a.c., el ejército panehelénico invadió Persia entrando fácilmente a Susa capital elegida por el Gran Rey Darío I. A la vez que el vencido monarca persa Darío III huía hacia el interior de territorio persa en busca de fuerzas leales para enfrentar nuevamente a Alejandro.
Alejandro procedió cuidadosamente ocupando las ciudades, apoderándose de los caudales persas y asegurándose las líneas de abastecimiento. Desde Susa pasó a Persépolis, capital ceremonial del Imperio Aqueménida, donde sucedió una terrible destrucción: La ciudad entera fue incendiada como un medio para dar a conocer que Alejandro Magno era ahora el nuevo dueño de Asia. Con el tesoro real en sus manos, Alejandro Magno pudo contratar nuevos mercenarios y dirigirse, en persecución del derrotado monarca persa, al que sería su siguiente objetivo: la ciudad de Ecbatana.

Mapa en castellano que muestra la máxima extensión del imperio de Alejandro, la ruta seguida por este a lo largo de sus conquistas, y en esta algunas de las ciudades fundadas por el, las Alejandrías. (clikea para agrandar)
En este momento, la conquista de la parte oriental del imperio persa, se vuelve cada vez más difícil debido a la dureza del clima y al nuevo tipo de combate que enfrentan, la guerrilla. Todos estos problemas aunados a lo largo de la campaña hacen que los soldados comiencen a desmoralizarse, dando lugar a una serie de conjuras contra la vida del joven rey macedonio.
No mucho después, El Gran Rey Persa sería traicionado por sus nobles y asesinado. Alejandro mostraría nuevamente su grandeza y habría de honrar a su otrora rival y enemigo, persiguiendo a sus asesinos.
Los extranjeros que vivían en Persia se sintieron identificados con Alejandro y se comprometieron con él para venerarle como nuevo gobernante. En su idea de conquista también estaba la de querer globalizar su imperio mezclando distintas razas y culturas. Los sátrapas en su mayoría fueron dejados en su puesto, aunque supervisados por un oficial macedonio que controlaba el ejército.
Pero hasta aquí por ahora, mañana la siguiente parte… Parte I - Parte II – Parte III
Habiendo terminado con la rebelión de Grecia y haciéndose nombrar Hegemón, Alejandro está listo para dirigirse a los territorios de la Tracia y el norte del mar Egeo, que eran posiciones previamente elegidas por Filipo y excelentes para proyectar la invasión. Los motivos de la conquista se debían a pasadas derrotas griegas, quienes habían tenido que ceder algunas ciudades a los persas, décadas atrás. La campaña de conquista de Persia de Alejandro Magno contaba con un fuerte Panhelenismo (Orgullo por la nación griega). Así mismo, la conquista de Persia resolvería el problema de población que enfrentaban los griegos.
Hay que considerar que la empresa no era nada sencilla teniendo en cuenta que el ejército de Alejandro Magno era muy inferior en número al ejército de Darío III, rey de Persia, además de los limitados recursos del macedonio y los ilimitados del Persa. Mientras tanto en Macedonia, Antípatro queda como regente, hecho que provoca una constante tensión con la siempre intrigante y ambiciosa reina Olimpia, pero eso no es lo que nos importa en este momento.
Decido llevar a cabo el plan de su padre y liberar a los más de 10.000 griegos, Alejandro invadió Asia Menor, al principio se esperaba que las ciudades griegas que se encontraban en manos de los Persas (como Mileto o Halicarnaso) cooperaran con su liberación, pero debido al beneficio económico que habían experimentado con los persas, se negaron a entregarse pacíficamente, presentando una fuerte oposición, pero fueron vencidos en la batalla del Gránico, a orillas del riachuelo de mismo nombre. Las tropas ex-griegas hicieron frente a Alejandro con un ejército de 40.000 hombres comandado por el astuto Memnón de Rodas y compuesto en su mayor parte por griegos mercenarios. Durante el combate, Alejandro estuvo muy cerca de la muerte, ya que en cierto momento un persa trató de asesinarlo por la espalda sin que Alejandro se enterase; el persa estuvo a punto de lograr su cometido, pero Clito, fiel amigo de Alejandro, le salvó la vida gracias a que de un sablazo derribó al agresor.
Tras recuperar las colonias que el Imperio Persa le había arrebatado, Alejandro se decidió por conquistar todo el imperio, así que siguió avanzando hasta llegar a Gordión (antigua capital de Frigia) donde decidió invernar. Sería en aquella ciudad donde, sin estar completamente premeditado, Alejandro engrandecería su ya magna figura ¿Cómo? Pues cortando el famoso “Nudo Gordiano”. En aquella ciudad se encontraba el carro de Midas, al cual estaba atada una lanza; contaban las leyendas de la época que quien desatara la lanza sería el dueño y señor de Asia. Alejandro Magno estaba confiado en podía hacerlo y lo intentó. No se sabe con total certeza como lo hizo aunque si todos sabemos que aquel nudo también declinó anta la figura de Alejandro. Se dice, sin embargo, que le resultó muy difícil al ya entonces Magno, a tal grado de que después de un breve período de intentarlo, a causa de un “brillo divino” del sol en su espada, termino por cortarlo con la misma, levantando, obviamente, aún más la moral de sus soldados y capitanes.
Tiempo después del corte del famoso nudo, Alejandro se enfrento cara a cara con el Gran Imperio Aqueménida, en la Batalla de Issos. Al llegar el momento de la batalla, Alejandro se encontraba en una gran inferioridad numérica (una proporción de 5 a 1 aproximadamente). El ejército Persa era comandado por Darío III en persona. ¡Qué emoción debieron haber sentido los contendientes de ambos ejércitos! A un lado se encontraba el rey Macedonio Alejandro Magno (sobra decir que combatía en su estilo, audaz, valiente y en primera línea), arengando a el ejército griego, que rugía furioso listo a confrontar al antiguo enemigo, mientras que en el otro, el Rey Darío III, miraba fijamente al ejército invasor y al joven y arriesgado príncipe que se atrevía a desafiar sus fuerzas. Ya se preveía una estupenda batalla.

Representación de Darío III (zona central) luchando contra Alejandro Magno (a la izquierda) en la batalla de Issos.
En una estrategia que se jugaba el todo por el todo, Alejandro Magno, utilizó una maniobra envolvente para conducir la furiosa carga de “la Punta” justo frente a Darío, confrontándolo directamente y gritándole que se le enfrentara, tratando de abrirse paso entre los pobres desdichados que se le interponían. Fue tal la violencia del potente ataque, que el rey Darío se espantó de la ferocidad de su contrincante y huyó de la batalla en su carro de guerra, temiendo por su vida, sembrando la total confusión en su numeroso ejército, que, ya sin su líder, intento una desorganizada retirada, haciendo más fácil la tarea de las disciplinadas tropas macedonias.
De esta manera, al huir Darío, Alejandro Magno obtuvo la victoria y se adueñó de su campamento, donde se encontraban su madre Sisigambis, su esposa Estatira, sus hijas Estatira y Dripetis y un varón llamado Oco, quienes fueron tratados con respeto y atención especial de parte del generoso rey macedonio, y que les manifestó que no tenía ninguna cuestión personal contra el Gran Persa, sino que luchaba contra él simplemente para conquistar Asia.
Pero hasta aquí por ahora, mañana la siguiente parte… Parte I – Parte II
Hoy reinauguramos una sección que, por cierto motivos, no tuvo gran continuidad cuando la inaugure. Esta sección se llama Más de Cerca y, como dijimos aquella vez, se trata de ver a los grandes personajes de nuestra historia un poco más detalladamente. No siempre serán aquellos que se destacaron por sus grandes hazañas o por sus grandes fracasos, sino algunos tapados que deberíamos conocer mejor.
En aquella, por ejemplo, oportunidad habíamos hablado de Paulina Bonaparte, la más sensual de la familia de Napoleón. Sin embargo, hoy, debido a que en el día de hoy se conmemora la fecha de su muerte, la figura a retratar será:
Alejandro Magno, el primer y único Gran Conquistador.
Todos seguramente sabrán quienes Alejandro, al igual que seguramente habrán oído sus grandes hazañas, tales como su gran talento como líder militar, la doma de Bucéfalo, sus estudios con Aristóteles durante su infancia o la conquista de, al menos, la mitad del viejo mundo. Sin embargo no es de todo eso de lo que hablaremos aquí, sino que nos centraremos más en él hombre detrás de la historia.
Alejandro nació en la antigua ciudad de Pela (hoy, Grecia) en el año 356 a.C. Era hijo de Filipo II, rey de Macedonia (dinastía de los Argéadas), y de Olimpia, princesa de la Casa Real de Epiro, dos ciudades relativas pequeñas al lado de la grandeza cosechada por las ciudades-estado que formaban Grecia por aquel entonces. Cuentan que mismo día de su nacimiento, llegaron a la capital las noticias de tres triunfos macedonios de cierta importancia: El de el General Parmenión frente a los Ilirios, la victoria del sitio a una ciudad portuaria realizado por su padre, y la victoria del carro del rey en competición. Los tres fueron considerados como increíbles y muy buenos augurios en aquel tiempo en el que la supuesta voluntad de los dioses era considerada importante y cuya manifestación podían ser tranquilamente aquellos sucesos. Sin embargo no esta comprobado con certeza ninguno de los tres acontecimientos, y, quizás, fueran solo invenciones posteriores creadas bajo la aureola de este personaje con el motivo de aumentar su grandeza.
Físicamente era de hermosa presencia, tenia el cutis blanco, cabello ondulado de color castaño claro y ojos heterocromos (el izquierdo de color marrón y el de color gris) aunque se desconoce si eran así de nacimiento o consecuencia de un traumatismo craneal. Tenía, además, el hábito de inclinar ligeramente la cabeza sobre su hombro derecho y, desde pequeño, demostró las características más destacadas de su personalidad: activo, enérgico, sensible y ambicioso.
Su educación fue inicialmente dirigida por Leónidas, un austero y estricto maestro macedonio, además de pariente de su madre, que solía educar a los hijos de la más alta nobleza. Este lo iniciaría principalmente en la ejercitación corporal, pero sin descuidar totalmente el resto de su educación. También recibió educación de Lisímaco, un profesor de letras bastante amable, que supo ganarse el cariño del futuro Magno, llegando a llamarlo Aquiles.
A sus 13 años cambio de maestro, y tuvo como tutor al gran Aristóteles, quien lo educaría en un retiro de la cuidad macedonia de Mieza. Aristóteles se encargaría desde entonces de enseñarle al pequeño Alejandro lecciones sobre política, elocuencia, geografía, medicina, poesía, zoología y botánica. Además, sería Aristóteles quien siempre le recordara a Alejandro la moderación, el autocontrol y la generosidad, cualidades clave que lo llevarían a alcanzar la gloria como rey. Pero esa no fue la única educación que tuvo Alejandro de pequeño, ya que, por otro lado, tuvo a Lánice, su institutriz, quien le inculcó el gusto por la lectura solía; desde entonces, Alejandro acostumbraría leer mucho y llego a saber de memoria los poemas homéricos. También leyó con gran avidez a Heródoto y a Píndaro, y todas las noches recordaba colocar la Ilíada debajo de su cama.
Ya desde muy chico, su padre lo incluyo en la política del reino. A sus 16 años, su padre lo nombro regente, a pesar de su juventud. En el 338 a.C. tan solo con 18 años, Alejandro participo en su primera batalla como líder, dirigiendo a la caballería macedónica en la batalla de Queronea, siendo nombrado luego como gobernador de Tracia, poblado en el que se vio obligado a repeler una insurrección armada. Se afirma que Aristóteles le aconsejó esperar para participar en batallas, pero Alejandro le respondió: «Si espero perderé la audacia de la juventud.»
Muchas e innumerables son las anécdotas de su niñez, siendo la más conocida aquella que narra Plutarco, sobre la doma de Bucéfalo. Cuenta Plutarco que Filipo II había comprado un gran caballo al que nadie conseguía montar ni domar. Alejandro, aun siendo un niño, se dio cuenta de que el caballo se asustaba de su propia sombra y lo montó dirigiendo su vista hacia arriba, hacia el Sol, sorprendiendo a todos los presentes. Se dice que tras domar a Bucéfalo, el caballo que lo acompañaría en todas sus campañas, su padre le dijo: «Macedonia es demasiado pequeña para ti.»
Pero hasta aquí por ahora, mañana la siguiente parte…
Salvado por Espartano
El general espartano del siglo V, Agesilao, no dudo, ante la noticia del avance persa sobre Atenas, en infiltrarse en las tropas de Jerjes II con la idea de asesinarlo y así evitar la caída de Grecia en sus manos. Agesilao, logro infiltrarse y confundirse perfectamente entre los enemigos y llevo a cabo su plan a la perfección, sin embargo se equivoco de victima (acabo con la vida del general Mardonio en lugar de asesinar a Jerjes II). Los persas lo tomaron preso y los condenaron a morir en un altar expuesto al fuego, es decir que pensaban cremarlo vivo.
Antes del momento de ejecutar la pena, Jerjes II, que después de todo no era tan despiado, le concedió al espartano, como todo buen villano de novela, unas últimas palabras, seguramente con la intención que este se retractara de sus actos. Sin una pizca de arrepentimiento por sus acciones, Agesilao miro al emperador persa y le dijo: “Cualquier espartano hubiese actuado igual que yo con tal de salvar a su pueblo de vuestros ejército. Ante estas palabras, Jerjes II, admirado por el valor y sacrificio del espartano, le perdona la vida.
[Fuente: Revista Historia y Vida N° 497 (Agosto de 2009)]
¿Pirata o Conquistador?
Cuentan la historia que en cierta ocasión, el gran conquistador del mundo helénico, Alejandro Magno, capturo a un pirata en sus costas y lo acusó de ser una persona indigna. Sin una pisca de miedo por encontrarse ante el emperador macedonio, el detenido le contesto con total libertad y certeza: “Es verdad, soy pirata, pero solo porque tengo un solo barco. Si tuviera una flota entera, sería un conquistador”. A Alejandro le convenció la aguda respuesta del preso, tanto que, según se afirma, lo dejó en libertad para que siguiera con sus actividades.
[Fuente: Revista Muy Historia N° 16: Curiosidades de la Historia]
El conquistador que no fue
Jerjes I pede ser considerado como el villano de esta historia, aquel que viene de lejos a conquistar las tierras griegas con un numeroso ejército, cuyo plan es casi frustrado a pesar de su superioridad. Sin embargo Jerjes I fue mucho más que eso, y esta es su historia.
Jerjes I (en persa خشایارشاه) nacido en circa en el año 519 a.C. fue rey de la dinastía aqueménida de Persia entre los años 486 y 465 a. C. Era hijo de Darío I y de Atosa (a su vez hija de Ciro II el Grande). Su nombre es una transliteración al griego (Ξερξης, “Xerxēs”) de su nombre persa tras su ascensión al trono, Jshāyār shāh, el cual significa “gobernador de héroes”. Además es mencionado en la Biblia como אחשורש (Axashverosh o Ahasuerus transliterado al griego).

Relieve de Jerjes I
Jerjes fue designado como sucesor de Darío I por delante de todos sus hermanastros, mayores que él, y que habían nacido antes de que Darío ascendiera al trono. Tras ser coronado en octubre de 485 a. C., Jerjes se enfrentó victoriosamente a una rebelión en el Egipto sometido, dejando a su hermano Aquemenes, dirigente de esta provincia, como sátrapa, sobre la cual ejerció un control muy represivo.
Los predecesores de Jerjes, especialmente su padre, no fueron muy afortunados en sus intentos de conciliar las antiguas civilizaciones sometidas con el gobierno persa. Esta fue probablemente la razón por la cual Jerjes decidiera desautorizar definitivamente el reino de Babilonia en 484 a. C. y llevarse la estatua dorada de Bel (Marduk o Merodach, cuyas manos debía agarrar el legítimo rey de Babilonia el primer día de cada año), matando a los sacerdotes que trataron de impedírselo. Motivo por el cual Jerjes no aparece usando el título de Rey de Babilonia en los textos de dicha provincia que datan de su reinado, pero sí el de Rey de Persia y Media, o simplemente Rey de naciones. Este proceder desencadenó dos rebeliones, una en 484 a. C. y la otra en 479 a. C., que fueron sofocadas enérgicamente.
Una vez sofocadas estas revueltas, y alentado por su primo Mardonio, trato de vengar la derrota sufrida por su padre en la Primen Guerra Medica. Darío I no había podido castigar a los atenienses por su intromisión en la Revuelta Jónica, por lo que Jerjes planificó la operación de castigo con sumo cuidado. Para dicha misión lograron reunir una gran flota, procedentes mayoritariamente de las provincias fenecias, y un poderoso y numero ejército.

Jerjes en la pelicula 300
De esta forma, en la primavera del año 480 a. C., Jerjes abandonó Sardes al frente de su ejército, desencadenando así la Segunda Guerra Médica contra la alianza griega de Atenas y Esparta. En principio el ejército persa consiguió importantes victorias: la flota griega fue rechazada en el cabo Artemisión, y tras la victoria sobre Leónidas I de Esparta y sus 7 mil hombres en el desfiladero de las Termópilas, los persas devastaron Beocia y el Ática, llegando hasta Atenas, ciudad que saqueo e incendio a pesar de que ya había sido evacuada.
Más tarde sería derrotado por los griegos en la batalla de Salamina, un enfrentamiento naval luego de la cual Jerjes se volvería a Sarde dejando a cargo a su primo, y por último volvería a ser vencido en la batalla Platea, la cual supuso la libertad de las ciudades griegas de Asia Menor y la renuncia de Jerjes a las mismas, dejando de entrometerse en la política griega.
De los últimos años del reinado de Jerjes poco se sabe. Se conoce que envió a sátrapas a intentar la circunnavegación de África, pero la victoria de los griegos en la Segunda Guerra Médica supuso la paulatina inmersión del Imperio persa en un estado de apatía, de la cual no volvería a salir. Incluso el mismo rey se vio involucrado en varias intrigas reales, dependiendo en exceso de sus cortesanos y eunucos.
Finalmente el 4 de agosto de 465 a. C. fue asesinado por su visir Artábano, quien promovió el ascenso de Artajerjes I al trono del imperio.

Jerjes en el comic 300
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Una Guardia Imperial de Élite
Seguramente abran leído ya sobre la guardia personal de Jerjes I, un grupo de élite conocido como los Diez Mil Inmortales. Abran leído también que siempre mantenían en número de diez soldados en sus filas. ¿Pero quienes eran realmente estos enigmáticos soldados Persas?
Pues como ya dije los Inmortales eran un cuerpo de élite dentro del ejército que actuaba de guardia real al rey Jerjes I. El nombre de Inmortales viene de Heródoto, quien los llamo Diez mil o Athanatoi (que significa literalmente, inmortales). Este se debía a que, como menciona Heródoto, esta tropa de infantería pesada mantenía siempre la cantidad de diez mil hombres: Cada miembro muerto herido o enfermo gravemente era inmediatamente sustituido por otro, razón por la cual en apariencia nunca morían. Probablemente los propios persas no utilizaban este término para referirse a estas tropas, el cual que puede ser una corrupción de la palabra anusiya (compañeros).
De todas formas, y aunque parezca irónico, estas fuerzas estaban lejos de ser inmortales: los miembros de este cuerpo sufrían numerosas bajasen batalla, y probablemente fuera la infantería con más bajas del ejército persa, debido a que siempre eran los que luchaban en las zonas más comprometidas y peligrosas, pero como siempre que un soldado moría era reemplazado instantáneamente por otro esas bajas no se notaban durante la batalla.
De todas las tropas persas, los Inmortales no solo eran la mejor, sino que también la mejor y más magníficamente equipada sus armas consistían de un escudo de cuero y mimbre, una lanza corta con punta de hierro y un contrapeso en el otro extremo, un arco y un carcaj con flechas, y una daga o espada corta. Su uniforme estaba compuesto de una tiara o gorra de fieltro, una túnica larga con bordados, unos pantalones y una cota de metal. Todos sus hombres brillaban por el oro que llevaban sobre su persona en cantidades ilimitadas. Sus tácticas habituales era la carga frontal contra el enemigo, mientras que los flancos en retaguardia disparaban flechas como apoyo.
No solo eran los mejeros entrenados y equipados, sino que también disfrutaban de un trato especial. Al regimiento le seguía una caravana de carros, camellos y mulas que transportaba a sus mujeres y sirvientes y recibían una comida especial y diferente a la del resto de la tropa.
Los Inmortales no solo combatieron en la Batalla de Las Termópilas, también participaron en las batallas de Maratón, y formaba parte de las tropas persas que ocuparon Grecia en el 479 a. C. bajo el mando de Mardonio, de las que ocuparon Egipto y Babilonia. Fueron prácticamente invencibles y la tropas que más tiempo ocuparon las tierras Helenas hasta la llegada de Alejandro Magno, quien los derrotó en la Batalla de Issos en el 333 a. C. donde fueron eficientemente masacrados.

Curiosa foto de una marcha de “Los Inmortales” en 1971, en la celebración de los 2.500 años del establecimiento del imperio Persa.
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El Desafío: “Ven a buscarlas”
Terminaba agosto y hacía mucho calor, igual que todos los veranos en Grecia, pero hay se acababan las semejanzas, los siguientes cinco días marcarían tanto la historia de los griegos como la de los persas. Los dos ejércitos ya habían tomado posiciones: Los numerosos persas habían acampado en una larga franja a la orilla del mar. Por su parte, los 7 mil griegos se habían instalado alrededor de la puerta central de las Termópilas.
Heródoto de Halicarnaso cuenta que cuando Leónidas fue advertido del número de las fuerzas persas se le dijo que «sus flechas cubrían el sol» y «volvían noche el día». Los espartanos en general consideraba al arco como poco honorable por evadir el combate cuerpo a cuerpo, por lo al escuchar lo que le decían a Leónidas sobre las flechas del ejército de enemigo uno de ellos, llamado Dienekes, respondió «Mucho mejor; lucharemos a la sombra», demostrando la valentía de los soldados espartanos.
Se dice también que Jerjes, al toparse con el pequeño ejército griego y a pesar de la advertencia de Demarato sobre su braveza y valentía, considero que estos se marcharían al ver la magnitud de su ejército. Sin embargo esto no ocurrió, pasaron cuatro días y el ejército griego seguía allí como el primer día. Impaciente por tanta espera, Jerjes decidió enviar un mensajero exigiéndoles a los griegos que entregaran sus armas inmediatamente si no querían ser aniquilados. Como ya dije, Leónidas sabía perfectamente cuántos hombres tenían el persa, pero eso no le asustaba en lo más mínimo y lo demostró dejándolo muy en claro en su respuesta, esta fue muy simple de interpretar: «Ven a buscarlas». ¿Y que creen que hizo Jerjes cuando se le informo de la respuesta de Leónidas? Pues obviamente mandó a buscarlas. Seguramente pensó que las tendría bastante rápido en su posesión, ya que los que fueron por ellas eran casi 300 mil hombres, y los que las defendían eran tan solo 7 mil. Pero no tuvo que esperar tres largos días y un traidor para poder tenerlas.
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