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Enrique I, Rey de Inglaterra y Duque de Normandia

Enrique I, Rey de Inglaterra y Duque de Normandia

La historia que les traigo trata acerca de una curiosa batalla. Quizás no tanto por su contexto, quizás no tanto por su desarrollo, pero de seguro que si por su resultado final: únicamente de tres muertos.

Sin dudas se trato de un suceso poco común, el número total de bajas resulta realmente minúsculo con respecto a las de otras batallas. Pero las implicaciones detrás de esta batalla son muchos mas profundas. Poco hablare, sin embargo, de ellas, ya que me han resultado tan interesantes que les deparo una entrada futura. Implicaciones tales como un personaje muy curioso, una guerra civil entre hermanos y un enfrentamiento más de una larga rivalidad entre dos países altamente enemigos.

Representacion de la Batalla de Brémule

Representacion de la Batalla de Brémule

De todas maneras, y a modo de contexto, mencionare algunas cuestiones básicas, para que todos sepamos de qué estamos hablando. Corría el año 1119 y los reyes Luís VI de Francia y Enrique I de Inglaterra se enfrentarían en batalla, sumando una a la larga cuenta que estas dos naciones rivales acumularían a lo largo de su historia. Pero el contexto no involucraba por completo esta enemistad entre los dos reinos europeos, sino que atendía a cuestiones de índole más bien internas a la nación británica: A su interior se daba una rebelión, guida por el hijo de un antiguo pretendiente al otro (otra mas de las tantas que se sucederían en Inglaterra, y en Europa en general).

Luis VI, Rey de Francia

Luis VI, Rey de Francia

Por lo poco que dejan inferir las fuentes podemos decir que la batalla tuvo un desarrollo ambiguo. Por un lado, el de los franceses derrotados, los cronistas describen a la batalla una lucha sangrienta. Además, agregan una graciosa anécdota de la que ya hemos hablado aquí en este blog.

Por el lado ingles-normando, el cual me animo a señalar personalmente como probablemente mas verídico (debido a que, tras la derrota, los francés pudieron haber tenido la intención de arreciar su labor), las menciones a las bajas son escasas, solo enumeran tres muertes, mientras que si son abundantes los rescates pagados por los numerosos prisiones hechos durante la contienda. En otras palabras, la principal preocupación de ambos ejércitos fue la de capturar a los soldados enemigos, hacerlos prisioneros y luego cobrar un rescate a la nación enemiga, por lo que las victimas lamentables pareciesen no haber superado los 3 muertos en batalla.

Les dejo aquí un link en el que pueden averiguar mas de esta batalla, pero les advierto que esta en ingles, o si no pueden esperar hasta que vuelva a traerla a colación por este blog, aunque no se cuando será esa :P .

Ya hemos hablado en este blog largo y tendido sobre las excentricidades que pueden presentar algunos reyes, así como también de sentencias de muerte que fueron revocadas (aquí y aquí).

En esta ocasión volveremos sobre ambos temas, ya que hablaremos de una rara sentencia de muerte, proclamada en esta ocasión por Ciro II de Persia. ¿De que estamos hablando? Pues nada más ni nada menos que la sentencia a un rio. Si, leyeron bien. Ciro II sentencio a muerte a un rio… Y no solo eso, sino que hizo cumplir fervientemente la sentencia!!! ¿Cómo se puede asesinar a un rio? Pues eso tratare de contarles en la entrada de hoy.

Para aquellos que no lo conozca, Ciro II fue, sin dudas, uno de los reyes más importante de los que hallan reinado en el Imperio Persa. Fundador del Imperio persa aqueménida reinaría aproximadamente del 559 al 530 a. C. tiempo durante el que se gano su apodo de El Grande. Durante sus años como rey persa, sus conquistas se extendieron desde el Mar Mediterráneo hasta el Hindu Kush (macizo montañoso de Asia, situado a caballo entre Afganistán y el noroeste de Pakistán, cerca de la India), creando uno de los mayores Imperios conocido hasta el momento. Entre sus logros podemos destacar también la realización de la considerada por muchos como la 1ª Declaración de los Derechos Humanos. Como se ve, y siempre me gusta decir, un simple acto no refleja el ser de los individuos, pero este si que fue muy curioso. Es el mismo Herodoto de Halicarnaso quien nos contara este divertido suceso en el primero de sus nueve libros de Historia.

Representacion de Ciro II

Representacion de Ciro II

Corría el año 540 a.C, o alguno cercano a él. Ciro II, el Grande, se encontraba por aquel entonces arrasando todos los territorios del este europeo y el cercano Oriente con sus potente ejercito. Acercándose a la ciudad de Babilonia se encuentra con un pequeño rio en su camino, el rio Gyndes (posiblemente el actual río Diyala que fluye entre Irán e Irak y desemboca en el río Tigris). Se traba de un rio bravo, lleno de saltos y remolinos, sin dudas no les haría fácil la tarea de cruzarlo.

La forma más fácil y segura sería preparar un buen número de barcas que les permitiese atravesarlo. Así lo dispuso Ciro y en ello trabajaron sus soldados. Pero antes de que los preparativos concluyesen, uno de sus más adorados y sagrados corceles se lanzo brioso al agua, probablemente seguro de que podría cruzarlo nadando hacia la otra orilla. Sin embargo el rio embravecido fue más que el pobre corcel, la corriente lo arrastró y murió ahogado perdiéndose entre los remolinos.

Sin dudas el rey se sintió desafiado y ofendido por el accionar del rio, tanto que decidió llevar adelante una medida ejemplificadora, nadie, ni siquiera un rio, podía enfrentarse, y es por eso que el rio debía morir.

En propias palabras de Hesíodo.

“Irritado Ciro contra la insolencia del río, le amenazó con dejarle tan pobre y desvalido, que hasta las mujeres pudiesen atravesarlo, sin que les llegase el agua a las rodillas.”

Y así se dispuso a cumplirlo. Poco le importo su campaña militar en proceso. Decidido a darle una lección a aquel rio, dividió sus tropas en dos grupos, coloco una a cada lado del rio y les ordenó a sus hombres marcar con cordeles 180 acequias a cada lado del río  y cavar en ambas márgenes.

Tres meses le llevo la elaborada condena, y al cabo de aquel tiempo, las 180 acequias se habían convertido en 360 canales que desangraron al rio. Para completar su castigo, el mismo Ciro atravesó el ya casi seco paramo exponiendo que nada ni nadie podía desafiar su voluntad.

A pesar de ello, la naturaleza demostraría es ella quien manda, restableciendo con el tiempo el rio a su curso natural.

Fuentes: Wkipedia Articulo sobre Ciro II

Sitio: El Reloj de Arena 

Blog: Tejiendo el Mundo 

Más Info: Los Nueve Libros de la Historia de Hesiodo en este link

Bue, cumplo justo, justo, y con algo de trampa, las cuatro entradas prometidas por mes, jejeje. Pero ese no es el tema de la entrada, sino que su centro es la historia de un curioso personaje… o no tan curioso tal vez. Bue, mejor no les adelanto demasiado, se los presento y decidan ustedes que les parece. Les hablo de Carlos VII de Suecia… o era Carlos I??? Esa, es justamente la cuestión, y ahora veremos porque.

Sello del rey Carlos VII, el primer sello conocido de un rey sueco.

Sello del rey Carlos VII, el primer sello conocido de un rey sueco.

Carlos Sverkersson de Suecia, luego inmortalizado como Carlos VII, gobernó el país nórdico desde 1161 hasta su muerte en 1167. Su llegada al trono no fue lo que se dice fácil. Si bien Carlos era hijo del rey Sverker I, a la muerte de este (en 1155/6) no fue él quien heredo la corona, sino Erik el Santo.

Al parecer, la crónicas nórdicas no son del todo claras, Erik y Sverker I fueron competidores entre si por la corona. Mientras Sverker había sido coronado, Erik había sido elegido posteriormente a su coronación (en 1150) por los suecos de Uppland (una provincia sueca) como el rey real. Por tanto, ambos “reyes” fueron arduos competidores por la corona. Pero no ahondare demasiado en este tema, puesto que no es la cuestión que nos interesa en esta ocasión. El punto clave, sería el hecho de que Erik acabo por suceder a Sverker luego de que este fuese asesinado en 1155.

Erik, a su vez, también moriría asesinado. Pero Carlos tampoco tuvo suerte esta vez. Fue Magnus Henriksen, a quien se lo considera sospecho de los asesinatos de los dos reyes previos, quien se quedo con la corona, aunque no por mucho tiempo. Sucede que Carlos, seguramente casado de ver pasar el trono de mano en mano y sin que cayera en las suyas, comenzó una guerra con Magnus. Guerra de la que saldría victorioso, haciéndose por fin del trono: En la batalla de Örebro, en 1161, Carlos vencería y asesinaría a Magnus, tras lo cual pudo ganar la elección para ser soberano de toda Suecia y proclamarse rey de los suecos y de los ostrogothones.

Su reinado se caracterizaría por el enfrentamiento con la familia de Erik el Santo, que ambicionaba el poder. Este enfrentamiento conduciría a la muerte del propio Carlos, quien fue asesinado en la isla de Visingsö, por Canuto, el hijo de Erik.

¿Qué tiene que ver esto con el título de la entrada? Pues, nada… todo… o solo un poco; puesto que el punto es el nombre de Carlos una vez en el trono. Como por todos es sabido, en Europa, se acostumbraba que cuando un rey llegaba al trono tomaba un nombre (posiblemente el suyo) y se le asignaba un número, respecto de los anteriores reyes que habían llevado ese nombre. Así, por ejemplo, el conocido rey sol fue coronado como Luis XIV, lo que quería indicar que antes de él, otros 13 reyes habían llevado el nombre de Luis.

A diferencia de esto, los reyes de Suecia no eran coronados con un número luego de su nombre, sino que eran conocidos por su nombre de pila y su patronímico. De este modo el rey Carlos fue conocido simplemente como Karl Sverkersson (“Carlos hijo de Sverker).

Sin embargo, en algún momento de la historia entre el y Carlos IX (1550-1611), a algún rey se le dio por cambiar la tradición. Y, siguiendo la crónica de Johannes Magnus en su libro “Historia de todos los reyes de los godos y los suiones”, publicada en 1554, se le estableció a Carlos Sverkersson el nombre de Carlos VII, alegando, por supuesto, que hubo previo a él, otros seis reyes de nombre Carlos.

Sin embargo, la numeración no es correcta. Las crónicas medievales de Ericus Olai, Olaus Petri y Laurentius Petri Gothus no mencionan ningún rey sueco de nombre Carlos anterior a Carlos Sverkersson. Lo cual significaría que Magnus invento a aquellos seis Carlos previos a Sverkersson, y que este no es mas que el primero de la lista, y por tanto, Carlos I de Suecia.

Pero entonces… ¿Por qué es que le quedo el nombre de Carlos VII? Pues, sucede que la palabra que vale, siempre suele ser la del rey, y aquel otro Carlos que les mencione antes, el rey Carlos IX, dio crédito a la obra de Magnus y fue el primero en nombrarse de acuerdo a esa numeración y por ello Carlos Sverkersson fue conocido desde entonces como Carlos VII.

Fuente: Wikipedia

Llegamos ya a la última parte de la historia de Jean-Baptiste Bernadotte. Y, aunque me he demorado un poco más de lo que deseaba, ya llego el momento de concluir con ella. La última vez, nos quedamos en su elección como Príncipe Heredero de la Corona Sueca. Continuemos entonces desde allí. Pero, ¿Cómo es que un soldado republicano, perteneciente al ejercito de uno de los más grandes enemigos de las monarquías europeas, llega a ser elegido Monarca?

Estatua en Norrköping, levantada en 1846 en honor del Rey Carlos XIV de Suecia y III de Noruega

Estatua en Norrköping, levantada en 1846 en honor del Rey Carlos XIV de Suecia y III de Noruega

Pues, básicamente por casualidad. Aunque el boletín oficial dará como razones, por un lado, que un gran sector del ejército sueco, previendo futuras complicaciones con Rusia, se mostraba favorable a la elección de un soldado como heredero, y por el otro, que Bernadotte también era muy popular en Suecia, debido a la caballerosidad con la que había tratado a los prisioneros suecos durante la última guerra con Dinamarca.

Sin embargo, si bien estas razones pueden ser la “Ultima Ratio” (otra frase que queda bien para la ocasión) para su elección definitiva, lo cierto es que, en un primer momento deberemos el ofrecimiento del trono a Jean Baptiste a un único sujeto: el barón Karl Otto Mörner.

Este tal barón Möner era, simplemente, un mensajero sueco, quien, absolutamente por iniciativa propia, ofreció la sucesión de la corona sueca a Bernadotte. El gobierno sueco quedara altamente sorprendido ante la descarada actuación de Möner, incluso lo arrestarían al volver a Suecia; sin embargo, la candidatura de Bernadotte fue ganando seguidores de forma gradual.

Por su parte, es seguro de que Jean Baptiste reflexiona extendidamente aceptar tal proposición, ya que, después de todo es un republicano convencido. Incluso Bernadotte le comunicaría la oferta de Mörner a Napoleón, pero el Corso se reiría del asunto y lo trataría como algo absurdo. De todas maneras Jean acabara por decidirse positivamente e informaría a Mörner que no rechazaría el honor de ser él el elegido.

¿Por qué aceptar tal propuesta? Pues, probablemente, hay dos factores que pesan en su decisión positiva: por un lado, el hecho de que la monarquía sueca sea una monarquía constitucional, lo cual la convierte en más tolerable a ojos de un republicano. Por otro lado, lo mal, pero mal, mal, que le sienta el ofrecimiento a Napoleón Bonaparte, ya que recordemos que, a pesar de ser parientes debido al casorio de Jean Baptiste y José Bonaparte con las hermanas Clary, no se caían para nada bien el uno al otro.

Coronación de Karl Johan III como rey de Noruega

Coronación de Karl Johan III como rey de Noruega

Finalmente, el 21 de agosto de 1810, Jean Baptiste Bernadotte fue elegido «Príncipe de la Corona». De esta manera Bernadotte renuncia a la nacionalidad francesa y el 2 de noviembre de 1810, realiza su entrada solemne en Estocolmo, y el 5 de noviembre recibía el homenaje de los estados suecos, siendo adoptado por el Rey Carlos XIII bajo el nombre de «Carlos Juan». El nuevo príncipe coronado fue pronto muy popular, y se convirtió en el hombre más poderoso de Suecia.

Toda esta situación place enormemente al nuevo rey; pero no tanto a la futura reina. A Desirée no le cae bien el frio, y pocos días después de llegar se vuelve a Paris, donde vivirá hasta luego de la coronación de su marido, el 5 de febrero de 1818. Regresara a Suecia recién en junio de aquel año.

Durante su principado, y luego su reinado, Bernadotte pudo mostrarse como cualquier cosa menos como un satélite de Francia. Incluso se aliaria con los enemigos de Napoleón y sería uno de los comandantes del ejército que lo enfrentaría hasta el final. Como rey unionista sería muy popular tanto en Suecia como en Noruega. Y aunque sus puntos de vista ultra-conservadores eran generalmente detestados, y se les presentó oposición tanto como fue posible, su dinastía nunca estuvo en serio peligro, y tanto suecos como noruegos estaban orgullosos de su monarca y de la buena reputación de que éste disfrutaba en Europa.

Bernadotte moriría en Estocolmo el 8 de marzo de 1844. La mayor parte de su reinado fue un largo periodo de paz ininterrumpida, y de desarrollo material en ambos reinos durante la primera mitad del siglo XIX, debido principalmente a su energía y previsión. Carlos XIV Juan fue sucedido por su hijo Óscar (Óscar I de Suecia y Noruega). Como decía más arriba, todos sus súbditos lo veneraron como un gran rey. Sin embargo hubo un pequeño detalle que se le escapó a todos sus seguidores. Al desnudarlo para prepararlo para los funerales, los sirvientes encontrarán en su brazo un tatuaje que pocos habían visto antes. Grabado en su cuerpo rezaba: «Mort aux rois» (Muerte a los Reyes), tatuaje presumiblemente realizado durante la Revolución francesa. Así concluía la historia del único rey republicano, con tatuaje y todo!!!! Todo un personaje más que singular.

Fuentes: Wikipedia, Articulo de Carlos XIV de Suecia

Blog Historia de España

Pd) Valla entrada más larga que se me ha hecho, jeje. De todas maneras está bien, puesto que será la última hasta el sábado 26, día en que estaremos festejando el segundo cumpleaños del blog con algunas sorpresas!! Saludos y están todos invitados!!

La última vez dejábamos a nuestro, por ahora, Jean Baptiste, recién casado y convertido en cuñado de José Bonaparte. Tiempo después, y durante tan solo seis semanas, sería nombrado ministro de la guerra francés, responsabilidad en la que demostró grandes habilidades.

En aquel tiempo se mantuvo a poca distancia de Napoleón, y aunque se negó a apoyarle en los preparativos del golpe de estado de noviembre de 1799 (18 deBrumario).

Retrato de Bernadotte como príncipe heredero

Retrato de Bernadotte como príncipe heredero

Incluso, es uno de sus fervientes opositores. Tal es así, que cuando el golpe se produce, en París mucha gente espera que Bernadotte salga de casa y se ponga al frente de milicias más o menos organizadas, que todo el mundo sabe están dispuestas a obedecerle. Pero, Jean no lo hace; probablemente los méritos de esta inacción de nuestro gran republicano deba llevárselos su cuñado, y futuro rey de España, José Bonaparte quien le come la oreja y acaba convenciéndole de que no se inmiscuya.

De manera contraria  a lo esperado, con el Gran Corso ya en el poder, Bernadotte aceptaría ser empleado por el consulado, y desde abril de 1800 hasta el agosto de 1801, comandaría el ejército en la Vendée. Y, no mucho después, al llegar el Imperio Napoleónico en 1804, Bernadotte fue nombrado uno de los dieciocho Mariscales de Francia. Y desde junio de aquel año sería designado también como gobernador de la recientemente ocupada Hanóver. Incluso, sería el mismo Jean-Baptiste quien, en 1808 y como gobernador de los pueblos Hanseáticos, dirija directamente la expedición contra Suecia, a través de las islas Danesas, aunque el plan no tuvo éxito debido a la necesidad de transportes y a la deserción del contingente español, quienes para entonces ya habían comenzado la guerra por su independencia de las fuerzas napoleónicas.

Poco tiempo después se lleva a cabo la de Wagram, en la que nuestro Bernadotte será lidere al contingente Sajón. Durante dicha batalla desobedecerá las órdenes de Napoleón, por lo que el Gran Corso lo relevaría de su mando. Furioso, se vuelve a París.

Carlos XIII de Suecia (Carlos II de Noruega), retratado por Carl Fredric von Breda. Museo Nacional de Estocolmo.

Carlos XIII de Suecia (Carlos II de Noruega), retratado por Carl Fredric von Breda. Museo Nacional de Estocolmo.

Por allí (es decir en Francia) se encontraba Jean, a punto de tomar posesión del cargo de gobernador de Roma cuando, inesperadamente, fue elegido heredero del rey Carlos XIII de Suecia. ¿Pero como es que un soldado Napoleónico acaba convirtiéndose en el heredero de una de las pocas monarquías europeas puras (ya que Napoleón se había cargado a casi todas) que quedaba?

Para conocer el “Quid” (esta va para ti, profedegriego ;) ) de la cuestión debemos trasladarnos a Suecia. Seguimos estando en 1810. En el país del norte europeo, la dinastía reinante, los Vasa, se extingue. El anterior rey se había vuelto loco, y su tío, ya bastante mayor de edad, había tenido que sustituirlo en el trono con el nombre de Carlos XIII. Por lo tanto encontramos al Parlamento sueco buscando un nuevo candidato. Y, por cosa de la casualidad, llegan a fijarse en el administrador de Hannover y algunas villas hanseáticas, de quien todo el mundo dice maravillas. Dicho y hecho: el 21 de agosto de 1810, el Parlamento elige rey a Jean Baptiste Bernadotte.

Pero, ¿Fue tan así esta elección? ¿O hubo muchas otras cosas que llevaron a esta elección? Pues, lamentablemente, tampoco lo sabremos hoy… sino mañana. Porque esta entrada ha vuelto a quedar muy larga para mi gusto.

Próximamente la ultima parte. No se desespere!!!! ;) . Prometo que llegara pronto.

La entrada de hoy es algo curiosa. Porque, ¿Puede un rey ser republicanos? Vamos, pregunto si un rey puede odiar a los reyes, a lo que estos representan. Digo, si hasta puede ser un republicano abiertamente declarado e incluso tatuarse en su cuerpo el orgullo de serlo. Pues parece que si hubo que cumplía con estas condiciones y que además, cumplió con otro tanto de condiciones que lo hacen un individuo único, de esos que me gusta mencionar por aquí.

Pero, antes de empezar con la historia de tan interesante personaje, debo darle las gracias a Miguel Ángel, del blog “Memoria Residual”, a quien le debo el haberme puesto tras la pista de esta historia, por lo que a él le va dedicada esta entrada. Ahora sí, ya hecho el agradecimiento seguimos con el personaje de hoy.

Retrato completo de Jean Baptiste Bernadotte

Retrato completo de Jean Baptiste Bernadotte

El individuo en cuestión se llamó, en un primer momento, Jean-Baptiste Bernadotte. Luego, pasaría a ser Karlos XIV Johan de Suecia y Carlo III de Noruega. Y sí, si puede que lo hayan reconocido como uno de los dieciocho Mariscales Napoleónicos, porque efectivamente lo fue. Su vida comenzó un 26 de enero de 1763, en la localidad de Pau, en Francia. Hijo de Henri Bernadotte (1711-† 1780), procurador en Pau, y de Jeanne St. Jean (1725-†1809) se enlistaría en el ejército luego de la muerte de su padre, teniendo por aquel entonces diecisiete años, y su primer destino como militar fue Corcega.

Con 21 años lo encontramos ya sirviendo como sargento en Grenoble. También para aquella época se ha ganado su apodo de Sergeant Bellejambe, o Sargento Piernabella, mote que alude a su éxito con las mujeres. Éxito evidenciable en la relación que entablo por aquel entonces con grenoblina con un nombre tan sensual como Catalina L’Amour. De aquel amor nacerá una pequeña de nombre Olimpia Bernadotte, que morirá siendo niña.

Al estallar la Revolución Francesa (de la cual ya hemos hablado aquí con anterioridad), sus evidentes cualidades militares le llevaran a un rápido ascenso; tal es así que para 1794, Bernadotte era ya brigadier, asignado al ejército de Sambre y Meuse. Más tarde, tras la victoria de Jourdan en Fleurus (26 de junio de 1794), ascendería a general de división.

De campaña, la guerra lo llevaría primero a Bélgica y luego, conforme avance el ejército francés, a Austria. Poco después, Bernadotte sería enviado a Italia, con 20.000 hombres, a auxiliar a un general llamado Napoleón Bonaparte (quien aún no hacia demasiado alarde su nombre), distinguiéndose durante el paso de Tagliamente. En 1798 acabaría como embajador en Viena, aunque hubo de abandonar el cargo debido a los disturbios causados a raíz del izado de la bandera tricolor sobre la embajada.

Retrato de Désirée Clary (1777-1860), esposa de Bernardotte, en 1822.
Retrato de Désirée Clary (1777-1860),
esposa de Bernardotte, en 1822.

En 1798, Bernadotte contraería matrimonio con una bella joven, cuyo nombre era Desirée Clary. Era que había estado en los planes de José Bonaparte, que acabaría casándose con su hermana, y del mismísimo Napoleón, hasta que este conociera, año y medio después incluir en sus planes a Desirée, a su eterna Josefina.

Desirée Clary y Jean Baptiste Bernadotte se conocerían en París, en una recepción de José Bonaparte, unos dos años después de que Napoleón la dejase marchándose, nunca mejor dicho, a la francesa. Con su matrimonio, Bernadotte se convirtió asimismo en pariente de los Bonaparte.

Pero hasta aquí por ahora… Pronto la segunda parte

Seguimos hoy con la ceremonia seguida al levantarse el rey francés. Nos habíamos quedado la última vez en la cuarta entrada, o entreé de la chambre. Seguimos desde dicho punto, es decir con la quinta entrada.

La admisión a la quinta entrada dependía hasta cierto punto de la buena voluntad del primer camarero y, naturalmente, del beneplácito del rey. Estaba formada por señores y damas de la nobleza que gozaban de tal favor del rey, a quienes el camarero les permitía la entrada; tenían así preferencia para acercarse al rey antes que los demás.

Había finalmente un sexto tipo de entrada que era la más solicitada de todas. No se entraba en esta por la puerta principal de la alcoba del rey, sino por una puerta trasera; esta entrada estaba reservada para los hijos del rey, incluso los ilegítimos, con su familia y yernos, así como al poderoso surintendant des bâtiments. Se preguntaran quizás ¿Y qué grandeza tiene entrar por la puerta trasera de un recito? Pues mucha, pertenecer a este grupo era considerado una enorme gracia, pues sus miembro tenían licencia para entrar en cualquier momento al gabinete real, siempre que el rey no celebrara consejo o hubiese comenzado un trabajo especial con sus ministros, y podían permanecer en la habitación hasta que el rey salía para ir a misa y aun cuando estaba enfermo.

Como se evidencia, todo estaba dispuesto con bastante exactitud. Los dos primeros grupos eran admitidos cuando e, rey todavía estaba en el lecho y llevaba una pequeña peluca (pues el rey nunca se presentaba en público sin peluca, ni si quiera estando en la cama). Cuando ya se había levantado y el gran chambelán con el primer camarero le habían vestido con la toga se llamaba al grupo siguiente, la première entrré. Cuando el rey se había calzado, llamaba a los officiers de la chambre y se abrían las puertas para la siguiente entreé. El rey tomaba su toga. El maître de la garderobe tiraba de la camisa de noche por la manga derecha, mientras que el primer sirviente de la garderobe, tiraba de la izquierda; el gran chambelán o uno de los hijos del rey presentes en ese momento traía la camisa de día. El primer camarero sostenía la manga derecha, el primer sirviente de la garderobe, la izquierda. Entonces el rey se ponía la camisa, se levantaba de su sillón y el maître de la garderobe lo ayudaba a atarse los zapatos, le sujetaba la espada al costado, le vestía la túnica, etc. Una vez vestido, el rey hacia una breve oración, mientras el primer limosnero pronunciaba un rezo en voz baja. Mientras tanto, toda la corte esperaba ya en la gran galería situada detrás del dormitorio del rey. Tal era el “lever” del rey en la época de Luis XIV.

Y aquí viene entonces la anécdota de los tiempos de María Antonieta. Pero primero vale hacer algunas aclaraciones. La primera, y casi obvia, la existencia análoga  de un “lever” de la reina igual o similar al del rey. La segunda, que esta tradición se mantuvo hasta el reinado de Luis XVI y María Antonieta. Pero para estos tiempos dicho acto se había naturalizado e institucionalizado de tal manera que las reglas se seguían de una manera absolutamente absurda.

En ese sentido la anécdota, o una posible suposición. Resulta ser que, en el caso del “lever” de la reina, la dama cortesana en servicio tenía el derecho de acercar la camisa a la reina, mientras esta se vestía. Las damas palaciegas le ponían la enagua y el vestido. Pero si, ocasionalmente; llegaba una princesa de la familia real, a ésta asistía el derecho de poner la camisa a la reina. Una vez, pues, que la reina totalmente era totalmente desvestida por sus damas, su camarera sostenía la camisa y apenas la había presentado a la dama cortesana cuando entraba en la habitación la duquesa de Orleans. La dama cortesana debía entonces devolver la camisa a la camarera y esta entregársela a la duquesa. Justo en este momento se hace presente en la habitación la condesa de Provence, de mayor rango, por lo que otra vez la camisa debe volver a la camarera, y solo de esta la recibirá la condesa, para poder entregársela por fin a la reina, que durante todo aquel trajín había tenido que esperar pacientemente desnuda, viendo como las damas se pasaban la camisa.

Fuente: Norbert Elías: “La Sociedad Cortesana”

Como ya es de público conocimiento, en las últimas semanas, y también durante las que siguen, me encuentro rindiendo exámenes en la Facultad. Es por ese motivo que me he alejado un poco de la redacción de nuevas entradas. Sin embargo, gracias al estudio me he encontrado con una historia muy interesante que creo merece un lugarcito en esta bitácora.

Pues, verán. La cosa es así. Entre los textos que tengo que leer para rendir mis exámenes se encuentra uno escrito por el, entre otras cosas, sociólogo Norbert Elías. Se trata de algunos pasajes del libro “La Sociedad Cortesana” (libro altamente recomendable si me preguntan), en los cuales me he encontrado con una interesante descripción de una de una de las ceremonias más llamativas de la corte francesa durante los tiempos del gran “Rey Sol” (mencionado aquí hace algunos días). Se trata del “Lever” (levantarse) del Rey. ¿De qué se trata y en qué consistía este ritual? Pues eso es lo que tratare de desenmarañar en esta entrada.

Como supongo todos, o casi todos, deben de saber, la sociedad cortesana estaba formada por un complejo entramado de personajes, cada cual con su prestigio y escalón social. Todos se encontraban inmersos, a su vez, en una especie de “lucha” intensa por mantener su posición o, de ser posible, mejorarla. En ese sentido, a Luis XIV se le ocurrieron un amplio número de ceremonias que permitían a los individuos de la corte mostrar su estatus, e incluso tal vez mejorarlo. Una de estas ceremonias era la ya menciona: El Lever.

Habitualmente a las 8 de la mañana y, en todo caso, a la hora que él habitualmente había determinado, el rey era despertado por el primer ayuda de cámara que dormía a los pies de la cama real. En ese momento se abren las puertas de la recamara a los pajes. Uno de ellos, entre tanto, ha avisado ya al gran Chambelán (algo así como el gran mayordomo) y al primer camarero; otro a la cocina real para el desayuno; un tercero hace guardia en la puerta y solo permite el paso a los señores que ostentan tal privilegio, los cuales no son muchos.

Dicho privilegio era adquirido al alcanzar un escalafón muy preciso. Existían así seis grupos distintos de hombres a quienes concedían tal honor. Cada uno de ellos tenía una entrada precisa, y un momento adecuado para ingresar: Los momentos conocidos como Entrée.

En primer lugar se hallaba la entrée familière. Durante esta ingresaban al recinto del rey hijos y nietos legítimos del monarca, junto a príncipes y princesas de linaje, el primer médico, el primer cirujano, el primer camarero y los pajes de cámara.

Seguí luego la grande entrée, formada por los grands officiers de la chambre et de la garde-robe (algo así como los grandes o altos oficiales o funcionarios de cámara) y los señores de la nobleza a los que el rey había concedido tal honor. Luego la seguí la première entrée, compuesta por los lectores del rey, los intendentes de diversiones y las solemnidades y otros. La cuarte correspondía a la entrée de la chambre, e incluía al resto de los officiers de la chambre, además del grand-aumônier (primer limosnero), los ministros y secretarios de Estado, los conseilleirs d’Etat, los oficiales de guardia personal, los mariscales de Francia, etc.

Hasta aquí por ahora… pronto la segunda parte, con las otras dos entrée  y una curiosa anécdota sobre una de estas ceremonias en los tiempos de Luis XVI y María Antonieta.

Pd) Vale aclarar que, la segunda parte, ya se encuentra terminada y autoprogramada, por lo cual no deberán esperar demasiado. Solo las corte por la extensión. Un saludo.

Estoy seguro de que todos conocen a Luis XIV. También todos han sentido nombrar alguna vez la frase que, a su manera, encabeza la entrada: “El Estado Soy Yo”. Todos también saben que fue Luis quien la pronuncio, y que la frase es utilizada para resaltar la visión estereotipada del absolutismo político, encarnado, entre otros, en Luis XIV.

Famoso retrato del Rey Sol realizado en 1701 por Hyacinthe Rigaud, para su nieto, el rey Felipe V de España, aunque finalmente el lienzo se quedó en Francia.

Famoso retrato del Rey Sol realizado en 1701 por Hyacinthe Rigaud.

Pero les tengo noticias (aunque tal vez no se una novedad para muchos de los que leen): Luis XIV probablemente jamás pronuncio esa frase. Sí, así como lo leyeron.

Les contare de todas maneras la posible historia de cómo la pronuncio. En cierta ocasión Luis XIV se encontraba haciendo lo que muchos reyes de la época hacían para pasar el tiempo y como deporte: Cazar.

Estaba entonces el que luego sería conocido como “El Rey Sol”, de caza por Vincennes, cuando se enteró de que el Parlamente de París se había opuesto a una norma dictada por él. Ni que decir como se puso Luis. Aunque, a decir verdad, estaba el Parlamento estaba completamente en su derecho al realizar dicha acción. Pero saben lo que opina un rey absolutista de estas “libertades” que se tomaba el Parlamento, y Luis XVI no era una excepción. Fue entonces, cuando viajó de inmediato hasta París. Aun vestido de cazador y con su arma en mano, penetro en la sala Parlamentaria e increpo al presidente de la Cámara, diciéndole que tenían completamente prohibido examinar y discutir las normas por él dictadas.

Coronación de Luis XIV en Reims 1654.

Coronación de Luis XIV en Reims 1654.

El presidente, aunque seguramente un poco asustado por la presencia armada del Rey Sol, no se dejo intimidar por completo, y comenzó a elucidar sobre formalismos, y entre ellos comentó a su majestad que el Parlamento discutía los edictos reales en la búsqueda del bien del Estado. El rey, que ya comenzaba a rabiarse atajó aquellas ideas en un momento con la frase conocida: “El Estado soy yo”.

Comentada ya la historia, es momento de desmentirla. Lo cierto es que está considerada por los historiadores como una imprecisión histórica. Y es más probable que dicha frase fuera forjada por sus enemigos políticos para resaltar la visión estereotipada del absolutismo político que Luis representaba

Seguramente, dichos competidores se hayan valido de la siguiente cita: “El bien del estado constituye la Gloria del Rey”, esta si sacadas de sus Reflexiones.

Por otro lado, otra anécdota del rey francés, también difícil de creer por la edad en que la pronuncio , es la que nos cuenta que cuando tenía tan solo tres años falleció su padre, Luis XIII. En sus últimos momentos, el moribundo monarca hizo traer a su hijo al lecho en el que esperaba su hora y como ya estaba con un pie, y casi toda la pierna, en el otro mundo, no recordaba el nombre de su heredero. Así que le preguntó: “¿Cómo te llamas?”. El niño, con sólo tres años, contestó: “Luis XIV, papa”. Todo un adelantado.

Finalmente agregar que en contraposición a las citas mencionadas arriba, ya sean apócrifas o fidedignas, antes de morir Luis XIV declaro: «Je m’en vais, mais l’État demeurera toujours», es decir, «Me marcho, pero el Estado siempre permanecerá».

La efigie de la tumba de Luis XIV, cripta de la Basílica de Saint-Denis, París.

La efigie de la tumba de Luis XIV, cripta de la Basílica de Saint-Denis, París.

Fuentes: Wikipedia

Blog Curistoria

Pd) En las próximas comienzo con los exámenes en la Facultad, así actualizare este blog de una manera menos frecuente, ya que de momento primero se encuentra el estudio. Espero que lo sepan disculpar. Un Saludo.

Como buen hijo y esposo de españolas, Luis XIV (también conocido como el “Rey Sol”) era un admirador de la lengua y la literatura hispana. Tal es así que, en cierta ocasión, se dirigió a uno de sus cortesanos y le preguntó si hablaba español. Leer el resto de esta entrada »

Bienvenidos a la historia

Hola, yo soy Uriel, el encargado de este blog, que busca expresar la historia de otro modo. Espero que encuentren lo que buscan y disfuten de la informacion que les puedo brindar. Muchas gracias por haber entrado y mucha suerte.

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