Historia Argentina

Al poco tiempo de establecida la Primera Junta como gobierno patrio, se evidenciaron fuertes diferencias entre el presidente de la junta, Cornelio Saavedra, y su secretario, el protagonista de esta historia: Mariano Moreno. Leer el resto de esta entrada »
Hacia 1804, Mariano Moreno conoció el amor en Chuquisaca. Una joven de Charcas, María Guadalupe Cuenca, robo su corazón. El amor del subsiguientemente secretario de la Primera Junta, fue correspondido por Guadalupe, quien estaba destinada por su madre a ser monja contra sus intenciones. El amor que sintió por Mariano solo aumentó sus argumento para negarse a la reclusión del convento. Finalmente, seguramente no sin poca lucha, lograron casarse a poco de conocerse, y un año después, nació Marianito. Leer el resto de esta entrada »

Generalmente me considero imparcial a la hora de hablar de los personajes que han surcado nuestra historia… Prefiero mantenerme al margen, no criticarlos ni alabarlos y tan solo comentar su paso por la historia. Pero existen algunos con los que sinceramente no puedo… Y, entre ellos, Mariano Moreno es con aquel que más difícil se me hace, porque Mariano me tiene completamente de su lado.

Aspecto de Mariano Moreno, según la concepción de Adolfo Carranza y Pedro Subercaseaux Errázuriz

Aspecto de Mariano Moreno, según la concepción de Adolfo Carranza y Pedro Subercaseaux Errázuriz

Pero ¿Quién es Marino Moreno? Probablemente aquellos que conozcan un poco aunque sea de la historia latinoamericana conocerán a Mariano Moreno, o al menos lo han sentido nombrar. Pero estoy seguro de que la mayoría no está al tanto de su vida y por eso hoy, a 200 años exactos de su muerte, he decidido comenzar una serie de post en su honor. Si, en la madrugada de un 4 de Marzo como hoy, pero de 1811, Mariano terminaba con su agonía (hacía varios días que se encontraba enfermo) para pasar a, tal vez, una mejor vida.

Decía recién que muy probablemente los conocedores de la historia Latinoamericana lo hayan sentido nombrar, y no es para menos, puesto que fue uno de los personajes que tuvieron una participación importante en los hechos que condujeron a la Revolución de Mayo, y, por si fuera poco, Mariano también tuvo una actuación decisiva como secretario de la Primera Junta, el primer gobierno de las Provincias Unidas de la Plata (Actualmente mi Argentina querida).

Pero Moreno fue, a la vez, mucho más que eso. Fue abogado, periodista y político. Con sus escritos y exposiciones contribuyó al desarrollo del comercio en el Río de la Plata. Además en Julio de 1810, la Junta designará a Moreno para que redacte un Plan de Operaciones, el proyecto de estrategia política de la revolución, debido a la gran capacidad que Moreno tenía con la escritura y la oratoria. Y si sumamos esto a su trágica muerte (muere en altamar, probablemente envenado a los 32 años), podemos decir que es un personaje digno de ser tenido en cuenta.

La historia de su vida no tiene un comienzo preciso, puesto que según las fuentes que se consulten, Mariano Moreno pudo haber nacido un 3 o un 23 de Septiembre de 1778. Su padre fue Manuel Moreno y Argumosa, nacido en Santander (España), y funcionario de la Tesorería de las Cajas Rurales. Su madre, Ana María Valle, una de las pocas mujeres en Buenos Aires que sabía leer y escribir, y con quien Moreno aprendió sus primeras letras. De la unión de ambos nacieron 14 hijos, de los cuales Mariano fue el mayor.

El de los Moreno era un típico hogar de funcionario de mediana jerarquía, con casa propia y varios esclavos, en los Altos de San Telmo, a prudente distancia del aristocrático barrio del Fuerte. Su aprendizaje posterior estuvo limitado por las escasas posibilidades económicas de su familia: la escuela del Rey y el Colegio de San Carlos, que sólo se lo admitió como oyente.

Dr. Mariano Moreno, por Erminio Blotta.

Dr. Mariano Moreno, por Erminio Blotta.

Su aspiración de seguir estudios en la Universidad de Chuquisaca (la más importante de Sudamérica por aquel entonces) se vio postergada hasta que su padre pudo reunir el dinero y los contactos dentro del ámbito literario necesarios para tal fin. Así, recién en noviembre de 1799, Moreno logro emprender larga travesía hacia el Norte, que incluyo dos meses y medio de viaje, durante los cuales sufrió quince días de enfermedad en Tucumán. El largo viaje supuso el prólogo de su nueva vida. Luego de eso, Moreno no sería el mismo.

Durante su estadía en Chuquisaca Moreno frecuentó la biblioteca del canónigo Terrazas (hombre de gran cultura con quien Mariano trabó una profunda amistad); en aquella biblioteca se encontrarían con las obras Juan de Solórzano y Pereyra, de Victorián de Villalba y Jean-Jaque  Rousseau, quienes le dejarían la más profunda huella.

El reclamo de Solórzano, en su Política Indiana, a cerca de la igualdad de derechos para los criollos. La denuncia de Villalba, en su Discurso sobre la mita de Potosí, de la brutal esclavitud a que se sometía a los indios en las explotaciones mineras. Y, sobre todo, el discurso directo y contundente de Rousseau, principalmente el utilizado en “El Contrato Social”, impresionaron particularmente  al joven abogado de clase media.

En 1802, Moreno decidió visitar Potosí y quedó profundamente conmovido por el grado de explotación y miseria al que eran sometidos los indígenas en las minas de dicha región. De regreso a Chuquisaca, escribió su Disertación jurídica sobre el servicio personal de los indios, donde decía, entre otras cosas:

“Desde el descubrimiento empezó la malicia a perseguir unos hombres que no tuvieron otro delito que haber nacido en unas tierras que la naturaleza enriqueció con opulencia y que prefieren dejar sus pueblos que sujetarse a las opresiones y servicios de sus amos, jueces y curas”.

Pero esto es todo por ahora. Pronto la Segunda parte…

Continuara…

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Archivo de Marzo 2, 2010

Hoy les traigo una historia con moraleja. Como ustedes saben no todo en la vida es negocio, y no todo en la vida es placer; aunque parezca difícil uno siempre debe de intentar mantener las raciones justas de cada uno de ellos, sin olvidarse de la otra parte, y sabiendo en que momento uno tiene que poner por encima el deber y en cual el placer. La historia de hoy trata sobre este tema y lo representa en una anécdota de un general de mi país, sobre el padre de mi patria, sí, hablo del General Don José de San Martín.

San Martín Anunciando la Independencia Peruana

San Martín Anunciando la Independencia Peruana

Ustedes saben muy bien que así como existen hombres que son las peores lacras de la sociedad también existen otros que son todo lo contrario. Estos son capaces de dar todo por su país o por sus iguales, incluso su vida. Aunque a los españoles quizás no les caiga del todo bien, el general Don José de San Martín era uno de esos tipos, y si no me creen lean la siguiente historia y sabrán de que les hablo (aunque esta no expresa del todo hasta donde era capaz de dar el general).

San Martín tenía fama de ser tan estricto como comprensivo con sus filas. Se cuenta que una vez un soldado le espectó: “Mi general, necesito hablar con Don José de San Martín”. “Aquí me tienes” le contesto él. Pero el subordinado agregó: “No con el general, sino con el señor” “¿En que puedo ayudarte?” preguntó el señor San Martín. “Anoche -comenzó a explicar el joven- perdí en el juego dos mil reales que eran propiedad del batallón. Le ruego que tenga compasión de mí”. Al escuchar esto, Don José se dirigió al cajón de su mesa, sacó el dinero mencionado y se lo entrego al soldado diciéndole: “Pague lo que debe usted a la caja del batallón y guarde en secreto lo que José de San Martín acaba de hacer. Tenga por cierto que si el general San Martín se entera, le manda a fusilar”

Una historia corta, pero que me pareció, valía la pena publicar. Y recuerden que no se deben mezclar el deber con el placer y la amistad

Fuente: Revista Historia Y Vida
san martin

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El Nuevo Gobierno

Ayer pasamos por el día clave del proceso, pero la cosa aun no terminaba. Faltaba el juramento, y en esta parte el cabildo intento una última y desesperada trampa. El acta decía:

“[…] No reconocer otro soberano que el Señor Fernando VII y sus legítimos sucesores, según el orden establecido por las leyes, y estar subordinado al gobierno que legítimamente represente.”

Conociendo los objetivos finales de los independentistas, el Cabildo pretendía subordinar el nuevo gobierno a cualquier engendro que en España se proclamase representante de rey que había traicionado a su pueblo en Bayona. Pero si algo sobraba en la junta eran abogados perspicaces (había cuatro: Belgrano, Castelli, Moreno y Paso) que advirtieron la maniobra y cambiaron la fórmula por la siguiente:

“[...] desempeñar legalmente el cargo, conservar íntegra esta parte de América a nuestro Augusto soberano el Señor Don Fernando VII y sus legítimos sucesores y guardar puntualmente las leyes del reino.”

Baltasar Hidalgo de Cisneros

El texto dejaba en claro que la Junta asumía la representación directa del rey, ignorando explícitamente a todo intermediario. Una actitud importante de destacar, que habla de un armado estratégico que consistía en la opción por el mal menor, para ir ganando tiempo en una coyuntura muy desfavorable y una relación de fuerzas con el enemigo notablemente desigual.

Retrato de Santiago de Liniers

Vendrían tiempos muy difíciles. No había español en la Tierra que se creyera lo de la mascara de Fernando VII y la guerra a la revolución era una efectiva amenaza a la vuelta de la esquina. Cisneros, Liniers, Nieto, Abascal, Córdova y De Paula Sanz velaban sus armas para masacrar a los revolucionarios, mientras España se preparaba a enviar refuerzos militares. La corte portuguesa de Río de Janeiro esperaba la oportunidad para escarmentar a sus vecinos “desobedientes” y cortar el mal ejemplo. Inglaterra observaba expectante y prometía no meterse siempre y cuando siguiéramos declarando nuestra fidelidad a Fernando VII. Había que estar locos, sanamente locos, para ponerle el pecho al mundo y comenzar a soñar con una patria nueva y justa para todos.

Había que darse el permiso para la maravillosa utopía, para soñar que en doscientos años -y mucho antes- todo sería distinto. Quizás nadie mejor que Juan Bautista Alberti para hacerle decir a Belgrano (en su obra teatral “La Revolución de Mayo. Crónica dramática”) las siguientes palabras:

BELGRANO.- Nosotros somos eso locos; ¿lo saben ustedes, mis amigos? ¡Somos locos, porque pensamos que hay una justicia eterna que es llamada a gobernar el mundo; somos locos, porque pensamos que todos los hombres nacen iguales y libres, que lo mismo en religión que en política ellos tiene derechos y deberes uniformes a los ojos del Cielo; somos locos, porque pensamos que todos los pueblos son libres y soberanos, que la procede de sus voluntades; somos locos, porque pensamos que el reino de la razón ha de venir algún día; somos locos, porque no queremos creer que los tiranos, y la impostura y la infamia, han de gobernar eternamente sobre la tierra; somos locos porque no queremos creer que nada hay en el mundo de positivo y perpetuo, fuera de las cadenas, los cañones, el plomo y el crimen! Por eso somos locos, sí, y si por eso somos locos, yo me lleno de orgullo de ser loco de ese modo. Yo me ennoblezco con la locura de creer como creo, que un sepulcro está cavado a para nuestros tiranos, que la libertad viene, que el reinado del pueblo ya se acerca, que una grande época va a comenzar.

Cuadro de Belgrano realizado por Francois Casimir Carbonnier

Fuente: Libro “1810” de Felipe Pigna
Enlaces Interesantes:
Página Oficial de Bicentenario
Video de Desfile del Bicentenario en You Tube
Infografias del Historiaador (página de Felipe Pigna)

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Llega el Viernes 25

Aquel lluvios 25 de Mayo, aunque el cabildo no estaba tan concurrido ni había tantos paraguas

Aquel lluvioso 25 de Mayo, aunque el cabildo no estaba tan concurrido ni había tantos paraguas

Todo parece indicar que, contradiciendo a la famosa canción que habla del sol del 25 que venia asomando, aquel día de mayo de 1810 amaneció lluvioso y frío, pero eso no hizo efecto en la gente, cuya “sensación térmica” era completamente diferente. Desde muy temprano y durante toda la mañana del 25 de mayo, una gran multitud comenzó a reunirse en la Plaza Mayor (actual Plaza de Mayo) liderados por los milicianos de Domingo French y Antonio Beruti. Se reclamaba la anulación de la resolución del día anterior, la renuncia definitiva del virrey Cisneros y la formación de una Junta de gobierno.

La lluvia aun estaba presente, pero, lejos de muchas creencias habituales, los paraguas no abundaban entre la multitud; si había algunos, pero no tantos como muchos especulan, ya que en aquel lejano Bs. As., dichos artefactos (conocidos en Europa desde el S XVIII) eran bastante caros. Así que los que podían se cubrían con sus capotes, y los que no se las arreglaban como podían.

Poco a poco, entre los militantes de la Legión Infernal comenzaron a infiltrarse partidarios de Cisneros, así que sus dos lideres (French y Beruti) comenzaron a repartir las famosas “escarapelas”, que en realidad solo eran un distintivo para poder identificarse por si se armaba el lio.

Domingo French

Domingo French

El Cabildo se reunió a las nueve y trato en primer lugar la renuncia de Cisneros. Los empecinados seguidores de Cisneros, que aun dominaban la institución intentaron resistir y, a través de Leiva, argumentaron que el cabildo no estaba en condiciones de delegar la autoridad. Incluso intentaron que la finada junta trucha presidia por Cisneros reasumiera sus funciones y que los comandantes se dispusieran a reprimir el descontado desborde popular a sangre y fuego y a fusilar a algunos cabecillas como escarmiento.

Los muchachos patriotas, que estaban reunidos en lo de Azcuénaga (situada en la esquina de las actuales Hipólito Yrigoyen y Defensa, con una excelente vista a la Plaza) y que tenían sus informantes dentro del cabildo, se enteraron de las barbaridades que se estaban planteando en la reunión. Inmediatamente, una avalancha sobre el edificio y un grupo compacto y muy bien equipado, encabezado por Chiclana y French, invadió la sala capitular, reclamando la renuncia del virrey y la anulación de la resolución tomada el día anterior.

Miguel de Azcuénaga. Óleo - Museo Histórico Nacional de Argentina.

Miguel de Azcuénaga. Óleo - Museo Histórico Nacional de Argentina

En el Cabildo volvieron a reclamar que la agitación popular fuese reprimida por la fuerza. Con este fin se convocó a los principales comandantes, pero éstos no obedecieron las órdenes impartidas. Varios, entre ellos Saavedra, no se presentaron; los que sí lo hicieron afirmaron que no sólo no podrían sostener al gobierno sino tampoco a sí mismos, y que en caso de intentar reprimir las manifestaciones serían desobedecidos.

Fue entonces que el mismo Leiva se enfrento a los revolucionaros, y con vos calmada se atrevió a preguntarles: “¿Qué pretenden?” la respuesta fue contundente “la renuncia efectiva de Cisneros”. En esos mismos momentos entraron a la sala Saavedra y Beruti y accedieron a retirar a algunos de los muchachos de la Plaza, pero dejando bien en claro que si no se cumplía con el pedido, no dudarían en entrar rápidamente en acción. Cisneros, que seguía resistiéndose a renunciar, y los capitulares se ratificarón y formalizaron los términos de la renuncia del virrey, abandonando toda pretensión de mantenerse en el gobierno.

La composición de la Primera Junta surge de un escrito presentado por French y Beruti y respaldado por un gran número de firmas, y estos eran sus nombres:

Presidente

  • Cornelio Saavedra

Vocales

  • Dr. Manuel Alberti
  • Cnel. Miguel de Azcuénaga
  • Dr. Manuel Belgrano
  • Dr. Juan José Castelli
  • Domingo Matheu
  • Juan Larrea

Secretarios

  • Dr. Mariano Moreno
  • Dr. Juan José Paso
  • La Junta estaba conformada por representantes de diversos sectores de la sociedad: Saavedra y Azcuénaga eran militares, Belgrano, Castelli, Moreno y Paso eran abogados, Larrea y Matheu eran comerciantes, y Alberti era sacerdote.

    Fuente: Libro “1810” de Felipe Pigna
    Wikipedia: Artículo de “La Revolución de Mayo”

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    La Semana de Mayo (del 22 al 24)

    Martes 22 de mayo

    Domingo French

    De los cuatrocientos cincuenta invitados al cabildo abierto solamente participaron unos doscientos cincuenta. French y Beruti, al mando de seiscientos hombres armados con cuchillos, trabucos y fusiles, controlaron el acceso a la plaza, con la finalidad de asegurar que el cabildo abierto fuera copado por criollos; sin embargo, los colados gracias al control de la situación y las invitaciones  impresas de más no tenían poder de sufragio, ya que se votaba estrictamente siguiendo el padrón y a viva voz, siguiendo la lista. De todas manera, su función fue importante, ya que impidieron que varios vecinos que hubiesen votado por la continuidad del virrey no pasaran el “derecho de admisión” de la Legión Infernal.

    El debate en el Cabildo tuvo como tema principal la legitimidad o no del gobierno y de la autoridad del virrey. El principio de la retroversión de la soberanía planteaba que, desaparecido el monarca legítimo, el poder volvía al pueblo, y que éste tenía derecho a formar un nuevo gobierno.

    Uno de los oradores de la primera postura fue el obispo de Buenos Aires, Benito Lué y Riega, líder de la iglesia local. Lué y Riega sostenía la mantención del virrey en el poder.

    Juan José Castelli

    Juan José Castelli sostuvo que los pueblos americanos debían asumir la dirección de sus destinos hasta que cesara el impedimento de Fernando VII de regresar al trono.

    Cornelio Saavedra propuso que el mando se delegara en el Cabildo hasta la formación de una junta de gobierno, en el modo y forma que el Cabildo estimara conveniente. Hizo resaltar la frase de que “(…) y no queda duda de que el pueblo es el que confiere la autoridad o mando”.

    A la hora de la votación, la postura de Castelli se acopló a la de Saavedra. Luego de los discursos, se procedió a votar por la continuidad del virrey, solo o asociado, o por su destitución se decidió por amplia mayoría destituir al virrey: ciento cincuenta y cinco votos contra sesenta y nueve.

    A la madrugada del día 23 (ya que la junta duro toda la noche) se emitió el siguiente documento:

    “Hecha la regulación con el más prolijo examen resulta de ella que el Excmo Señor Virrey debe cesar en el mando y recae éste provisoriamente en el Excmo. Cabildo hasta la erección de una Junta que ha de formar el mismo Excmo. Cabildo, en la manera que estime conveniente”

    Miércoles 23 de mayo

    Baltasar Hidalgo de Cisneros

    Baltasar Hidalgo de Cisneros

    Tras la finalización del Cabildo abierto se colocaron avisos en diversos puntos de la ciudad que informaban de la creación de la Junta y la convocatoria a diputados de las provincias, y llamaba a abstenerse de intentar acciones contrarias al orden público.

    Sin embargo, a espaldas del pueblo era otra la cosa la que sucedía. Los hombres del virrey habían desvirtuado lo votado y en un acta volcó su trampa. El acta decía, a grandes rasgos, que si bien se había decidido en la asamblea que Cisneros debía ser sustituido de su cargo, no se había hablado de una destitución absoluta del poder; por esto el cabildo lo designaba como presidente de la nueva junta y designarle acompañantes hasta que llegaran los diputados del interior que formarían una nueva junta.

    Los “Empleados del Mes” firmantes habían sido: Juan José Lezica, Martín Gregorio Yañiz, Manuel Mancilla, Manuel José de Ocampo, Juan de Llano, Jaime Nadal y Guarda, Andrés Domínguez, Tomás Manuel de Anchorena, Santiago Gutiérrez y, el autor de la idea, Julián Leiva.

    Jueves 24 de mayo

    El día 24 el Cabildo, a propuesta del síndico Leiva, conformó la nueva Junta, que debía mantenerse hasta la llegada de los diputados del resto del Virreinato. En un sucio movimiento se formo de la siguiente manera:

    • Presidente y comandante de armas: Baltasar Hidalgo de Cisneros
    • Vocales: Cornelio Saavedra (criollo), Juan José Castelli (criollo), Juan Nepomuceno Solá (español) y José Santos Incháurregui (español).

    Cornelio Saavedra

    Dicha fórmula respondía a la propuesta del obispo Lué y Riega de mantener al virrey en el poder con algunos asociados o adjuntos, a pesar de que en el Cabildo abierto la misma hubiera sido derrotada en las elecciones. Los cabildantes consideraban que de esta forma se contendrían las amenazas de revolución que tenían lugar en la sociedad pero estaban muy equivocados.

    Cuando la noticia fue dada a conocer, tanto el pueblo como las milicias volvieron a agitarse, y la plaza fue invadida por una multitud comandada por French y Beruti. La permanencia de Cisneros en el poder, aunque fuera con un cargo diferente al de virrey, era vista como una burla a la voluntad del Cabildo Abierto.

    Por la noche, una delegación encabezada por Castelli y Saavedra se presentó en la residencia de Cisneros informando el estado de agitación popular y sublevación de las tropas, y demandando su renuncia. Lograron conseguir en forma verbal su dimisión. Un grupo de patriotas reclamó en la casa del síndico Leiva que se convocara nuevamente al pueblo, y pese a sus resistencias iníciales finalmente accedió a hacerlo.

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    La Semana de Mayo (del 14 al 21)

    Y al fin llego la Semana de Mayo, luego de una Asonada y dos intentos revolucionarios en 1809, llego el momento del triunfo para los independentistas. Pero la cuestión se resolvió de un día para el otro, sino que necesito de toda una semana para terminar de consumarse. Varios hechos se sucedieron entre el 14 de Mayo (día en el que llega la noticia de la caída de la Junta de Cádiz) y el 25 de Mayo (día que se formó la Primera Junta). Ahora veremos todo los sucesos de aquella “larga” Semana.

    Como recién decía, el 14 de mayo de aquel 1810 arribó al puerto de Buenos Aires un barco inglés (no se sabe con seguridad, pero las probabilidad sostienen que podría haber sido la goleta HMS Mistletoe o la fragata John Paris) procedente de Gibraltar con periódicos del mes de enero (como supondrán las noticias tardaban un poco en llegar) que anunciaban la disolución de la Junta de Sevilla al ser tomada esa ciudad por los franceses, que ya dominaban casi toda la Península.

    Cisneros intentó ocultar a toda costa las noticias, estableciendo para ello una rigurosa vigilancia en torno a las naves de guerra británicas e incautando todos los periódicos que desembarcaron de los barcos. Pero no pudo con todos, y uno de ellos llegó casualmente a manos de Manuel Belgrano y de Juan José Castelli. Éstos se encargaron de difundir la noticia, que ponía en entredicho la legitimidad del virrey, nombrado por la Junta caída.  La noticia también llego hasta Cornelio Saavedra, jefe del regimiento de Patricios, quien, en ocasiones anteriores, había desaconsejado tomar medidas contra el virrey ya que, desde un punto de vista estratégico, el momento ideal para proceder con los planes revolucionarios sería el momento en el cual las fuerzas napoleónicas lograran una ventaja decisiva en su guerra contra España.

    Al conocer las noticias de la caída de la Junta de Sevilla, todos estuvieron de acuerdo en que el momento había llegado, pero el cómo no estaba definido: El grupo encabezado por Castelli se inclinaba por la realización de un cabildo abierto, mientras los militares criollos proponían deponer al virrey por la fuerza.

    Viernes 18 de Mayo

    Aquel viernes Cisneros salió a hablar al balcón intentando apaciguar los ánimos del pueblo, hablando de la “delicada situación de España”, pero manteniendo el hecho de que la Junta había caído. Mientras los revolucionarios se reunían en la casa Rodríguez Peña y votaban solicitar al virrey la realización de un cabildo abierto para determinar los pasos a seguir por el virreinato. Para esa comisión, fueron designados Castelli y Martín Rodríguez

    Sábado 19 de Mayo

    Tras pasar la noche tratando el tema, durante la mañana (sin dormir) Saavedra y Belgrano se reunieron con el alcalde de primer voto, Juan José de Lezica, y Castelli con el síndico procurador, Julián de Leiva, pidiendo el apoyo del Cabildo para gestionar ante el virrey un cabildo abierto, expresando que de no concederse, lo haría por sí solo el pueblo o moriría en el intento.

    Domingo 20 de Mayo

    Lezica transmitió a Cisneros la petición que había recibido, y éste consultó a Leiva, quien se mostró favorable a la realización de un cabildo abierto. Al anochecer se produjo una nueva reunión en casa de Rodríguez Peña, en donde los jefes militares comunicaron lo ocurrido. Se decidió enviar inmediatamente a Castelli y a Martín Rodríguez a entrevistarse con Cisneros en el fuerte, facilitando su ingreso el comandante Terrada de los granaderos provinciales que se hallaba de guarnición ese día.

    Cuenta Martín Rodríguez en sus Memorias cómo fue la entrevista:

    Castelli.- Excelentísimo señor: tenemos el sentimiento de venir en comisión por el pueblo y el ejército, que están en armas, a intimar a V.E. la cesación en el mando del virreinato.

    Cisneros.- ¿Qué atrevimiento es éste? ¿Cómo se atropella así a la persona del Rey en su representante?

    Rodríguez.- Señor: cinco minutos es el plazo que se nos ha dado para volver con la contestación, vea V.E. lo que hace.

    Tras un momento de deliberación junto con Caspe (fiscal), el virrey se resignó y permitió que se realizara el cabildo abierto. Según cuenta Martín Rodríguez en sus Memorias póstumas, escritas muchos años después, sus palabras fueron:

    Señores, cuanto siento los males que van a venir sobre este pueblo de resultas de este paso; pero puesto que el pueblo no me quiere y el ejército me abandona, hagan ustedes lo que quieran.

    El cabildo abierto se celebraría el 22 de mayo siguiente.

    Lunes 21 de Mayo

    Un grupo de rebeldes autollamado “Legión Infernal” irrumpió en el cabildo para que se le asegurase que al día siguiente se efectuaría el cabildo abierto. Solo Saavedra fue capaz de calmarlos, asegurándoles que así sería y que él estaba de su parte y les prestaba su apoyo militar. Ese mismo día se repartieron las cuatrocientos cincuenta invitaciones entre los principales vecinos y autoridades de la capital. La lista de invitados fue elaborada por el Cabildo teniendo en cuenta a los vecinos más prominentes de la ciudad. Sin embargo el encargado de su impresión, Donado, imprimió muchas más de las necesarias y las repartió entre los criollos. Las invitaciones decían:

    “El Excmo. Cabildo convoca a Vd. para que se sirva asistir, precisamente mañana 22 del corriente, a las nueve, sin etiqueta alguna, y en clase de vecino, al cabildo abierto que con avenencia del Excmo. Sr. Virrey ha acordado celebrar; debiendo manifestar esta esquela a las tropas que guarnecerán las avenidas de esta plaza, para que se le permita pasar libremente.”

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    Causas Internas

    Ya hemos hablado en las dos entradas anteriores de las causas externas de la Revolución (Invasiones Inglesas, Toma de España por Napoleón -parte a y parte b-). Hoy hablaremos de las causas internas que levaron al levantamiento.

    Durante la época del virreinato el comercio exterior estaba monopolizado por España, y legalmente no se permitía el comercio con otras potencias. Esta situación era altamente desventajosa para Buenos Aires, ya que España minimizaba el envío de barcos rumbo a dicha ciudad debido a la gran piratería que existía. Esta piratería obligaba a los españoles a enviar a los barcos de comercio con una fuerte escolta militar, y ya que Buenos Aires no tenía recursos de oro ni de plata ni disponía de poblaciones indígenas de las que obtenerlos o para esclavizarlas, resultaba muy poco rentable enviar los convoyes de barcos a la ciudad. Al ser escasos los productos que llegaban desde España eran muy caros e insuficientes para mantener a la población; esto alentó, de cierta manera, al contrabando, que por dicha situación solía ser respetado por la mayoría de los gobernantes locales.

    En este contexto se formaron dos grupos de poder diferenciados en la oligarquía porteña: los ganaderos, que reclamaban el libre comercio para exportar su producción en mejores condiciones (principalmente el cuero, la carne no era aún un producto exportable internacionalmente ya que aún no existían técnicas de congelación que pudieran conservarla por períodos extensos), y los comerciantes contrabandistas, que rechazaban el libre comercio ya que si los productos entraban legalmente disminuirían sus ganancias.

    Mientras, existía otro tema de discusión que intervendría entre los focos revolucionarios más conservadores: El obtención de los altos cargos públicos. Legalmente no existía diferenciación en clases sociales entre españoles peninsulares (es decir procedentes de España)  y los del virreinato (nativos americanos), pero en la práctica los cargos más importantes recaían en los primeros. La burguesía criolla, fortalecida por la revitalización del comercio e influida por las nuevas ideas, esperaba la oportunidad para acceder a la conducción política.

    Por otro lado, en los focos más revolucionarios, se busca cortar de raíz con el gobierno español y fundar una metrópolis independiente.

    Antecedentes Revolucionarios

    La Guerra de Sucesión Española

    En 1810 confluyeron varios sectores con diferentes opiniones sobre cual debía ser el camino a seguir en el virreinato. Una situación análoga a la que se estaba viviendo había sucedido un siglo antes, durante la guerra de sucesión entre los Austrias y los borbónicos, en la que durante quince años las colonias no sabían a quién reconocer como el rey legítimo. En aquella oportunidad una vez que se instaló Felipe V en el trono español los funcionarios de las colonias lo reconocieron y todo volvió a su curso. Probablemente en 1810, muchos, especialmente españoles, creían que bastaba con formar una junta y esperar a que en España retornara la normalidad.

    Asonada de Álzaga

    Matrín de Álzaga

    El 1 de enero de 1809, el alcalde y comerciante español afincado en Buenos Aires Martín de Álzaga y sus seguidores, hicieron estallar una asonada con el objetivo de destituir a Liniers, el virrey por aquel entonces. Un cabildo abierto exigió su renuncia y designó una Junta a nombre de Fernando VII, presidida por el mismísimo Álzaga; las milicias españolas y un grupo de personas convocados por la campana del cabildo apoyaron la rebelión.

    Las milicias criollas encabezadas por Cornelio Saavedra rodearon la plaza, provocando la dispersión de los sublevados. Los cabecillas fueron desterrados a Carmen de Patagones y los cuerpos militares sublevados fueron disueltos. Como consecuencia, el poder militar quedó en manos de los criollos que habían sostenido a Liniers y la rivalidad entre criollos y españoles peninsulares se acentuó aun más. Los responsables del complot serían rescatados por Elío y llevados a Montevideo.

    Agitación revolucionaria en el Alto Perú

    Siguiendo en 1809, pero en el mes de Mayo (más precisamente un 25 de Mayo) sucedería la primera gran revolución (¿será casualidad la fecha?), pero sería duramente aplacada. ¿Dónde fue? Lejos de Buenos Aires, en Chuquisaca.

    Baltasar Hidalgo de Cisneros

    Luego del levantamiento del 1 de Mayo y con el intento de calmar los ánimos de los peninsulares, la Junta de Sevilla designaría a Cisneros como Virrey reemplazante de Liniers. Pero no todo saldría a pedir de boca: El 25 de mayo de 1809 una revolución destituyó al gobernador y presidente de la Real Audiencia de Charcas, Ramón García de León y Pizarro, acusado de apoyar al protectorado portugués; el mando militar recayó en el coronel Juan Antonio Álvarez de Arenales. La autoridad civil quedó en situación indecisa, de modo que fue en parte ejercida por el mismo Arenales.

    Mientras tanto, el 16 de julio del mismo año, y mientras la revolución de Chuquisaca seguía en pie, en la ciudad de La Paz otro movimiento revolucionario liderado por el coronel Pedro Domingo Murillo y otros patriotas obligó a renunciar al gobernador intendente Tadeo Dávila y al obispo de La Paz, Remigio de la Santa y Ortega. El poder recayó en el cabildo hasta que se formó la Junta Tuitiva de los Derechos del Pueblo, presidida por Murillo.

    Único retrato auténtico de Bernardo de Monteagudo

    La reacción de los funcionarios españoles derrotó estos movimientos: el de La Paz fue aplastado sangrientamente por un ejército enviado desde el Perú, mientras que el de Chuquisaca fue sofocado, también sangrientamente, por tropas que envió el virrey Cisneros. Poco después, Cisneros creó un Juzgado de Vigilancia Política, orientado a perseguir a los partidarios de las ideas de la revolución francesa o de cualquier otro ordenamiento político que pudiera minar la autoridad del virreinato.

    Para entonces, una de las mentes de la revolución de Chuquisaca, Bernardo de Monteagudo, dejaría una frase que seria la semilla de la revolución de 1810, el llamado silogismo de Chuquisaca o silogismo altoperuano:

    ¿Debe seguirse la suerte de España o resistir en América? Las Indias son un dominio personal del rey de España; el rey está impedido de reinar; luego las Indias deben gobernarse a sí mismas.

    Bernardo de Monteagudo

    Fuentes: Wikipedia: Artículo de la “Revolución de Mayo”
    Libro “1810” de Felipe Pigna
    Más Información: Artículo: Asonada de Álzaga
    Artículos: Revolución de Chuquisaca y Junta Tuitiva

    Pd) Siento haberme atrasado con el tema, es que tengo que dar un examen esta semana y se me complicado actualizar el blog. Sepan disculpar.

    Saludos. Uriel

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    Napoleón Toma Portugal

    Juan VI de Portugal, el rey que huyo al Brasil

    Juan VI de Portugal, el rey que huyo al Brasil

    Portugal, amigo y gran comprador de los productos ingleses, decidió que no quería aplicar el bloqueo. Fue entonces cuando Napoleón, decidido a hacer valer su plan, le lanzo un ultimátum. Los lusitanos, a pesar de ser una nación proporcionalmente chica (sin ofender), demostraron tener más valor que cualquiera que el resto de las naciones europeas y rechazó la intimidación napoleónica. El Gran Corso, que no estaba dispuesto a recibir un no como respuesta, resolvió invadirlo y, para ellos, firmó con su vecino un tratado, en el cual España permitía el paso de las tropas francesas por su territorio sin problema alguno. Así se hizo, las tropas de Napoleón pasaron por España y entraron Portugal, pero no encontraron allí resistencia alguna: Los monarcas lusitanos, que con anterioridad se habían mostrado dispuesto a hacerle frente a Francia, al ver que el ejército se les venia en cima, decidieron poner agua de por medio y huir a toda prisa hacia su colonia en América (El Brasil). Ahora si, sin enemigo alguno, Napoleón pudo imponer su <<bloqueo>> con total tranquilidad.

    ¿Y Por Qué no… También España?

    Retrato de Carlos IV, por Francisco de Goya (c. 1789).

    Aquí llegamos a la parte importante de la entrada de hoy. Lo cierto es que en un comienzo, Napoleón no tenía pensado hacerse con el control de España, pero las sucesivas cartas que recibía de sus envidos a Portugal, en las que le comentaban lo fácil y “necesario” que resultaría imponer un nuevo orden allí terminaron por tentar al Gran Corso. Decidido a obtener ese reino también para él ordeno a sus ejércitos “Cuidar las retaguardias portuguesas”, y, así como quien no quiere la cosa, fue ocupando territorio español sin que el rey desconfiara rotundamente de sus intenciones. Pero pronto las cosas quedaron claras hasta para el más grande de los ciegos. El caos se apropio de los pueblos españoles y Carlos IV decidió abdicar, dejando la corona y los problemas en manos de su hijo Fernando VII, quien, pro primera vez en su vida, no la deseaba.

    Retrato de Fernando VI

    Los problemas aumentaron y el pueblo se levanto en armas en lo que se conocería como los sucesos del 2 de Mayo, mientras Murat, el enviado de Napoleón, no dudo en reprimir sin piedad. El resultado fue catastrófico, muchos murieron y el horror puede observarse hoy en día en las obras de  Goya: Carga de los mamelucos contra el pueblo y El fusilamiento de la montaña Príncipe Pío.

    En medio de aquellas circunstancias, los Borbones padre e hijo, llegaban a Bayona, donde se produciría una histórica zarzuela: Fernando le devolvió la corona a Carlos, mientras que este, a su vez, abdica a favor de Napoleón, <<cediendo a mi aliado y caro amigo el emperador de los franceses todos mis derechos sobre España e India>>. Y como Napoleón nunca se olvida de los “favores” que recibe, en retribución les asignó a Carlos, su esposa María Luisa, y Godoy la residencia en un castillo en Compiègne. Mientras Fernando y su hermano Carlos María Isidro fueron confinados al palacio de Valençay, que tenía más de dorado que de jaula, y más “VIP” que de prisión. Sin olvidar que a toda la familia real se le había asignado, por orden de Bonaparte, una suculenta renta.

    Dos meses más tarde Napoleón pondría como rey de España a su  hermano Jose Bonaparte, tambien conocido como Pepe Botella (por su adicción al alcohol).

    Retrato de José I, por François Gérard

    Retrato de José I Bonaparte, por François Gérard

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    Bienvenidos a la historia

    Hola, yo soy Uriel, el encargado de este blog, que busca expresar la historia de otro modo. Espero que encuentren lo que buscan y disfuten de la informacion que les puedo brindar. Muchas gracias por haber entrado y mucha suerte.

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