Entradas con la etiqueta ‘Personajes Singulares’
Seguimos con John Wilkins y su busqueda de crear un idioma universal.
Su intención era clara, formar un idioma general que organizara y abarcara todos los pensamientos humanos. De esta manera propuso un sistema de lengua artificial, que a su vez se encontraba formado por dos sub-lenguas, la primera de ella un sistema escrito de diferentes ideogramas a modo de signos taquigráficos, cuya reproducción es imposible; la segunda un sistema fonético, destinado, ahora sí, a ser pronunciado por los lectores.
A diferencia de otros intentos fallidos de crear una lengua artificial, el idioma de Wilkins nace como una clasificación puramente ontológica de todo lo existente, se trató así de una taxonomía directa de todo aquello que nos rodea. Con la intención de cumplir su objetivo, John dividió al mundo en unas 40 categorías o géneros, a esta categorías las subdividió a su vez en diferencias, y estas se dividían en especies, y a partir de estas divisiones fue que intento levantar su lenguaje.
Wilkins asignaría a cada género un monosílabo de dos letras, a cada diferencia una consonante, y cada especie una vocal. Por ejemplo, en el idioma inventado por Wilkins el monosílabo “de” fue asignado al género elementos; al primero de los elementos, el fuego, lo llamo “deb”, y a la porción de dicho elemento, una llama, le dio el vocablo “deba”.
Las palabras del idioma analítico de John Wilkins no son torpes símbolos arbitrarios. La funcionalidad del sistema era absoluta, después de todo le daba un carácter explicativo y demostrativo general a cada palabra, la misma morfología de la palabra nos otorga su definición. Sin embargo, al igual que el resto de las ideolenguas jamás tuvo una completa aceptación y fue rápidamente descartada la posibilidad de su uso general. Los motivos son varios, entre ellos pueden nombrase las diferentes e infinitas objeciones posibles que pueden hacérsele a cada una de las categorías armadas por Wilkins, así como la existencia de varias palabras que, por diferentes razones, quedaban fuera de las 40 categorías, tal es así como la belleza, palabra cuasi imposible de expresar en la lengua inventada por John. Finalmente queda también el punto de la imposibilidad de inventariar todo lo existente en el universo y la arbitrariedad que rodea a la clasificación de este inventario general.
Muchos autores han escrito sobre estas ideas de Wilkins, principalmente el afamado escritor argentino Jorge Luis Borges, quien rescatase del olvido a John y lo pusiese en boca de autores como Humberto Eco y Michael Foucault. Pero estas son cuestiones de índole filosófica escapan a la tarea de este blog, por lo que le dejare este trabajo a otros y me despediré hasta la próxima entrada.
Fuentes: Wikipedia: Articulos John Wilkins – Lengua Construida – Lengua Filosófica
Ensayo de Jorge Luis Borges: El Idioma Analítico de John Wilkins
Programa de Radio Argentino “La Venganza Sera Terrible” (programa aquí)
Es turno de la “Entrada a Pedido” del mes, y nuevamente toca hablar de un “Personaje Singular”, y el protagonista de la historia de hoy podemos decir que fue bastante singular. Su nombre era John Wilkins y, entre otras cosas, destaco por ser uno de los primeros individuos en intentar crear una lengua sintética.
¿Qué es una lengua sintética? Pues ese es el nombre que recibe una lengua construida, también llamada idioma artificial o ideolengua. Existen a través de la historia diferentes tipos de ideolenguas, cuyos objetivos y formas son complemente distintos. Pero mi punto no es extenderme sobre ellos, si no sobre un tipo especial, el intento de crear un lenguaje universal. Este fue uno de los objetivos de John Wilkins y hoy les explicare en que consistió este experimento.
Comencemos primero por comentar un poco quien fue este tal Wilkins. John fue un religioso y naturalista inglés que vivió desde 1614 a 1672. Entre sus logros podemos nombrar el decanato de Ripon, la capellanía de Carlos Luis, el obispado de Chester y la dirección de uno de los colegios de Oxford. También destaco por ser el primer secretario de la prestigiosa “Royal Society”, así como ser cuñado de Oliver Cromwell, líder de la revolución inglesa. Sus trabajos son ampliamente prolíferos, Wilkins se interesó por la teología, por la criptografía, la masonería y la música.
Entre sus proyectos (algunos cumplidos, otros meramente utópicos) se destacan la fabricación de colmenas trasparentes, con la idea de estudiar más fácilmente su comportamiento; la reedición textos esenciales de la alquimia, justo al resto de los integrantes del “Colegio Invisible” un grupo de investigadores que crearía durante su estadía Oxford; podemos también nombrar su búsqueda de un planeta invisible y su intento construir astronaves, puesto que siempre fantaseo con la idea la posibilidad de un viaje a la Luna, así como el deseo de construir un lenguaje mundial artificial, la lengua filosófica. Este último proyecto, que iniciaría en 1664, sería máximo deseo, y a él le dedicaría cuatro años de su vida y tres libros:
- “Mercury, or the secret and swift messenger, publicado en 1641”. (Primer libro inglés sobre criptografía)
- “An essay toward real character, and a philosophical language”, publicado en 1668
- “An alphabetical dictionary”, publicado en 1688
Pero hasta aquí por ahora, pronto la segunda parte
Bueno, varios días después y con el mes ya terminado seguimos con la segunda parte de la segunda entrega de las “Entradas a Pedido”, recuerden que la encuesta que podrán encontrar en la barra lateral derecha ya fue reiniciada para que elijan la o las entrada/s de este mes. La vez pasada quedamos con Bartolomeu a punto de crear su “instrumento para andar por el aire”. Continuemos desde ahí.
Si bien numerosas y diversas fuentes coinciden en que sus ascensiones de modelos aerostáticos databan del año 1706, será recién en 1709 cuando experimente por completo los pormenores y los puntos esenciales de la técnica de volar. Fue justamente el 19 de abril de aquel año cuando el rey portugués Juan V respondió afirmativamente a la petición de Bartolomeu de privilegio de patente sobre la invención de “su instrumento de andar por el aire” capaz de hacer 200 leguas por día, sus ventajas sobre la guerra, el comercio y las comunicaciones, dejando imprecisos e incompletos la apariencia, el material de construcción y modo de funcionamiento; y su solicitud de una demostración pública.
Inmediatamente conseguido el permiso, Bartolomeu se puso a trabajar incansablemente. Comenzó experimentando con pequeños globos de papel, que pronto fueron aumentando su tamaño y perfección, cambiando incluso el papel, por una tela muy fina hacia el final de la fase experimental. Finalmente el 8 de agosto de 1709 Bartolomeu presentaría su máquina para andar por el aire en una plaza portuguesa abarrotada y llena de grandes figuras, tales como el mismísimo monarca, diplomáticos, religiosos e importantes dignatarios portugueses.

Una maqueta a escala 1:10 de la Passarola, perteneciente al Museo Aeronáutico y del Espacio de Chile.
La Passarola, nombre que recibió aerostato ascendió majestuosamente, alcanzando varios metros por encima del suelo del recinto de la Casa de Indias de Lisboa y perdiéndose en la distancia para no volver a ser vista nunca más. Desde aquél día sería conocido como el “Padre Volador”. Pero no lo esperaría la gloria y la fama. Bartolomeu tuvo la desgracia de ser ridiculizado en público.
El mismo Cardenal de Lisboa, Michelangelo Conti, quien llegaría a convertirse en el papa Inocencio XIII en el año 1721, reprendería a Bartolomeu por sus experimentos y lo amonestó por los riesgos de incendio que podía producir dicho. Es importante destacar también que el futuro papa Inocencio XIII no tenía en muy buena estima a los Jesuitas, colectividad a la que pertenecía Gusmâo. En cuanto al resto del público asocio a la nave voladora como una obra del diablo y declaro a Bartolomeu como uno de sus socios, situación que pronto le traería problemas con la Santa Inquisición.
Fue bajo esta situcion que comenzó aquel viaje que lo llevaría a recorrer varios lugares de Europa entre 1713 y 1716. Luego de esta estancia en diversos puntos del viejo continente se dirigió nuevamente a Portugal, donde fue difamado, perseguido y obligado a huir a España en 1724. Poco tiempo después, ya enfermo y afectado de fiebres ingresó en el hospital de la Misericordia de Toledo, donde falleció por la noche del 18 de noviembre de 1724 a los casi 39 años de edad.
Poco a quedado hoy en día sobre el trabajo de Bartolomeu, aun así tenemos constancia de que utilizaba para calentar el aire de sus globos un sistema muy similar al de los quemadores utilizados actualmente y que disponía de diversos modelos de globos perfeccionados para diferentes usos, desde el militar hasta el transporte de pasajeros.
La mítica ascensión de la Casa de las Indias fue muy sonada y quedó inscrita para siempre en diferentes libros y revistas de la época, quedando grabada para la posteridad. Incluso el célebre autor José Saramago escribiría sobre esta hazaña en su libro titulado “Memorial del Convento”, una lectura altamente recomendada.
Fuentes: Wikipedia: Archivo Bartolomeu Lourenço de Gusmão, Passarola
Bueno, es tiempo de la segunda “Entrada a Pedido” (por cierto, la encuesta ya se ha reiniciado para el mes de marzo), y el segundo lugar lo ha ganado la categoría “Personajes Singulares”. Es por eso que hoy le traigo a este curioso padre que fue uno de los pioneros en la aerostación.
Les estoy hablando de Bartolomeu Lourenço de Gusmâo, y no, no es el monje volador del que hablamos en este blog hace ya un buen tiempo, y poco tiene que ver con él. Este es un caso nuevo y tiene que ver con la invención del globo aerostático, de hecho se trata del primer inventor de una máquina voladora aerostática.
Si, ya sé, ya sé, los conocedores del tema dirán que primero estuvieron los hermanos Montgolfier, pero no, el buen padre Bartolomeu Lourenço les gano de mano por algunos años, unos 74 años para ser exactos, aunque su trabajo no fue tan detallado y efectivo como el de los Montgolfier. Pero dejemos estos asuntos de lado y centrémonos en la biografía de este padre.
Bartolomeu nació en el año 1685 en la ciudad de Sao Paulo, Brasil, por aquel entonces perteneciente como colonia al imperio Portugués. Era el cuarto de los doce hijos (seis varones y seis mujeres) de Francisco Lourenço y Maria Álvares. Uno de sus hermanos, Alexandre de Gusmão, alcanzaría también notoriedad como diplomático en el reinado del rey Juan V. Desde pequeño, Bartolomeu se destacaría en los estudio, y siendo adolecente sería enviado a Portugal para que continuase sus estudios en la universidad de Coimbra, donde no tardaría en conseguir diversos cargos y donde se convirtió en sacerdote Jesuita.
Entre 1713 y 1716 recorrería toda Europa, donde su curiosidad y ansia de conocimiento se dejarían ver a fondo. En esos tres años recorrió cada uno de los países del viejo continente empapándose de todo el conocimiento que pudo alcanzar y mejorando técnicas e inventos allá por donde pasaba. Tal es así que se atribuyen a su persona un sistema para cocinar gracias a la radiación solar y un juego de lentes particulares, entre otros.
Pero siempre su gran pasión fue el vuelo. El despegar del suelo y surcar los cielos. Su gran pasión y también parte de su desgracia.
Fue en 1709 cuando estaría cerca de alcanzarlo. Todo comenzó una cuando Bartolomeu observase como una pompa de jabón ascendía rápidamente al pasar sobre el aire calentado por una vela. Y en aquel momento tuvo una epifania, en su mente surgió la idea de agrandar la escala y el objetivo, de crear una maquina voladora, o un instrumento para andar por el aire, como lo bautizaría. Él mismo lo describiría de la siguiente manera:
“He inventado una máquina por medio de la cual se puede caminar por el aire con mucha más rapidez que por tierra o por mar, pudiendo recorrer hasta doscientas leguas al día, y enviar despachos a los ejércitos y a los países lejanos. Con ella se podrán sacar de las plazas sitiadas a cuantas personas se juzgue conveniente sin que pueda estorbarlo el enemigo, y por medio de ella se podrán explorar también las regiones próximas a los polos”
Pero hasta aquí por ahora, pronto la segunda entrega.
Bueno, bueno… Hace ya ocho días que arranco el mes y aun no le hemos dado la bienvenida aquí en Saberhistoria. Así que creo que ya va siendo hora, mas teniendo en cuenta que este mes el blog cumplirá su tercer año en línea.
Siendo tal la situación comencemos con la entrada de hoy, que dicho sea de paso va dedicada a un amigo personal y del ambiente facultativo: Matías Túpac. Supongo que el sabrá porque :p. El caso es que, por “X” motivo, hablamos de Vlad, el menciono su desconocimiento sobre este personaje y, aprovechando los 165 años del nacimiento de Bram Stoker, creador de Drácula, decidí que era un buen momento para traerlo a colación.
Vlad III, nacido bajo el nombre de Vlad Drăculea, conocido mayormente como Vlad el Empalador (en rumano: Vlad Țepeș), fue el príncipe de Valaquia (actualmente ubicado en el sur de Rumania) entre los años 1456 y 1462. Fue un gran luchador en contra del expansionismo otomano, muy fuerte en aquella época, que amenazaba a su país, al igual que al resto de Europa. Sería conocido por su manera de castigar a los enemigos y traidores, incluso de allí proviene su apodo: el empalamiento. Este curioso personaje, podría (o no) haber sido la inspiración de Bram Stoker para la creación de su gran obra: Drácula. Su historia es muy curiosa y muy rica, pero a falta de tiempos (el martes debo entregar un ensayo) la dejare para mas adelante, y hoy la resumiré en el siguiente párrafo.
Volcánico y prácticamente impredecible fue uno de los más duros gobernantes que la Europa Oriental haya conocido jamás. Absolutamente cruel con ladrones, mentirosos, adúlteros y traidores, para algunos represento a un heroico defensor de los interés e independencia de Valaquia. Para otros un monstro cruel y violento. De su persona se cuentan numerosas historias y leyendas. Entre todas podemos recabar que fue rehén del reino otomano hasta los 17 años de edad, dado como muestra de sumisión al Sultán y como garantía de buen comportamiento por parte de su padre (en aquel entonces regente en Valaquia). Al volver a su tierra, luego de la muerte de su padre, tomo el trono, del cual seria depuesto tiempo después. Sin embargo, en 1456 lograría recuperarlo, tras matar a su contrincante Vladislav II en la batalla de Belgrado. Gobernaría las posteriormente tierras rumanas hasta 1462, cuando tuvo que abandonar el trono y vivir en el exilio hasta 1474, cuando intentaría recuperar nuevamente su trono. Moriría en plena lucha en diciembre de 1476 (poco después de recuperar su trono por tercera vez) en manos de los turcos.
Resumida su vida vamos entonces a algunas de sus historias curiosas. Los relatos sobre su accionar son numerosos, así que, por hoy solo hablaremos de tres en especial. Las elegidas son: Felicitación a los soldados heridos, la visita de los mensajeros turcos y la Guerra Biológica.
En el caso de la primer historia, se cuenta que, en 1462, después de un ataque turco que causo numerosos heridos en sus filas, Vlad decidió visitar a los heridos. Minuciosamente los inspecciono uno a uno y los separo en dos grupos. Por un lado coloco a los que tenían heridas al frente, es decir en la cara, el pecho o en las piernas. Del otro los que tenían claramente heridas en la espalda. Una vez finalizado el proceso se dirigió a donde se encontraban los heridos en su parte frontal y los felicito uno por uno por su valor en el frente de batalla. A continuación se dirigió al pabellón donde se encontraban aquellos que habían sido heridos por la espalda y ordeno que todos ellos fuesen empalados. Para él, el hecho de haber sido heridos en combate por la espalda era absolutamente deshonroso, y no solo eso, sino que podía significar un acto cobarde por parte de sus soldados que no quería tolerar.
En cuanto a la segunda historia, se cuenta que en cierta ocasión se presentaron ante él un grupo de emisarios enviados desde Estambul por el Sultán otomano. Como era su costumbre estos emisarios iban ataviados con ropas tradicionales turcas, la más notable, su turbante. Cuando los emisarios se presentaron ante él, Vlad les pregunto porque no se retiraban los turbantes mostrando respeto hacia su persona. Los turcos respondieron que no era una costumbre de su país. Vlad, sintiéndose ofendido ordeno que se le clavasen los turbantes al cráneo para que así pudiesen sacarlos nunca más.
Finalmen, llegando a la tercera, Vlad Tepes podría ser considerado como el fundador de las guerras biológicas. Según se cuenta, durante sus luchas con el imperio Otomano, Vlad empleo a sus enfermos como un arma de batalla. Eligió entre su población a numerosos enfermos de algún mal contagioso, como la sífilis, la tuberculosis y enfermedades similares, y los envió tras las frontera a convivir con el enemigo. Vlad les proporcionaba ropajes turcos para facilitar su integración y si alguno de ellos regresaba demostrando que había matado de una u otra manera a algún turco era recompensado por su hazaña. Para ello tenían que portar el turbante del turco fallecido.
Aun se desconoce si fue o no la inspiración de Bram Stoker o no, pero algo es seguro, las similitud entre los personajes es asombrosa. De cualquier modo analizaremos este hecho en un futuro cercano. Por otro parte, sus hechos si fueron inmortalizados por el juglar alemán Michael Beheim, en su obra poética Von ainem wutrich der hies Trakle waida von der Walachei en 1463.
Fuentes: Wikipedia: Vlad Tepes
Tal y como le había prometido a la profe en otro comentario, aquí va la entrada destinada a aclarar las diferencias entre Giacomo Casanova y Don Juan.
Giacomo Casanova y Don Juan ¿Son el mismo estereotipo? Pues no, según muchos estudiosos del tema, los dos personajes, ambos famosos por sus conquistas amorosas, distan mucho de ser parecidos. Es más, son tratados incluso como modelos contradictorios.
Verán, la cosas es así. Cuando hablamos de Casanova, nos referimos a un “libertino que respetaba profundamente a las mujeres”, tal como lo describe Félix de Azúa, estudioso de la vida del burgués veneciano. Por su parte, Don Juan es un conquistador, con todo sentido de la palabra, las mujeres son presas para él, presas que debe conquistar.
Así los enfrenta Azúa, y nos dice que: “Allí donde el aristócrata sevillano [Don Juan], infectado por la teología, se muestra vengativo, psicópata, misógino y engañador, en ese mismo lugar luce el burgués veneciano [Giacomo Casanova] cómplice de las mujeres, su secuaz y su salvador en más de una ocasión”.
Por su parte, la escritora Lourdes Ventura, autora de ensayos como “La tiranía de la belleza” o “La mujer placer”, sostiene que: “Casanova busca mujeres con las que pueda compartir sus expansiones eróticas. Don Juan parte del rechazo inicial, considera que no son iguales en el ámbito amoroso y está convencido de que sólo se las puede conquistar mediante un acto de poder”.
Félix de Azúa profundiza aún más y nos dice: “Para Don Juan, la conquista es un reto y sus conquistas, una vez logradas, dejan de interesarle. Para Casanova la seducción es un teatro, un baile de idas y venidas en el que hay dos contendientes. Don Juan es un acomplejado que necesita demostrar al mundo que puede humillar a una mujer mediante su conquista y abandono; Casanova un hedonista que comparte sus juegos de placer”.
Y finalmente llega aún más lejos cuando se pregunta si realmente “¿Sedujo Casanova a las mujeres?” o si bien fue al contrario, y el burgués veneciano era quien se dejaba seducir, aceptando de buen grado las ocasiones que se le presentaban y, eso sí, “adivinando muchas más de las que un ciudadano vulgar es capaz de intuir… o aceptar”.
Espero haber podido expresarme bien, haber dejado en claro que, Casanova y Don Juan, no son lo mismo.
Fuentes de toda la saga:
Wikipedia: Articulo de Casanova
Blog Algun Día, En Alguna Parte
Blog El Conventillo de la Museologa
Pd) Gracias al aporte de Dlt note que se me habia escapado un dato, les dejo su comentario para que lo tenga:
“A la diferencia entre el conquistador acomplejado y el libertino, aventurero y estafador hay que unir otra diferencia fundamental. La de su realidad: Casanova, sabemos lo que fue, porque nos lo cuenta la historia; don Juan imaginamos lo que hizo y cómo lo hizo gracias a la literatura.”
Gracias Dlt!!!
La última vez nos quedábamos con Giacomo comenzando un nuevo viaje por toda Europa y con la invención de un alter ego: Chevalier de Seingalt.
No paso mucho tiempo de comenzado su nuevo viaje antes de que apareciera por la ciudad de Zúrich, lugar en el que, aunque parezca extraño, se enclaustra en una abadía. No pasa mucho para que reciba, en Roma, una condecoración del Papa Clemente XIII. Además, dejara embelesado a Federico II, el Grande de Prusia, quien le ofrecerá el mando de los cadetes de su ejército. Incluso llego a conocer a Catalina, La Grande, esto en la ciudad de San Petersburgo.
España no se quedaría fuera de su recorrido. Allí, en Madrid más precisamente, se involucraría en un proyecto, probablemente plan suyo, para lograr la colonización de Sierra Morena que incluía a suizos y alemanes como futuros residente de dicho sitio. En su estadía en el país Ibérico compondría un libreto de ópera, en Aranjuez. Y las mujeres españolas tampoco escaparon a sus encantos: Casanova mantendría una aventura con las españolas doña Ignacia y Nina, esta ultima la amante oficial del influyente virrey de Barcelona, el conde de Ricla. Esto lo llevaría a acabar encarcelado en dos ocasiones en su visita a los hispanos: La primera, en el Buen Retiro tras ser denunciado por posesión de armas – en la cual intervendría a su favor el Conde de Aranda –, y la otra, por liarse con Nina, motivo por el cual pasaría 42 días encerrado en 1768.
Libre de las cárceles españolas visitaría Italia, más precisamente Napoles, con el objetivo de ver en que andaba una de las hijas que tuvo entre tantas relaciones: Leonilda. Con ella mantendría relaciones incestuosas, a pedido del marido de Leonilda (quien desconocía de la paternidad de Giacomo respecto de su mujer). Al mismo tiempo tendrá ciertos affaires con una de las doncellas y con Lucrezia (la madre de su hija).
En 1771 se decide por escribir un libro, además traducirá La Ilíada de Homero. Y de nuevo a Venecia, allá por 1774, no sin antes cumplir a favor de la ciudad, probablemente como espía internacional, para poder volver a entrar. Pero nuevamente la perdición, esta vez por vengarse de la acusación de unas deudas. El beneficiario de estas supuestas deudas era un noble llamado Carlo Grimani, y la venganza de Casanova fue algo singular: consistió en publicar una novela en donde decía que Carlo era hijo ilegítimo. De nuevo el destino lo invita al exilio en 1783.
Otra vez un tour por toda Europa. En esta nueva andanza partirá de Viena (el primer lugar al que lo lleva su exilio) para luego recorrer Bolzano, Augsburgo, Aquisgrán, Spa, Paris, de nuevo Viena, Dresde, Berlín y Praga. En este último sitio se encuentra nada menos que con Wolfgang Amadeus Mozart, que casualmente está componiendo su ópera Don Giovanni. Se dice, incluso, que esta compositor está inspirada un poco en los romances que Casanova le conto al compositor alemán en Viena.
En 1785 entraba amistad con el conde Waldstein, aficionado a la masonería, igual que Casanova. El conde le ofrecerá a Giacomo hacerse cargo de la biblioteca que posee en Dux, Bohemia. Casanova acepta, pero en su estadía no llega a ser feliz y como terapia a su tristeza comenzara a escribir las memorias de su vida. Respecto de su escritura nos dice:
“Al acordarme de los placeres que he experimentado, los revivo y gozo con ellos por segunda vez, y me río de las penas que ya he sufrido y que ya no siento…”.
No llegó a terminar sus memorias. Muere en 1798 con 73 años. Hasta entonces solo había logrado relatar solo 46 años de aventuras amorosas y demás avatares. En el prólogo de su obra nos dice:
«Comienzo declarando al lector que, en todo cuanto he hecho en el curso de mi vida, bueno o malo, estoy seguro de haber merecido elogios y censuras, y que, por tanto, debo creerme libre.»
Y así, libre de todo, termino su vida, durante la cual su ocupación principal fue siempre “cultivar el goce de los sentidos”. Las aventuras amorosas, que se iniciaron en la adolescencia, y fueron serpenteando un camino en el que, como hemos visto, aconteció de todo.
Pd) Esta última parte de la vida de Giacomo se me ha hecho demasiado larga para mi gusto. Por lo que dejare para mañana la dilucidación prometida a Profedegriego de las diferencias entre Don Juan y Casanova.
Seguimos hoy con las aventuras de Giacomo Casanova. Nos quedamos la última vez luego de su primer viaje, con su vuelta a Venecia.
Una vez de vuelta en su ciudad natal, Giacomo se ofrecerá, gracias a su cultura, para ser médico de un patricio veneciano, cuyo nombre era Matteo Bragadin. Por sus conocimientos, Casanova logro curar al patricio de un reciente infarto. A cambio de su curación, Bragadin le otorgara una gran suma de dinero a Giacomo, así como también lo introducirá en la magia y la cábala.
Como consecuencia de este nuevo aprendizaje será objeto de persecución de la inquisición; ya que llegara a oídos de algunos de sus miembros la posesión de ciertos libros prohibidos en poder de Casanova. Giacomo se verá entonces obligado a huir de Venecia.
De esta manera, embarcado en esta nueva aventura, Giacomo recorrerá, entre 1749 y 1752, las ciudades italianas de Milán, Cremona, Cesena, Parma, de nuevo Milán y Génova, en ese orden; así como las ciudades francesas de Lyon, París y Dresde. Nuevamente continuaría con sus galanterías. Pero entre todas estas nuevas conquistas hubo una qué destacaría por sobre todas las demás, aquella que el mismo Casanova reconocería como el gran amor de su vida, aquella a la que en su obra decidió llamar Henriette.
Henriette era una mujer con cierto misterio, que caló hondo en nuestro seductor empedernido. Por ella Giacomo llegó a convertirse –por poco tiempo– en un beato, y que fue la única de quien quemó sus cartas. Estuvieron juntos solo nueve meses, sin embargo, a pesar de que se separaron luego de tan corto tiempo (aunque bastante largo para la vida de Giacomo), ella siempre tuvo presente a Casanova y en varias ocasiones mandó que lo cuidaran cuando estaba enfermo.

Cuadro de Leroux Augustus: Giovanni Giacomo Casanova, Caballero de Seingalt, con Henriette en Reggio
En 1753 vuelve nuevamente a Venecia, y dos años después es arrestado y encarcelado en los Piombo, o prisión de los “Plomos”. Su estadía en dicho recinto carcelario no duraría demasiado: Increíblemente escapa poco tiempo después, acompañado de un monje que conocerá en prisión. Luego de tan magna fuga volverá a exiliarse. Esta vez por 18 largos años.
Esta vez se embarcaría a París, donde llegaría a codearse con Luis XV y Madame de Pompadour, al igual que con su corte. Incluso se le atribuye durante dicha estadía, la creación de la Lotería Estatal Francesa entre 1756 y 1757, además de realizar diversas misiones secretas y visitar a Voltaire, con quien no llegó a tener una amistad por diferencias de pensamiento político. Sin embargo, no desaparecían sus ajetreos. Casanova realizaría por aquellos años un fraude en un negocio textil, falsificación de letras de cambio, y de nuevo a huir y vagabundear por Europa.
Pocos son los relatos que se conservan de él. Sin embargo, nos encontramos que por estos tiempos, un agente de la inquisición veneciana lo retratara como alguien que:
“Va y viene a todas partes, con una cara franca y la cabeza en alto, bien vestido… Es un hombre de unos 40 años como máximo, buen mozo de aspecto saludable y vigoroso, de piel muy morena y ojos vivaces. Lleva una peluca corta de color castaño. Por lo que me han contado, tiene un carácter descarado y despectivo; pero, sobre todo, tiene mucha labia y, por consiguiente, es ingenioso he instruido…”.
Por aquel entonces, se inventara un alter ego, con título nobiliario y todo, pasando a llamarse Chevalier de Seingalt.
Pero hasta aquí por ahora… Pronto la siguiente parte
Por esas casualidades de la vida, últimamente me encontrado hablando mucho por aquí de franceses singulares y del origen de algunas frases o expresiones. En ese sentido seguiremos hoy seguiremos un poco por ese sendero. Ya que, aunque no hablare de un francés, sino de un veneciano, este personaje es muy singular, ha dado origen a una expresión cotidiana y tiene una particularidad que suele atribuírsele a los franceses: El arte de la seducción y el romanticismo. Me refiero a que hablare hoy de Giacomo Casanova.
En un breve resumen acerca de su vida podemos decir de este seductor que fue un famoso aventurero, escritor, diplomático y agente secreto veneciano. Despilfarrador, viajero y, por encima de todo, libertino. Pero también gran erudito y filósofo. Sin embargo, se lo conoce, sobre todo, por sus conquistas amorosa. En su obra biográfica, “Histoire de ma vie” (escrita en francés por la difusión de dicho idioma en toda Europa para aquella época), Giacomo describe con máxima precisión y franqueza sus aventuras, sus viajes y sus innumerables encuentros galantes, así como también sus desventuras amorosas. En total, relata en dicha obra unas 132 conquistas a mujeres de toda clase y condición, aunque se dice que fueron muchas más.
El mismo escribe al respecto de sus peripecias, en el prefacio a sus “Memorias’”, que “A pesar de un fondo de excelente moral, fruto obligado de los divinos principios arraigados en mi alma, he sido, durante toda mi vida, víctima de mis sentidos. Me he complacido en descarriarme…”
“Historia de mi Vida” se trata, sin embargo, de un relato de estilo realista sobre su vida, en el cual, sus aventuras con diversas mujeres son mostradas de manera elegante, lo que llevo a que forjara con él, popularmente y a través del tiempo, el prototipo de amante y aventurero. Su apellido se convirtió en prototipo del amante. Sin embargo su vida fue mucho más vasta y singular.
Pero comencemos con el principio. Giacomo Girolamo Casanova nacería en Venecia (por aquel entonces una Republica hecha y derecha con total independencia), un 2 de Abril de 1725. Fue hijo de comediantes. Su madre fue Zaretta Farussi y su padre Gaetano Casanova. Este último moriría cuando Giacomo tenía solo 8 años.
Tuvo otros 4 hermanos. Y sus padres nunca desearon que ninguno de ellos fuese actor. Por este motivo, Giacomo recibiría desde muy pequeño la educación eclesiástica impartida por el abad Gozzi. Aun adolecente, mostraría su habilidad intelectual, traduciendo un pentámetro latino y realizando, cuatro años después, un par de tesis (una sobre Derecho Civil y otra sobre Derecho canónico).
Sería también protegido del senador de Venecia Malipiero. Bajo su tutela aprendería filosofía y ciencia. Aunque esta relación no duraría mucho tiempo, ya que desaparecería luego de que Casanova tuvo un lío con la favorita del senador, una cantante llamada Teresa.
Para entonces, Giacomo solo cuenta con unos exiguos 21 años. Será por esta desventura con Teresa, que su madre se lo llevara a Roma, para que entre al servicio del Cardenal Acquaviva. Adopta entonces la condición de fraile, aunque esto no le impedirá seguir con sus escarceos amorosos. A partir de este momento comenzaran también sus grandes viajes y aventuras.
En esta primera vuelta, Casanova visitara Corfú y Constantinopla. Volviendo luego a Venecia, donde se convierte en violinista; profesión que no le duraría demasiado, ya que pronto lo cansaría. Sin importar por donde fuera, sus affaires son continuos.
Pero hasta aquí por ahora… Pronto la siguiente parte.
Publicada originalmente el: 19 Agosto 2010 14:48
Todos conocemos el gran artista que era Dalí, al igual que conocemos las distintas historias que se cuentan de él y de lo supuestamente “loco” y extravagante que era.
Como artista extremadamente imaginativo, manifestó una notable tendencia al narcisismo y la megalomanía, cuyo objeto era atraer la atención pública. Esta conducta irritaba a quienes apreciaban su arte y justificaba a sus críticos, que rechazaban sus conductas excéntricas como un reclamo publicitario ocasionalmente más llamativo que su producción artística.
Sin embargo, como yo lo veo, la locura puede ser una cualidad, al menos cuando se encuentra en un artista. Siguiendo esta línea de pensamiento, va la historia de hoy.
Pues andaba entonces el genio surrealista recorriendo los pasillos con el dueño del hospital psiquiátrico y este le iba diciendo, al pasar por al lado de cada uno de los enfermos, cual era su condición. “Esta hombre cree que es un león” le iba diciendo, “este otro se autoproclama enviado de Dios…”, y cosas así por el estilo. Pero Dalí no lograba encontrar esa imagen que andaba buscando, todos parecían … bueno … simplemente locos.
Iba entonces el artista, celda por celda, sin darse por satisfecho con lo que veía. Hasta que de repente exclamó: “¡Éste! ¡Éste! Ésta es la expresión que andaba buscando!. La emoción lo embriagaba, por fin tenía lo que había ido a buscar. “Pero, ¿Qué sucede?…” pregunto algo inquietado al ver cómo la cara del director del centro se interponía entre la suya y la del sujeto que tanto le interesaba y al cual tanto había estado buscado. Apurado, el psiquiatra le respondió:
“Es que está usted ante un espejo”
Y para terminar les dejo una frase de Dalí, que bien podría haber sido la respuesta del pintor:
“La única diferencia entre un loco y yo es que yo no estoy loco”
Salvador Dalí

























