Entradas con la etiqueta ‘Batallas’

Hoy tenía pensado seguir con el tema de la entrada anterior. Pero como la entrada se me hizo muy larga y no lograba redondearla de una manera que me guste decidí dejarla para un poco mas adelante. Por lo que, en su lugar, hoy va una pequeña anécdota de guerras.

Pero, como estoy bastante reflexivo (vaya uno a saber porque), esta entrada también tiene su toque “filosófico”, término que bien podría ir para definir esta elucidación de términos. Y con esto quiero referirme a una pregunta que ayudara armar la historia de hoy: ¿Qué se considera una derrota?

Verán, esta cuestión es interesante, puesto que, por lo que llegado a conocer en mi investigación para esta historia, aunque en toda batalla hay siempre un vencedor y un vencido, no es forzoso que la victoria de un bando lleve consigo la derrota del contrario. ¿Como es esto?

Pues, si hablamos propiamente, una derrota supone la disolución completa de una tropa y la dispersión de sus fuerzas. Es decir, el bando derrotado es aquel cuyas es incapaz de rehacerse en un plazo breve. Esto implica, por tanto, que la derrota es lo que ocurre luego de un descalabro sobre todo si ha faltado serenidad para ordenar la retirada y el contrario se ha encarnizado en la persecución.

Pero, y esta sintonía va la entrada de hoy, también puede que esta derrota pueda ocurrió por virtud solamente de desaciertos y fluctuaciones en el mando, de fatigas y privaciones innecesarias y de noticias o rumores desfavorables, circunstancias todas que, obrando de un modo perjudicial sobre la moral de las tropas, llevan a su ánimo el convencimiento de que se encuentran rodeadas de gravísimos peligros y acaban por producir el pánico, con todas sus tristes consecuencias.

Este ultimo caso, y sobre todo su ultima variante (la de rumores que atemorizan a las tropas) es el tema de la entrada de hoy… El caso es que nos encontramos en medio de la Guerra Franco-Prusiana, desarrollada esta entre 1870 y 1871. Es en medio de este conflicto bélico que se da un hecho único, y que tiene como desafortunado protagonista al general francés Félix Douay.

Caballería de choque prusiana (Ulanos) cargando durante la batalla de Mars-le-Tour.

Caballería de choque prusiana (Ulanos) cargando durante la batalla de Mars-le-Tour.

El general Douay comandaba la II división del 7º cuerpo francés el 4 de Agosto de 1870. Sus soldados y él se encontraban en Mühlhouse esperando valientemente al enemigo alemán… O quizás no tan valientemente. Verán, mientras los militares franceses estaban apostados en dicho sitio a la espera del enemigo, los rumores que se habían escuchado en los últimos días acerca de las victorias alemanas en Wisemburgo y Wörth (las cuales implicaban un avance de prusiano sobre su posición) comenzaron a expandirse y a generar pánico entre los soldados, quienes, antes de otear el horizonte a sus enemigos y antes de confirmar las noticias del avance, decidieron retirarse desesperadamente hacia Dannemarie.

Pero la huida resulto ser tan desespera, desordenada y desastrosa que el general Douay acabo perdiendo a, al menos, la mitad de sus efectivos, y los prusianos pudieron avanzar libremente hacia París, donde tiempo mas tarde el emperador Napoleón III sería apresado junta a mas de 100.000 soldados franceses… Todo un fracaso de milicia…

Fuentes: Wikipedia: Guerra Franco Pusiana (Imagenes)

Archivo “Derrota (Milicia)”

Libro “Las Hemorroides de Napolón…” de José Miguel Carrillo de Albornoz

Pd) Las Imagenes son de la guerra Franco-Prusiana

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Ya he hablado muchas veces de batallas desastrosas, es más, últimamente se me ha dado muy seguido (Con las entradas de Varo y el Coronel Rall), pero creo que esta es la más curiosa y desastrosa de todas esas historia.

Eleftherios Venizelos

El Primer Ministro de Grecia, Eleuterio Venizelos

Sé que mencionado muchos casos de incompetencia militar, pero creo humildemente que, dejando de lado al General nordista Ambrose E. Burnside, pocas veces una batalla ha sido dirigida de manera tan desastrosa como en la Batalla de Dumlupinar durante la Guerra Greco-Turca, que duro de 1919 a 1922.

Los griegos, independientes del Imperio Otomano desde 1823, tenían deseos de expandir sus fronteras sobre el ya entonces territorio turco. Con dicha idea en la mente decidieron intervenir en la Primera Guerra Mundial en el bando aliado (contrario a los turcos que se habían alistado junto a las potencias del Eje), para así usar dicha guerra como excusa para conquistar los territorios del país vecino. La máxima ambición era, obviamente, la “reconquista” de la ciudad de Estambul, antigua Constantinopla del mundo Griego y la conectora de los dos mares.

Al concluir la guerra, con el Imperio Otomano vencido y humillado en la contienda, el Primer Ministro de Grecia, Eleuterio Venizelos, reclamo los territorios pedido en la preguerra y prometidos por los aliados. Entre ellos se destacaban las costas de Jonia y el Mar Negro, Estambul (obviamente) y Tracia. Pero ante la delicada situación geopolítica los Aliados, decidieron que los griegos iban a conservar sus fronteras de preguerra.

Ofendidos y engañados, los griego decidieron que aquello que no podían obtener mediante los acuerdos de paz en las mesas Aliadas, lo conseguirían mediante las arma. Así, nombraron al General Georgios Hajianestis como Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas Griegas y declararon la Guerra la Imperio Turco. Desgraciadamente para los griegos, Hajianestis ya no era el gran general que había sido antes y durante la Primera Gran Guerra: Georgios había desarrollado una grave enfermedad mental durante la contienda mundial.

Mustafa Kemal y Ataturk Ismet Inönü en 1922.

Mustafa Kemal y Ataturk Ismet Inönü en 1922.

Así, el General Hajianestis, probablemente a causa de su desequilibrio mental, se limitó a guiar a sus tropas desde una cama cómodamente instalada en un yate que no se movió del puerto de Esmirna. Georgios creía que sus piernas eran de vidrio o azúcar y que al levantarse de su cama, ambas se destrozarían no más alcanzar el suelo.

Por si esto fuera poco para dejar en desventaja a los griegos, del otro lado era el mismísimo Mustafá Kemal, el padre de la nueva patria, cuya única orden militar era de lo más simple y demostraba su cruda fiereza: “¡Hacia el Mediterráneo, adelante!”. Con enemigo tan resuelto y un comandante supremo tan esquivo con las funciones del mando, la moral griega se hizo añicos.

Pero esto aún no es lo más curioso de esta Guerra, sino que sería la Batalla de Dumlupinar donde todo alcanzaría los límites de lo irrisorio. En aquella batalla, que tuvo lugar el 26 de agosto de 1922 sería el punto de debacle del ejército griego y el fin de la carrera militar de Hajianestis. Los turcos iniciaron el ataque aquel nefasto día para los griegos, quienes no pudieron presentar contraofensiva, ya que su Jefe Supremo se negó a dar órdenes. ¿Qué fue lo que provoco esta alocada decisión de Hajianestis? Pues su muerte… Va, la suposición, obviamente errónea, del propio Georgios Hajianestis, quien decidió en ese momento en el que más se lo necesitaba que estaba muerto y por lo tanto no tenía sentido que diera ordenes puesto que, lógicamente, ¿Quién seguiría ordenes de un muerto parlante?. Ante tal ataque de locura del Jefe Supremo griego, los aterrados mandos medios del ejército griego hicieron lo que pudieron, pero infructuosamente.

Tribunal que Condeno a Hajianetis

Tribunal que Condeno a Hajianetis

Como era de esperarse, el alto mando griego incapacito a su Jefe Supremo, pero para entonces ya era demasiado tarde, los turcos habían ganado la batalla. Incluso, el sustituto de Hajianestis, el General Tricoupis se enteró de su “suerte” de alcanzar la comandancia general… Estando prisionero en manos turcas!!!

De esta manera, Grecia no puedo conquistar ni Estambul (aun turca) ni ninguno de los tantos territorios asiáticos que tanto ambicionaba. Los turcos lograron mantener intactos sus territorios y transformaron a la Batalla de Dumlupinar en un Día Nacional. En cuanto a Hajianestis, el alto mando griego no tuvo conmiseración: fue llevado a Grecia, sumariamente juzgado, condenado como “esquizofrénico”, y ejecutado poco después… haciendo oficial su defunción… Seguramente ya no tuvo que preocuparse por si alguien seguiría o no las ordenes de su cadáver parlante nunca más.

Fuentes: Libro “Las Hemorroides de Napoleón y Otras 499 Anecdotas” de José Miguel Carrillo de Albonoz

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Turcos en Esmirna - Guerra Greco Turca

Turcos en Esmirna - Guerra Greco Turca

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Un batalla en la que "intervino" una partida de Ajedréz Leer el resto de esta entrada »
Siempre las grandes gestas militares han merecido páginas y más páginas en los libros de historia, pero los grandes fiascos también merecen ser recordados. En ese sentido ya hemos hablado hace ya tiempo del fiasco que supuso la travesía emprendida por los rusos para castigar a los japoneses allá por los años 1904 – 1905; así como también hemos hablado de los fracasos del General nordista Ambrose E. Burnside durante la guerra de secesión Estadounidense. En ese sentido hoy recordaremos al general romano Publio Quintilio Varo. Leer el resto de esta entrada »
Busto de Pirro

Busto de Pirre

Seguimos con la historia de Pirro y sus “victorias”

Sucedía que en su impasible intento de unificar el territorio italiano y griego, un proyecto largamente acariciado y encarnizado perseguido por su Senado, los romanos se decidieron por conquistar la Península Sur en la cual se encontraban todas estas colonias floreciente y abundantemente ricas. Fue entonces cuando Tarento, que era una especie de primus interpares y, por lo tanto, la que tenía más que perder, decidió salir en búsqueda de aliados para enfrentar a las poderosas tropas romanas. Fue de esta manera que se encontraron con Pirro, el más distraído entonces de entre los reye, pero a la vez el más aguerrido de todos los capitanes.

Sin necesidad de pensárselo dos veces, Pirro movilizo sus huestes y partió hacia el sur de Italia con un numeroso y amplio ejército. Pero la travesía no le salió nada barata a nuestro amigo: En medio del camino una tempestad desbarato el convoy pírrense, incluso Pirro estuvo a punto de pasar a mejor vida, según las crónicas solo se salvó de milagro. Con lo poco que quedaba de su ejército, y una vez pasada la tempestad Pirro logro llega a Tarento, y allí tuvo que verse forzado a meter en cintura a los tarentinos, pocos dispuestos a sumarse a las filas de su ejército debido a la buena vida a la que estaban acostumbrados.

Pirro observa un campamento romano. Ilustración del libro History of Pyrrhus de Jacob Abbott.

Pirro observa un campamento romano. Ilustración del libro History of Pyrrhus de Jacob Abbott.

Una vez rehechas sus filas con hombres, caballos y elefantes llegadas de Grecia, se enfrentó a los romanos, cerca de la también productiva colonia griega de Heraclea. La batalla acabó con victoria para Pirro, sobre todo debido al espanto que causaron los elefantes en los romanos y sus caballos, ya que eran la primera vez que se enfrentaban a tales bestias. De todos modos la victoria le salió cara: Además de que estuvo a punto de perecer en el combate, muy pocos romanos murieron en la batalla, menos de quince mil, en comparación con los cerca de trece mil soldados que perecieron en la huestes de Pirro.

Pero aquí no termina la historia, ya que no contento con el primer resultado, Pirro volvió a enfrentarse a los romanos en un segundo combate, que esta vez acabó en tablas. Al parecer el empate se debió en gran parte a la pérdida del temor que originaban los elefantes en los romanos, más aun cuando un soldado romano demostró que aquella bestias si podían morir. En Ásculo (tal era el nombre del sitio donde se enfrentaron esta vez) Pirro volvió a estar cara a cara con la muerte, cuando recibió un lanzazo enemigo, pero volvió a zafar milagrosamente. Quince mil hombres, aproximadamente, por cada bando fueron los que sucumbieron en aquel campo. Tras esta segunda batalla ambos ejércitos se retiraron de la zona.

Avance de Pirro Sobre Roma

Avance de Pirro Sobre Roma

Cuentan que alguien del sequito de Pirro se acercó para felicitarlo por el resultado de las batallas. Fue justo en aquel instante cuando Pirro, mezclando el realismo con el sentido de humor le contesto aquello de “Sí, con una sola vez más que venzamos a los romanos, estaremos acabados sin remedio”… (O cualquiera de las versiones que conozcan acerca de lo que dijo).

Y de aquí procede el dicho de “Victoria Pírrica” que, aplicado a litigios de cualquier índole (ya sean bélicos, económicos, políticos, o incluso muchos más inocentes), nos remite a que el beneficio para el ganador es al final escaso, comparado con el costo invertido para lograrlo.

Fuente: Revista La Aventura de la Historia, N° 1 (Nov de 1988)

Imagenes Vía Wikipedia. Y la imagen final (la que vendra abajo) es de aquí

Más Sobre Pirro en la Wikipedia

Pirro de Epiro (Ilustración por Johnny Shumate)

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Busto de Pirro, palacio Pitti de Florencia

Probablemente todos conozcan lo que es una victoria pírrica. Pero por si acaso les diré que una victoria pírrica es aquélla que se consigue con muchas pérdidas en el bando aparentemente o tácticamente vencedor, de modo que aun tal victoria puede terminar siendo desfavorable para el aparentemente o tácticamente vencedor. Vamos, una de esas en las que casi pierdes más de lo que ganas. Todos, o casi todos sabrán también que el nombre de este tipo de victorias proviene del general y estratega Pirro, rey de un pequeño territorio griego llamado Epiro. Seguramente también estarán al tanto de que se dice que Pirro, al contemplar el resultado de su batalla contra los romanos, dijo “Otra victoria como ésta y volveré solo a casa” (en griego: Ἂν ἔτι μίαν μάχην νικήσωμεν, ἀπολώλαμεν.). Pero se me han dado las ganas de traer su historia a colación, para aquellos que no la sepan, y, por qué no, para que la recuerden aquellos que si la conocen. Así que aquí les va.

El territorio Epiro ocupaba una estrecha franja costera del mar Jónico, frente a la isla de Corfú, al sur del Adriático. Dicha región estaba habitada por el pueblo de los molosos, pueblo pobre a causa de lo árido y escarpado de su geografía, y que, por lo tanto, era belicoso, dado al saqueo y a la búsqueda de botín y fortuna allende sus fronteras.  Pirro supo sacar provecho de las inclinaciones de su pueblo y de las circunstancias políticas en Grecia a comienzos del S. III a.C., como nadie había podido hasta entonces. En plena pelea entre los sucesores de Alejandro, se convirtió en una especie de condottiero (es decir un caudillo), dispuesto a intervenir en cualquier conflicto que se le pusiera por delante, llegando a ser una pesadilla para sus vecinos. Pronto se labró una gran fama de hombre audaz, infatigable, astuto generoso y gran estratega. Tal es así que sus contemporáneos llegaran a compararlo con Alejandro Magno, incluso Aníbal lo colocaba por encima de sí mismo de Escipión.

En cierta ocasión intento quedarse con el trono de Macedonia, pero fracaso y se retiró nuevamente a Epiro. Cuanta de él su biógrafo Plutarco que: “Ofrecíale la fortuna el poder gozar de la presente sin inquietudes y vivir en paz gobernando su propio reino; pero para él, el no causar daño a otros ni recibirlo de ellos a su vez, era un tormento”. De este “tormento” vendrían a sacarlo los mensajeros de la antigua colonia griega de Tarento, la más floreciente de las colonias que formaban la conocida Magna Grecia.

Pero tendran que esperar para conocer esa parte de la historia… Continuara

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Hablare hoy de la Batalla de Brunanburh, o, mejor dicho, de un curioso hecho ocurrido antes de la batalla y que tuvo como protagonista a los dos reyes que luego se enfrentarían, y a un soldado que nos muestra el significado del honor. Leer el resto de esta entrada »
Seguiremos hoy con el ámbito militar, hablábamos la entrada pasada del General George Patton y de su bravura. Tal era esta que seguramente, Patton, podría haber luchado él solo contra todo un ejército. Este pensamiento me incentivo a buscar información sobre ejércitos de un solo hombre. Y, aunque no encontré mucha información, aquí les traigo lo que encontré. Leer el resto de esta entrada »

Patton hacia 1943

Seguramente todos ustedes recordaran al general estadounidense George Patton, y la historia de su ayuda divina. Hoy volveremos a hablar de él.

Para aquellos que no recuerden, o no sepan quien es George Patton les diré que fue militar y general del Ejército de los Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial. En su carrera, que duró 36 años, fue de los primeros en abogar por los carros blindados, comandando importantes unidades de ellos en el norte de África, en la invasión de Sicilia y en el escenario de operaciones europeas.

Puede decirse de él que muchos han visto a Patton como a un guerrero puro y feroz, lo que le ganó el sobrenombre de general “Sangre y Agallas”, pero también es cierto que su historia nos ha dejado la imagen de un brillante pero solitario líder militar salpicado por insubordinaciones, transgresiones y periodos de cierta inestabilidad emocional

En este sentido, Patton trataba de infundir en sus soldados el respeto de su figura por el temor y buscaba la idolatración en forma permanente. Odiaba al soldado cobarde y se mostraba muy complaciente con aquellos que se destacaban en acción. Alrededor de este punto viene la historia de hoy.

Cuadro del General George Patton

En cierta ocasión, durante la campaña en Italia, Patton visitaba a los heridos que se encontraban en el hospital. Caminaba nuestro general, como decía, durante la visita al centro médico, por los pasillos y las salas animando e interesándose por los soldados que allí estaban cuando, de manera repentina para los presentes, humilló y hasta golpeó a un par de soldados americanos que se recuperaban allí. ¿Cuál era el problema? Pues resultaba que, al parecer, ambos soldados (Paul G. Bennet y Charles H. Kuhl) se encontraban en el hospital a causa del estrés y la fatiga de combate pero ninguno parecía haber sido herido físicamente (aunque posteriormente se descubrió que uno de ellos sufría de disentería). Esto fue intolerable para Patton, quien consideraba que ambos soldados estaban exhibiendo un comportamiento cobarde.

Completamente convencido de la cobardía de sus soldados, pidió que se los sacaran de allí ya que no merecían estar al lado de los valientes soldados que habían sido heridos en combate.

A causa de esta acción, Patton fue alejado de la opinión pública durante algún tiempo y se le ordenó secretamente que se disculpara ante los soldados. Irónicamente, muchos psiquiatras modernos que han examinado estos incidentes aseguran que el mismo Patton podría haber sufrido de fatiga de combate.

Cuando el escándalo se hizo público muchas voces pidieron su dimisión o expulsión del ejército, y Patton recibió una dura reprimenda. Aunque, en realidad, esa fue simplemente la gota que colmó el vaso.

Sin embargo, pese a que Patton fue relevado temporalmente de su cargo, esto sucedió en sumo secreto, y les sirvió a las tropas aliadas para despistar al enemigo ¿Cómo? Pues el temor que generaba al general Patton los alemanes ayudó a mantener ocupadas a muchas tropas alemanas en los puntos en donde este pasaba su retiro (tal como Sicilia o el Cairo), y sería un factor muy importante en los siguientes meses que beneficiara enormemente a los aliados.

Y para terminar esta entrada los dejo con una de sus más celebres frases, que, como yo lo veo, combina con la historia de hoy.

“Que Dios se apiade de mis enemigos porque yo no lo haré.”

Si quiere más info sobre el general George Patton les dejo el link de la wiki aqui


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Como todos sabemos, la Primera Guerra Mundial fue muy dura, y causo mucho daño económico en los países. Las condiciones en el campo de batalla no siempre eran las mejores. Los refugios y los campos de concentración eran, generalmente, insalubres, y uno podía encontrarse con cualquier cosa. De esta manera uno podía pescarse cualquier enfermedad importante por la suciedad, y peor si en los refugios existían ratas. Es más, muchos de los soldados morían por enfermedades contraídas por la insalubridad de los refugios y los campos de concentración. Leer el resto de esta entrada »

Bienvenidos a la historia

Hola, yo soy Uriel, el encargado de este blog, que busca expresar la historia de otro modo. Espero que encuentren lo que buscan y disfuten de la informacion que les puedo brindar. Muchas gracias por haber entrado y mucha suerte.

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