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Que!??? Ya 21 días fuera?? Uf… si que deje esto medio abandonado… Tuve algunos agitados, pero bue, pero prometí cuatro entrada por mes, así que trabajare para cumplir con ese propósito. En ese sentido la entrada de hoy, que tiene como protagonistas a dos grandes de la historia mundial: Alejandro Magno y Julio Cesar.
Esta anécdota ha de ser por demás conocida, pero estos últimos días ha tenido una gran incidencia en mi vida, y decidí traerla aquí para que aquellas que no la conozcan puedan disfrutar de ella.
Resulta ser que en el año 69 a.C., a la edad de 30 años, Julio Cesar será elegido por los Comicios como cuestor. Tal puesto implica, para aquellos que no lo sepan, un cargo administrativo en las provincias. Para el caso que nos atañe, al futuro emperador romano, en el sorteo subsiguiente, le fue asignado un cargo en la provincia romana de Hispania Ulterior (situada en lo que es hoy día Portugal y el sur de España).
Cuentan las leyendas que en aquella provincia, Cesar se encontró, en cierta ocasión frente a una estatua del gran macedonio. Frente a aquella estatua el romano pasó por un breve estado de depresión. A los pies de la inmortalización de Alejandro dio rienda suelta a su tristeza y lloró amargamente, puesto que en comparación sus acciones no eran nada contra las de su ídolo, su máximo modelo, el gran conquistador.
- “Este hombre, a mi edad, ya había conquistado el mundo!!”.- Se quejo Cesar, mientras sus lagrimas caían en por su rostro.
Al parecer, continúan las leyendas, poco tiempo después, mientras descansaba en el Templo de Hércules Gaditano (Herakleión) de la ciudad de Gades (situado en lo que actualmente es el Islote de Sancti Petri), César tendría un sueño premonitorio. Un sueño que le prometió el posterior dominio del mundo, luego de haber llorado frente al busto de Alejandro por haber cumplido su edad sin haber alcanzado un éxito importante.
Fuentes y más sobre Julio Cesar:
Seguimos con la historia de Pirro y sus “victorias”
Sucedía que en su impasible intento de unificar el territorio italiano y griego, un proyecto largamente acariciado y encarnizado perseguido por su Senado, los romanos se decidieron por conquistar la Península Sur en la cual se encontraban todas estas colonias floreciente y abundantemente ricas. Fue entonces cuando Tarento, que era una especie de primus interpares y, por lo tanto, la que tenía más que perder, decidió salir en búsqueda de aliados para enfrentar a las poderosas tropas romanas. Fue de esta manera que se encontraron con Pirro, el más distraído entonces de entre los reye, pero a la vez el más aguerrido de todos los capitanes.
Sin necesidad de pensárselo dos veces, Pirro movilizo sus huestes y partió hacia el sur de Italia con un numeroso y amplio ejército. Pero la travesía no le salió nada barata a nuestro amigo: En medio del camino una tempestad desbarato el convoy pírrense, incluso Pirro estuvo a punto de pasar a mejor vida, según las crónicas solo se salvó de milagro. Con lo poco que quedaba de su ejército, y una vez pasada la tempestad Pirro logro llega a Tarento, y allí tuvo que verse forzado a meter en cintura a los tarentinos, pocos dispuestos a sumarse a las filas de su ejército debido a la buena vida a la que estaban acostumbrados.
Una vez rehechas sus filas con hombres, caballos y elefantes llegadas de Grecia, se enfrentó a los romanos, cerca de la también productiva colonia griega de Heraclea. La batalla acabó con victoria para Pirro, sobre todo debido al espanto que causaron los elefantes en los romanos y sus caballos, ya que eran la primera vez que se enfrentaban a tales bestias. De todos modos la victoria le salió cara: Además de que estuvo a punto de perecer en el combate, muy pocos romanos murieron en la batalla, menos de quince mil, en comparación con los cerca de trece mil soldados que perecieron en la huestes de Pirro.
Pero aquí no termina la historia, ya que no contento con el primer resultado, Pirro volvió a enfrentarse a los romanos en un segundo combate, que esta vez acabó en tablas. Al parecer el empate se debió en gran parte a la pérdida del temor que originaban los elefantes en los romanos, más aun cuando un soldado romano demostró que aquella bestias si podían morir. En Ásculo (tal era el nombre del sitio donde se enfrentaron esta vez) Pirro volvió a estar cara a cara con la muerte, cuando recibió un lanzazo enemigo, pero volvió a zafar milagrosamente. Quince mil hombres, aproximadamente, por cada bando fueron los que sucumbieron en aquel campo. Tras esta segunda batalla ambos ejércitos se retiraron de la zona.
Cuentan que alguien del sequito de Pirro se acercó para felicitarlo por el resultado de las batallas. Fue justo en aquel instante cuando Pirro, mezclando el realismo con el sentido de humor le contesto aquello de “Sí, con una sola vez más que venzamos a los romanos, estaremos acabados sin remedio”… (O cualquiera de las versiones que conozcan acerca de lo que dijo).
Y de aquí procede el dicho de “Victoria Pírrica” que, aplicado a litigios de cualquier índole (ya sean bélicos, económicos, políticos, o incluso muchos más inocentes), nos remite a que el beneficio para el ganador es al final escaso, comparado con el costo invertido para lograrlo.
Fuente: Revista La Aventura de la Historia, N° 1 (Nov de 1988)
Imagenes Vía Wikipedia. Y la imagen final (la que vendra abajo) es de aquí
Más Sobre Pirro en la Wikipedia
Probablemente todos conozcan lo que es una victoria pírrica. Pero por si acaso les diré que una victoria pírrica es aquélla que se consigue con muchas pérdidas en el bando aparentemente o tácticamente vencedor, de modo que aun tal victoria puede terminar siendo desfavorable para el aparentemente o tácticamente vencedor. Vamos, una de esas en las que casi pierdes más de lo que ganas. Todos, o casi todos sabrán también que el nombre de este tipo de victorias proviene del general y estratega Pirro, rey de un pequeño territorio griego llamado Epiro. Seguramente también estarán al tanto de que se dice que Pirro, al contemplar el resultado de su batalla contra los romanos, dijo “Otra victoria como ésta y volveré solo a casa” (en griego: Ἂν ἔτι μίαν μάχην νικήσωμεν, ἀπολώλαμεν.). Pero se me han dado las ganas de traer su historia a colación, para aquellos que no la sepan, y, por qué no, para que la recuerden aquellos que si la conocen. Así que aquí les va.
El territorio Epiro ocupaba una estrecha franja costera del mar Jónico, frente a la isla de Corfú, al sur del Adriático. Dicha región estaba habitada por el pueblo de los molosos, pueblo pobre a causa de lo árido y escarpado de su geografía, y que, por lo tanto, era belicoso, dado al saqueo y a la búsqueda de botín y fortuna allende sus fronteras. Pirro supo sacar provecho de las inclinaciones de su pueblo y de las circunstancias políticas en Grecia a comienzos del S. III a.C., como nadie había podido hasta entonces. En plena pelea entre los sucesores de Alejandro, se convirtió en una especie de condottiero (es decir un caudillo), dispuesto a intervenir en cualquier conflicto que se le pusiera por delante, llegando a ser una pesadilla para sus vecinos. Pronto se labró una gran fama de hombre audaz, infatigable, astuto generoso y gran estratega. Tal es así que sus contemporáneos llegaran a compararlo con Alejandro Magno, incluso Aníbal lo colocaba por encima de sí mismo de Escipión.
En cierta ocasión intento quedarse con el trono de Macedonia, pero fracaso y se retiró nuevamente a Epiro. Cuanta de él su biógrafo Plutarco que: “Ofrecíale la fortuna el poder gozar de la presente sin inquietudes y vivir en paz gobernando su propio reino; pero para él, el no causar daño a otros ni recibirlo de ellos a su vez, era un tormento”. De este “tormento” vendrían a sacarlo los mensajeros de la antigua colonia griega de Tarento, la más floreciente de las colonias que formaban la conocida Magna Grecia.
Pero tendran que esperar para conocer esa parte de la historia… Continuara…
El ayer leía otra de las revistas de Historia y Vida que, como ya les había comentado, me presto mi amigo, esta vez la de Diciembre de 2009, y me encontré con la historia acerca del origen de la frase “Entrar al círculo de Popillo”. Seguramente muchos de ustedes conocerán dicha frase y estoy seguro de que la han utilizado muchas veces. Sin embargo si no la conocen les diré que usualmente se dice que alguien ha entrado en el “circulo de Popillo, para expresar que ese alguien debe de tomar una decisión inaplazable.
Ahora que todos ya sabemos el concepto, les diré que el origen de esta expresión se remonta al año 170 a.C. Por aquel entonces el reino de Siria se encontraba en pleno proceso de expansión y amenazaba las fronteras del Imperio Romano. Fue entonces que el cónsul Popillo Lena exigió al rey sirio poner fin a su veloz carrera de conquistas. El monarca, aliado de Roma y contento por la expansión que estaba alcanzando su reino, pidió al cónsul romano tiempo para pensarlo.
Ante aquella petición Popillo tomo su espada y dibujó un círculo en torno a los pies del rey y le indicó: “No saldrás de este círculo antes de que me des tu respuesta”. Sin dudas el soberano sirio no tardo en darle su respuesta al cónsul ¿No creen?
Fuente: Historia y Vida Nº 501 (Diciembre de 2009)
Hoy les hablare de los augures. Un Augur era un sacerdote de la Antigua Roma que practicaba oficialmente la adivinación por medio del vuelo, canto o alimentación de determinadas aves. Algo que parece muy curioso desde nuestra perspectiva, pero que era muy usual hace 2000 años. Son de origen etrusco, aunque su institución se atribuyó al rey Numa.
Dicho de otra forma, estos augures eran una especie de adivinos reales de la Antigua Roma. Incluso, antiguamente, los augures eran inamovibles, y tenían gran influencia en casi todas las decisiones importantes del gobernante, ya fueran políticas como militares o económicas. Era tan así que su corporación constituía uno de los cuatro prestigiosos colegios sacerdotales de la Antigua Roma.
Curioso esto de leer el futuro por medio del vuelo, canto o alimentación de determinadas aves, sin embargo parece que funcionaba porque resistieron durante mucho tiempo cerca de los reye, incluso fue de este oficio que deriva la palabra castellana augurio, utilizada para referirse a una premonición, y también proviene de ella la forma de despedir en Euskera: Agur!
Más en: Augur (Wikipedia)













