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Ya he hablado muchas veces de batallas desastrosas, es más, últimamente se me ha dado muy seguido (Con las entradas de Varo y el Coronel Rall), pero creo que esta es la más curiosa y desastrosa de todas esas historia.

Eleftherios Venizelos

El Primer Ministro de Grecia, Eleuterio Venizelos

Sé que mencionado muchos casos de incompetencia militar, pero creo humildemente que, dejando de lado al General nordista Ambrose E. Burnside, pocas veces una batalla ha sido dirigida de manera tan desastrosa como en la Batalla de Dumlupinar durante la Guerra Greco-Turca, que duro de 1919 a 1922.

Los griegos, independientes del Imperio Otomano desde 1823, tenían deseos de expandir sus fronteras sobre el ya entonces territorio turco. Con dicha idea en la mente decidieron intervenir en la Primera Guerra Mundial en el bando aliado (contrario a los turcos que se habían alistado junto a las potencias del Eje), para así usar dicha guerra como excusa para conquistar los territorios del país vecino. La máxima ambición era, obviamente, la “reconquista” de la ciudad de Estambul, antigua Constantinopla del mundo Griego y la conectora de los dos mares.

Al concluir la guerra, con el Imperio Otomano vencido y humillado en la contienda, el Primer Ministro de Grecia, Eleuterio Venizelos, reclamo los territorios pedido en la preguerra y prometidos por los aliados. Entre ellos se destacaban las costas de Jonia y el Mar Negro, Estambul (obviamente) y Tracia. Pero ante la delicada situación geopolítica los Aliados, decidieron que los griegos iban a conservar sus fronteras de preguerra.

Ofendidos y engañados, los griego decidieron que aquello que no podían obtener mediante los acuerdos de paz en las mesas Aliadas, lo conseguirían mediante las arma. Así, nombraron al General Georgios Hajianestis como Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas Griegas y declararon la Guerra la Imperio Turco. Desgraciadamente para los griegos, Hajianestis ya no era el gran general que había sido antes y durante la Primera Gran Guerra: Georgios había desarrollado una grave enfermedad mental durante la contienda mundial.

Mustafa Kemal y Ataturk Ismet Inönü en 1922.

Mustafa Kemal y Ataturk Ismet Inönü en 1922.

Así, el General Hajianestis, probablemente a causa de su desequilibrio mental, se limitó a guiar a sus tropas desde una cama cómodamente instalada en un yate que no se movió del puerto de Esmirna. Georgios creía que sus piernas eran de vidrio o azúcar y que al levantarse de su cama, ambas se destrozarían no más alcanzar el suelo.

Por si esto fuera poco para dejar en desventaja a los griegos, del otro lado era el mismísimo Mustafá Kemal, el padre de la nueva patria, cuya única orden militar era de lo más simple y demostraba su cruda fiereza: “¡Hacia el Mediterráneo, adelante!”. Con enemigo tan resuelto y un comandante supremo tan esquivo con las funciones del mando, la moral griega se hizo añicos.

Pero esto aún no es lo más curioso de esta Guerra, sino que sería la Batalla de Dumlupinar donde todo alcanzaría los límites de lo irrisorio. En aquella batalla, que tuvo lugar el 26 de agosto de 1922 sería el punto de debacle del ejército griego y el fin de la carrera militar de Hajianestis. Los turcos iniciaron el ataque aquel nefasto día para los griegos, quienes no pudieron presentar contraofensiva, ya que su Jefe Supremo se negó a dar órdenes. ¿Qué fue lo que provoco esta alocada decisión de Hajianestis? Pues su muerte… Va, la suposición, obviamente errónea, del propio Georgios Hajianestis, quien decidió en ese momento en el que más se lo necesitaba que estaba muerto y por lo tanto no tenía sentido que diera ordenes puesto que, lógicamente, ¿Quién seguiría ordenes de un muerto parlante?. Ante tal ataque de locura del Jefe Supremo griego, los aterrados mandos medios del ejército griego hicieron lo que pudieron, pero infructuosamente.

Tribunal que Condeno a Hajianetis

Tribunal que Condeno a Hajianetis

Como era de esperarse, el alto mando griego incapacito a su Jefe Supremo, pero para entonces ya era demasiado tarde, los turcos habían ganado la batalla. Incluso, el sustituto de Hajianestis, el General Tricoupis se enteró de su “suerte” de alcanzar la comandancia general… Estando prisionero en manos turcas!!!

De esta manera, Grecia no puedo conquistar ni Estambul (aun turca) ni ninguno de los tantos territorios asiáticos que tanto ambicionaba. Los turcos lograron mantener intactos sus territorios y transformaron a la Batalla de Dumlupinar en un Día Nacional. En cuanto a Hajianestis, el alto mando griego no tuvo conmiseración: fue llevado a Grecia, sumariamente juzgado, condenado como “esquizofrénico”, y ejecutado poco después… haciendo oficial su defunción… Seguramente ya no tuvo que preocuparse por si alguien seguiría o no las ordenes de su cadáver parlante nunca más.

Fuentes: Libro “Las Hemorroides de Napoleón y Otras 499 Anecdotas” de José Miguel Carrillo de Albonoz

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Turcos en Esmirna - Guerra Greco Turca

Turcos en Esmirna - Guerra Greco Turca

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Todos, o probablemente la mayoría de nosotros, conocemos y utilizamos la palabra sibarita. Generalmente usamos este término para referirnos a alguien de gustos refinados, lujosos, o exquisitos, según el contexto en el que nos hallemos. Nos referimos a los amantes de la buena vida. Pero ¿Por qué usamos este término? ¿De dónde vienen los Sibaritas? Leer el resto de esta entrada »

Ya llegamos a la última parte de esta biografía Más de Cerca al Gran Conquistador, llegamos al final de la vida de Alejandro. En la entrada de hoy (la última de la historia) contaremos la muerte del Magno, su sucesión en el trono y el Legado y División de  su Reino.

Alejandro Magno en su lecho de muerte, según el pintor Karl von Piloty (1886)

Fue un 13 de junio en el año 323 a. C. en el palacio de Nabucodonosor II de Babilonia. Le faltaba poco más de un mes para cumplir los 33 años, pero no llego a aquella fecha. Muchas y variadas son las teorías sobre la causa de su muerte, que incluyen envenenamiento por parte de los hijos de Antípatro (Casandro y Yolas, siendo éste último copero de Alejandro) u otros, una enfermedad (se sugiere que pudo ser la fiebre del Nilo), o una recaída de la malaria que contrajo en el 336 a. C.

Pero la muerte no fue repentina: Se sabe que el 2 de junio Alejandro participó en un banquete organizado por su amigo Medio de Larisa. Tras beber copiosamente, inmediatamente antes o después de su baño, le metieron en la cama por encontrarse gravemente enfermo. Los rumores de su enfermedad circulaban entre las tropas, que se pusieron cada vez más nerviosas. El 12 de junio, los generales decidieron dejar pasar a los soldados para que vieran a su rey vivo por última vez, de uno en uno. Ya que el rey estaba demasiado enfermo como para hablar, les hacía gestos de reconocimiento con la mirada y las manos. El día después, Alejandro ya estaba muerto.

Si bien ninguna de las teorías esta completamente descartada, tampoco ninguna de ellas esta completamente certificada. Lo cierto es que cada una de las causa tienes sus afirmaciones y sus contras.

Reconstrucción del catafalco de Alejandro según Diodoro (mitad del S. XIX)

Reconstrucción del catafalco de Alejandro según Diodoro (mitad del S. XIX)

La historia del envenenamiento procede de una historia que sostenían en la antigüedad Justino y Curcio. Según ellos, Casandro (hijo de Antípatro, regente de Grecia) transportó el veneno a Babilonia con una mula, y el copero real de Alejandro, Yolas (hermano de Casandro y amante de Medio de Larisa) se lo administró. Las sustancias mortales que podrían haber matado a Alejandro en una o más dosis incluyen el heléboro y la estricnina. Sin embargo, y a pesar del hecho de que muchos eran los que tenían razones de peso para deshacerse de Alejandro, Robin Lane Fox opina que el argumento más fuerte contra la teoría del envenenamiento es el hecho de que pasaron doce días entre el comienzo de la enfermedad y su muerte y en el mundo antiguo no había, con casi toda probabilidad, venenos que tuvieran efectos de tan larga duración.

De todas maneras, esta es sin duda la teoría que más peso tiene hoy en día entre todos los historiadores de la actualidad. No obstante, en la cultura guerrera de Macedonia era más digno morir por la espada antes que por tóxico, y muchos historiadores antiguos, como Plutarco y Arriano, mantuvieron que Alejandro no fue envenenado sino que murió por causas naturales, como la malaria o la fiebre tifoidea, dos enfermedades comunes en Babilonia.

Augusto visita la tumba de Alejandro (Sebastien Bourdon, 1643 - Museo del Louvre)

Augusto visita la tumba de Alejandro (Sebastien Bourdon, 1643 - Museo del Louvre)

Recientemente, otros han propuesto que Alejandro pudo haber muerto víctima de un mal tratamiento de sus síntomas. Se le pudo haber administrado heléboro, que en aquella época se usaba mucho en medicina pero que era letal en dosis altas, de forma irresponsable para acelerar la recuperación del impaciente rey, con resultados catastróficos. Estas hipótesis que toman la enfermedad y no el envenenamiento citan menudo que la salud de Alejandro había caído a niveles bajísimos tras años de beber copiosamente y también a consecuencia de sus muchas y graves heridas (especialmente la del pulmón, en la India, que casi le quita la vida), y que por tanto era cuestión de tiempo que una enfermedad u otra le matara definitivamente.

Sin embargo, como ya dijimos, ninguna hipótesis puede considerarse como irrefutable, ya que la muerte de Alejandro se ha reinterpretado varias veces a lo largo de la historia. Lo que sí tenemos como cierto es que Alejandro murió tras sufrir fiebres altas el 13 de junio del 323 a. C.

Con su muerte el imperio que se había esmerado en formar quedo sin líder y el poder el dividió entre sus generales. Cuentan las leyendas que, con Alejandro agonizante, sus generales se acercaron a su lecho y preguntaron a quién de todos ellos legaría su reino. Ya que Alejandro no tenía ningún heredero legítimo y obvio (su hijo Alejandro IV nacería tras su muerte, y su otro hijo era de una concubina, no de una esposa), era una cuestión de vital importancia. Y aquí llega el gran dilema, pues la respuesta de Alejandro es algo que se debate intensamente incluso hoy en día: algunos creen que dijo Krat’eroi (‘al más fuerte’) y otros que dijo Krater’oi (‘a Crátero’, uno de sus soldados). Esto es posible porque la pronunciación griega de ‘el más fuerte’ y ‘Crátero’ difieren sólo por la posición de la sílaba acentuada.

La división del imperio de Alejandro

La mayoría de los historiadores creen que si Alejandro hubiera tenido la intención de elegir a uno de sus generales obviamente hubiera elegido a Crátero porque era el comandante de la parte más grande del ejército (la infantería), porque había demostrado ser un excelente estratega, y porque tenía las cualidades del macedonio ideal. Pero lo cierto es que aquel día  Crátero no estaba presente en la sala, y los otros pudieron haber elegido oír Krat’eroi, ‘el más fuerte’ en vez de su nombre. Fuera cual fuese su respuesta, Crátero no parecía ansiar el cargo y entonces, el imperio se dividió entre sus sucesores (los diádocos).

Nunca se sabrá que fue lo que realmente dijo Alejandro aquel día. Lo cierto es que el territorio conquistado si fue repartido entre sus generales, dividiendo el imperio y dando paso al período del helenismo, donde se creó un acercamiento entre oriente y occidente. Así llegó el fin del hombre que en cierto momento fue el más poderoso del mundo, ejemplo claro de la llama que más intenso brilla pero que más rápido se apaga, refiriéndose esto a su breve pero intensa existencia.

Fuente: La Revista publispain

Wikipedia: Artículo de Alejandro Magno

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Durante su gobierno, Alejandro sufrió varias conspiraciones. Para empezar, en el año 330 a. C. Filotas, hijo de Parmenión, fue acusado de conspirar contra Alejandro y asesinado junto con su padre (por miedo a que éste se rebelara al enterarse de la noticia). Alejandro, después de haberlos ejecutado se vio forzado a mandar asesinar al fiel, valiente y anciano general Parmenión. Se dice que fue un hecho lamentable que causó una seria depresión en el rey Macedonio. Asimismo, el primo de Alejandro, Amintas, fue ejecutado por intentar pactar con los persas para ser el nuevo rey (de hecho, era el legítimo sucesor). Tiempo después hubo una nueva conjura contra Alejandro, ideada por sus pajes, la cual tampoco logró su objetivo. Los pajes eran unos jóvenes que habían sido mandados por la nobleza para que fueran educados en grupo aprendiendo la manera de gobernar, luchar y comportarse. Uno de los Pajes, muy probablemente influenciado por Calístenes (El historiador de la aventura de Alejandro), trató de asesinar a Alejandro Magno. De esta manera, también Calístenes resultó involucrado y temiendo ser ejecutado, se suicidó.

Alejandro y Roxana

La distancia entre Alejandro y sus tropas griegas, se hacía cada vez más grande, ahora debido a su política de alianzas con la nobleza iraniana, donde varios e sus capitanes fueron casados con nobles persas, así como su ejército cada vez tenía más elementos persas. Así mismo el propio Alejandro Magno terminaría casándose con una princesa iraniana llamada Roxana, que en un futuro le daría un hijo llamado Alejandro.

Otro de los momentos oscuros dentro de la vida de Alejandro Magno es cuando accidentalmente y en un arranque de ira agraviado por la embriaguez, mató a su compañero de armas y viejo amigo Clito “El negro”. Clito era un general que se había formado en batalla junto a Filipo, padre de Alejandro. Se encontraban reunidos disfrutando de un festín. Clito había sido nombrado Sátrapa de Bactriana y en algún punto de la conversación Alejandro adoptando la costumbre persa de la proskynesis, pretendió ser adorado como un dios, a lo que Clito le objetó en abierto desacuerdo cansado de tantas lisonjas y de oír cómo Alejandro se proclamaba mejor que su padre Filipo, le reclamo sus tendencias megalomaniacas y que se olvidaba de que si había llegado ahí, no había sido solo, sino con ayuda de sus generales y soldados; completamente indignado agrego: «Toda la gloria que posees es gracias a tu padre»; e, incorporándose, volvió a gritarle: «Sin mí, hubieras perecido en el Gránico.» (en dicha batalla Alejandro estuvo a punto de morir, saliendo vivo sólo por la intervención de Clito que de un espadazo mató al persa que quería asesinarle)

La Muerte de Clito representada en una película

La Muerte de Clito representada en una película

Alejandro, que estaba ebrio, buscó su espada, pero uno de los guardias la ocultó. Clito fue sacado del lugar por varios amigos, pero regresó por otra puerta, y mirando fijamente al conquistador, repitió un verso de Eurípides: «Qué perversa costumbre han introducido los griegos.» En aquel momento Alejandro arrebató una lanza a uno de los guardias y se la arrojo creyendo que fallaría y dando un ejemplo para el futuro, sin embargo, la lanza mató a Clito, que se desplomó en medio del estupor de los presentes. Arrepentido del crimen se lanzo al cuerpo de su amigo llorando de tristeza por el crimen que había cometido, luego pasó tres días encerrado en su tienda y algunos afirman que hasta trató de suicidarse a consecuencia de la muerte de su amigo.

Dejando todo esto atrás, Alejandro continúo con su idea de Conquista. Una vez cubierto la totalidad del territorio Persa, Alejandro Magno posó su mirada en la India. Para esta campaña reforzó su ejército con más tropas Persas, irritando cada vez más a sus tropas, que no comprendían la universalidad y magnitud del sueño de Alejandro.

Campañas de la invasión del sur de Asia.

Al llegar a la India, Alejandro Magno se alió con algunos reyes indios, que, hay que resaltar, no eran de fiar, y más tarde resultarían ser un terrible dolor de cabeza al rebelarse. La campaña en la india no fue menos duras que las demás. Sin embargo el experimentado ejército macedonio se las arregló para vencer siempre, aún en inferioridad numérica o luchando contra elefantes. La resistencia más fuerte la encontró a manos del rey Poro, un corpulento rey Indio que dirigía un elefante en batalla y sembraba la muerte lanzando lanzas desde su elefante, al cuál se enfrentó en la batalla del Hidaspes, en el año 326 ac.

Sin embargo, Alejandro Magno se hizo con la victoria, y quiso continuar la conquista, dirigiéndose hacia el Ganges, pero sus tropas estaban tan agotadas por 8 años de guerra continua, que no querían seguir avanzando. Al final, sólo sus valerosas propias tropas pudieron derrotar al propio Alejandro Magno.

Ante la situación de su ejército, Alejandro Magno decidió dar marcha atrás. Así, él y su ejército siguieron el curso del Hífasis y llegaron a la ciudad de Petala, donde combatieron con más fuerzas indias a lo que se sumó la rebelión de los reyes indios sometidos anteriormente. Después de derrotar a las fuerzas indígenas, Alejandro Magno organizó el regreso a la patria, dividiendo sus fuerzas persas-macedonias-grecas (tan variado era ya, aquel ejército que había partido desde Macedonia) en 3 cuerpos, dirigidos por Crátero, Alejandro y el asignado a la flota que conducía Nearcon (quien costearía hasta el golfo pérsico).

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Relieve de Alejandro Magno ante Amón-Ra, en el templo de Luxor.

Ya con los persas en parte fuera de su camino, Alejandro se decidió por terminar de conquistar Asia Menor antes de introducirse completamente en el centro del Imperio Aqueménida. Comenzó así por invadir Fenicia, en donde obtuvo victorias fáciles, a excepción de la conquistad de la isla de Tiro. En dicha isla, Alejandro debió mantener un largo asedio conocido como el Sitio de Tiro, pero finalmente la ciudad fenicia también cayo rendida a sus pies. Conquistada Palestina, Alejandro pensó que podía seguir conquistando a su antojo y se dirigió entonces a Egipto. Este antiguo Imperio (para aquel entonces ya en completa decadencia) fue particularmente fácil de conquistar debido a la pobre resistencia de las guarniciones persas y la brillante actitud de Alejandro. El Magno demostró de nuevo su inteligencia y supo identificar lo que importante para los habitantes de este país: la religión.

Por otro lado de esta manera Egipto se libraba de la dominación Persa y recibía a Alejandro Magno como un salvador. Manteniendo respeto hacia la religión y espiritualidad de los egipcios, Alejandro se hace nombrar faraón, y en una visita al oráculo de Siwa, es proclamado hijo de Zeus Amón y funda la gran ciudad de Alejandría, que sería cuna de la cultura durante siglos y que sobrevive aun en nuestros días. Habría otras Alejandrías a lo largo del territorio conquistado por el macedonio, sin embargo, la más famosa de todas ellas es la de Egipto.

A partir de este momento, Alejandro se sumerge en el mito que nunca, ahora era hijo de un dios (que no es poca cosa), y este hecho es uno de los tantos que envolverán en el mito la historia de este personaje.

Después de asegurar la retaguardia en Egipto y Tiro, Alejandro Magno marcha, ahora si, contra el corazón del Imperio Persa. Ante la inminente amenaza, el rey Darío se apresuro a oponer resistencia. Después de rechazar una oferta hecha por el persa de 10,000 talentos de oro y los territorios al Oeste del Eufrates, a cambio de su familia, Alejandro Magno se dispuso a presentar batalla al numeroso ejército de Darío, teniendo que combatir nuevamente en inferioridad numérica. Esta vez se encontraran en la batalla de Gaugamela, a las orillas del Rio Tigris.

Huida de Darío en la batalla de Gaugamela. Relieve en marfil del s. XVIII (M.A.N., Madrid).

Esta vez Darío fue más rápido que el joven macedonio y consiguió sorprender a Alejandro por su espalda, pero el Magno no se quedo atrás y logró presentarle batalla en un territorio relativamente estrecho, en el que las fuerzas de Darío no pudieron hacer valer su superioridad numérica. La batalla fue aguerrida pero Alejandro volvió a triunfar gracias a su genio táctico y estratégico, haciendo que Darío tuviera que huir nuevamente, permitiéndole atacar el centro de su formación, provocando una desbandada generalizada. Así Alejandro con su ejército logro entrar a Babilonia quedando a las puertas del propio territorio persa. Una vez en la gran ciudad de merio oriente fue recibido calurosamente como héroe y libertador con la mayor de las glorias, en una entrada triunfal seguido de su ejército.

En el año 331 a.c., el ejército panehelénico invadió Persia entrando fácilmente a Susa capital elegida por el Gran Rey Darío I. A la vez que el vencido monarca persa Darío III huía hacia el interior de territorio persa en busca de fuerzas leales para enfrentar nuevamente a Alejandro.

Alejandro procedió cuidadosamente ocupando las ciudades, apoderándose de los caudales persas y asegurándose las líneas de abastecimiento. Desde Susa pasó a Persépolis, capital ceremonial del Imperio Aqueménida, donde sucedió una terrible destrucción: La ciudad entera fue incendiada como un medio para dar a conocer que Alejandro Magno era ahora el nuevo dueño de Asia. Con el tesoro real en sus manos, Alejandro Magno pudo contratar nuevos mercenarios y dirigirse, en persecución del derrotado monarca persa, al que sería su siguiente objetivo: la ciudad de Ecbatana.

Mapa en castellano que muestra la máxima extensión del imperio de Alejandro, la ruta seguida por este a lo largo de sus conquistas, y en esta algunas de las ciudades fundadas por el, las Alejandrías. (clikea para agrandar)

En este momento, la conquista de la parte oriental del imperio persa, se vuelve cada vez más difícil debido a la dureza del clima y al nuevo tipo de combate que enfrentan, la guerrilla. Todos estos problemas aunados a lo largo de la campaña hacen que los soldados comiencen a desmoralizarse, dando lugar a una serie de conjuras contra la vida del joven rey macedonio.

No mucho después, El Gran Rey Persa sería traicionado por sus nobles y asesinado. Alejandro mostraría nuevamente su grandeza y habría de honrar a su otrora rival y enemigo, persiguiendo a sus asesinos.

Los extranjeros que vivían en Persia se sintieron identificados con Alejandro y se comprometieron con él para venerarle como nuevo gobernante. En su idea de conquista también estaba la de querer globalizar su imperio mezclando distintas razas y culturas. Los sátrapas en su mayoría fueron dejados en su puesto, aunque supervisados por un oficial macedonio que controlaba el ejército.

Pero hasta aquí por ahora, mañana la siguiente parte… Parte I - Parte IIParte III

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Busto de Alejandro conocido como «Herma de Azara».

Habiendo terminado con la rebelión de Grecia y haciéndose nombrar Hegemón, Alejandro está listo para dirigirse a los territorios de la Tracia y el norte del mar Egeo, que eran posiciones previamente elegidas por Filipo y excelentes para proyectar la invasión. Los motivos de la conquista se debían a pasadas derrotas griegas, quienes habían tenido que ceder algunas ciudades a los persas, décadas atrás. La campaña de conquista de Persia de Alejandro Magno contaba con un fuerte Panhelenismo (Orgullo por la nación griega). Así mismo, la conquista de Persia resolvería el problema de población que enfrentaban los griegos.

Hay que considerar que la empresa no era nada sencilla teniendo en cuenta que el ejército de Alejandro Magno era muy inferior en número al ejército de Darío III, rey de Persia, además de los limitados recursos del macedonio y los ilimitados del Persa. Mientras tanto en Macedonia, Antípatro queda como regente, hecho que provoca una constante tensión con la siempre intrigante y ambiciosa reina Olimpia, pero eso no es lo que nos importa en este momento.

Decido llevar a cabo el plan de su padre y liberar a los más de 10.000 griegos, Alejandro invadió Asia Menor, al principio se esperaba que las ciudades griegas que se encontraban en manos de los Persas (como Mileto o Halicarnaso) cooperaran con su liberación, pero debido al beneficio económico que habían experimentado con los persas, se negaron a entregarse pacíficamente, presentando una fuerte oposición, pero fueron vencidos en la batalla del Gránico, a orillas del riachuelo de mismo nombre. Las tropas ex-griegas hicieron frente a Alejandro con un ejército de 40.000 hombres comandado por el astuto Memnón de Rodas y compuesto en su mayor parte por griegos mercenarios. Durante el combate, Alejandro estuvo muy cerca de la muerte, ya que en cierto momento un persa trató de asesinarlo por la espalda sin que Alejandro se enterase; el persa estuvo a punto de lograr su cometido, pero Clito, fiel amigo de Alejandro, le salvó la vida gracias a que de un sablazo derribó al agresor.

Alejandro corta el nudo gordiano, por Jean-Simon Berthélemy (Escuela de Bellas Artes, París).

Tras recuperar las colonias que el Imperio Persa le había arrebatado, Alejandro se decidió por conquistar todo el imperio, así que siguió avanzando hasta llegar a Gordión (antigua capital de Frigia) donde decidió invernar. Sería en aquella ciudad donde, sin estar completamente premeditado, Alejandro engrandecería su ya magna figura ¿Cómo? Pues cortando el famoso “Nudo Gordiano”. En aquella ciudad se encontraba el carro de Midas, al cual estaba atada una lanza; contaban las leyendas de la época que quien desatara la lanza sería el dueño y señor de Asia. Alejandro Magno estaba confiado en podía hacerlo y lo intentó. No se sabe con total certeza como lo hizo aunque si todos sabemos que aquel nudo también declinó anta la figura de Alejandro. Se dice, sin embargo, que le resultó muy difícil al ya entonces Magno, a tal grado de que después de un breve período de intentarlo, a causa de un “brillo divino” del sol en su espada, termino por cortarlo con la misma, levantando, obviamente, aún más la moral de sus soldados y capitanes.

Tiempo después del corte del famoso nudo, Alejandro se enfrento cara a cara con el Gran Imperio Aqueménida, en la Batalla de Issos. Al llegar el momento de la batalla, Alejandro se encontraba en una gran inferioridad numérica (una proporción de 5 a 1 aproximadamente). El ejército Persa era comandado por Darío III en persona. ¡Qué emoción debieron haber sentido los contendientes de ambos ejércitos! A un lado se encontraba el rey Macedonio Alejandro Magno (sobra decir que combatía en su estilo, audaz, valiente y en primera línea), arengando a el ejército griego, que rugía furioso listo a confrontar al antiguo enemigo, mientras que en el otro, el Rey Darío III, miraba fijamente al ejército invasor y al joven y arriesgado príncipe que se atrevía a desafiar sus fuerzas. Ya se preveía una estupenda batalla.

Representación de Darío III (zona central) luchando contra Alejandro Magno (a la izquierda) en la batalla de Issos.

Representación de Darío III (zona central) luchando contra Alejandro Magno (a la izquierda) en la batalla de Issos.

En una estrategia que se jugaba el todo por el todo, Alejandro Magno, utilizó una maniobra envolvente para conducir la furiosa carga de “la Punta” justo frente a Darío, confrontándolo directamente y gritándole que se le enfrentara, tratando de abrirse paso entre los pobres desdichados que se le interponían. Fue tal la violencia del potente ataque, que el rey Darío se espantó de la ferocidad de su contrincante y huyó de la batalla en su carro de guerra, temiendo por su vida, sembrando la total confusión en su numeroso ejército, que, ya sin su líder, intento una desorganizada retirada, haciendo más fácil la tarea de las disciplinadas tropas macedonias.

De esta manera, al huir Darío, Alejandro Magno obtuvo la victoria y se adueñó de su campamento, donde se encontraban su madre Sisigambis, su esposa Estatira, sus hijas Estatira y Dripetis y un varón llamado Oco, quienes fueron tratados con respeto y atención especial de parte del generoso rey macedonio, y que les manifestó que no tenía ninguna cuestión personal contra el Gran Persa, sino que luchaba contra él simplemente para conquistar Asia.

Pero hasta aquí por ahora, mañana la siguiente parte… Parte IParte II

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Busto de Filipo II de Macedonia

Poco tiempo después de la batalla de Queronea y de ser designado gobernador de Tracia, Alejandro se enfrentaría a una situación que daría un giro completo a lo que era su vida hasta entonces. Un nuevo matrimonio de su padre, que podría haber llegado a poner en peligro su derecho al trono (no conviene olvidar que el mismo Filipo fue regente hasta la mayoría de edad de su sobrino, pero le quitó el derecho al trono) y le alejó de él.
Según cuenta la anécdota, la noche de bodas de Filipo, el nuevo suegro del monarca macedonio (un poderoso noble macedonio llamado Átalo) felicito en voz alta frente a la congregación a la nueva pareja y rogó por que el matrimonio diera un heredero legítimo al rey, en alusión a que la madre de Alejandro era una princesa de Epiro y que la nueva esposa de Filipo, siendo macedonia, daría a luz a un heredero totalmente macedonio y no mitad macedonio y mitad epirota como Alejandro, con lo cual sería posible que se relegara a este último de la sucesión.
Ante esta situación el futuro Magno enfureció y le echó encima el contenido de su copa, espetándole: «Y yo ¿qué soy? ¿Un bastardo?». Filipo, que para entonces ya estaba bastante ebrio, le ordenó a Alejandro que se disculpara, a lo que éste se negó tajantemente alegando que era él quien había sido quien había sido insultado. Filipo se encolerizo ante la negativa de su hijo, por lo que sacó su espada y se dispuso a perseguirlo para castigarlo, pero debido al vino ingerido cayó de bruces al suelo. Ante tal situación Alejandro se burló de él, diciendo «Quiere cruzar Asia, pero ni siquiera es capaz de pasar de un lecho a otro sin caerse.» Después de este episodio, la ira de Filipo le valió el exilio a Alejandro, quien lo pasó en compañía de algunos amigos viviendo como pudiera, sin embargo al cabo del tiempo, Filipo acabo por perdonarle.

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Hoy reinauguramos una sección que, por cierto motivos, no tuvo gran continuidad cuando la inaugure. Esta sección se llama Más de Cerca y, como dijimos aquella vez, se trata de ver a los grandes personajes de nuestra historia un poco más detalladamente. No siempre serán aquellos que se destacaron por sus grandes hazañas o por sus grandes fracasos, sino algunos tapados que deberíamos conocer mejor.

En aquella, por ejemplo, oportunidad habíamos hablado de Paulina Bonaparte, la más sensual de la familia de Napoleón. Sin embargo, hoy, debido a que en el día de hoy se conmemora la fecha de su muerte, la figura a retratar será:

Alejandro Magno, el primer y único Gran Conquistador.

Todos seguramente sabrán quienes Alejandro, al igual que seguramente habrán oído sus grandes hazañas, tales como su gran talento como líder militar, la doma de Bucéfalo, sus estudios con Aristóteles durante su infancia o la conquista de, al menos, la mitad del viejo mundo. Sin embargo no es de todo eso de lo que hablaremos aquí, sino que nos centraremos más en él hombre detrás de la historia.

Alejandro nació en la antigua ciudad de Pela (hoy, Grecia) en el año 356 a.C. Era hijo de Filipo II, rey de Macedonia (dinastía de los Argéadas), y de Olimpia, princesa de la Casa Real de Epiro, dos ciudades relativas pequeñas al lado de la grandeza cosechada por las ciudades-estado que formaban Grecia por aquel entonces. Cuentan que mismo día de su nacimiento, llegaron a la capital las noticias de tres triunfos macedonios de cierta importancia: El de el General Parmenión frente a los Ilirios, la victoria del sitio a una ciudad portuaria realizado por su padre, y la victoria del carro del rey en competición. Los tres fueron considerados como increíbles y muy buenos augurios en aquel tiempo en el que la supuesta voluntad de los dioses era considerada importante y cuya manifestación podían ser tranquilamente aquellos sucesos. Sin embargo no esta comprobado con certeza ninguno de los tres acontecimientos, y, quizás, fueran solo invenciones posteriores creadas bajo la aureola de este personaje con el motivo de aumentar su grandeza.

Collin Farrell como Alejandro Magno en la película "Alexander"

Físicamente era de hermosa presencia, tenia el cutis blanco, cabello ondulado de color castaño claro y ojos heterocromos (el izquierdo de color marrón y el de color gris) aunque se desconoce si eran así de nacimiento o consecuencia de un traumatismo craneal. Tenía, además, el hábito de inclinar ligeramente la cabeza sobre su hombro derecho y, desde pequeño, demostró las características más destacadas de su personalidad: activo, enérgico, sensible y ambicioso.

Su educación fue inicialmente dirigida por Leónidas, un austero y estricto maestro macedonio, además de pariente de su madre, que solía educar a los hijos de la más alta nobleza. Este lo iniciaría principalmente en la ejercitación corporal, pero sin descuidar totalmente el resto de su educación. También recibió educación de Lisímaco, un profesor de letras bastante amable, que supo ganarse el cariño del futuro Magno, llegando a llamarlo Aquiles.

Estatuilla del joven Alejandro montando a caballo, Begram, Afganistán.

Estatuilla del joven Alejandro montando a caballo, Begram, Afanistán.

A sus 13 años cambio de maestro, y tuvo como tutor al gran Aristóteles, quien lo educaría en un retiro de la cuidad macedonia de Mieza. Aristóteles se encargaría desde entonces de enseñarle al pequeño Alejandro lecciones sobre política, elocuencia, geografía, medicina, poesía, zoología y botánica. Además, sería Aristóteles quien siempre le recordara a Alejandro la moderación, el autocontrol y la generosidad, cualidades clave que lo llevarían a alcanzar la gloria como rey. Pero esa no fue la única educación que tuvo Alejandro de pequeño, ya que, por otro lado, tuvo a Lánice, su institutriz, quien le inculcó el gusto por la lectura solía; desde entonces, Alejandro acostumbraría leer mucho y llego a saber de memoria los poemas homéricos. También leyó con gran avidez a Heródoto y a Píndaro, y todas las noches recordaba colocar la Ilíada debajo de su cama.

Ya desde muy chico, su padre lo incluyo en la política del reino. A sus 16 años, su padre lo nombro regente, a pesar de su juventud. En el 338 a.C. tan solo con 18 años, Alejandro participo en su primera batalla como líder, dirigiendo a la caballería macedónica en la batalla de Queronea, siendo nombrado luego como gobernador de Tracia, poblado en el que se vio obligado a repeler una insurrección armada. Se afirma que Aristóteles le aconsejó esperar para participar en batallas, pero Alejandro le respondió: «Si espero perderé la audacia de la juventud.»

Muchas e innumerables son las anécdotas de su niñez, siendo la más conocida aquella que narra Plutarco, sobre la doma de Bucéfalo.  Cuenta Plutarco que Filipo II había comprado un gran caballo al que nadie conseguía montar ni domar. Alejandro, aun siendo un niño, se dio cuenta de que el caballo se asustaba de su propia sombra y lo montó dirigiendo su vista hacia arriba, hacia el Sol, sorprendiendo a todos los presentes. Se dice que tras domar a Bucéfalo, el caballo que lo acompañaría en todas sus campañas, su padre le dijo: «Macedonia es demasiado pequeña para ti.»

Pero hasta aquí por ahora, mañana la siguiente parte…


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Seguramente, al leer el conjunto de letras que encabeza la entrada se preguntaran si tiene algún sentido lo que escribí, o, más probablemente, si me he vuelto loco. Sin embargo, seguramente a muchos les sorprenderá saber que lo que escribí si tiene sentido, y (aunque aun dudo un poco de ellos) yo no estoy del todo loco.

Sin embargo, aunque lo crean imposible, lo que escribi no es la palabra completa, pues era muy larga, la correcta es esta:

lopadotemakhoselakhogaleokranioleipsanodrimypotrimmatosilphiokara

bomelitokatakekhymenokikhlepikossyphophattoperisteralektryonoptekeph

alliokinklopeleiolagōiosiraiobaphētraganopterygon,

también llamado lopadono para abreviar, y es el nombre de un plato culinario ficticio mencionado en la comedia Las asambleístas de Aristófanes, y es, obviamente, la palabra más largo del idioma griego (aunque sospecho que también es la más larga que existe sin importar el idioma).

El término original griego consta de 171 caracteres, que no corresponde forzosamente con la transliteración latina, y que sigue la norma de transliteración que se adopta aquí de 182 letras. Es conocida desde hace siglos como la palabra más larga y el diccionario Liddell & Scott la traduce como: «nombre de un plato compuesto de toda clase de delicatessen, pescado, carne, aves de corral y salsas».

Pero, ¿De que se trataba este plato cuyo nombre es la palabra más larga? Pues el plato era un fricasé, compuesto de 17 ingredientes amargos y dulces, tales como los sesos, la miel, el vinagre, el pescado y los pepinos. El caso es que durante el trascurso de la obra, la creación de dicho plato intenta instaurar la paridad.: Las mujeres crean este plato con el fin de que pueda satisfacer los gustos de todos.

Por cierto, si quieren preparar este plato ustedes mismos, para alguna cena o algo así, aquí les dejo la lista completa de ingredientes:

  1. rodajas de pescado
  2. pescado de la subclase de los elasmobranquios (tiburón o raya)
  3. hemiscylliidae podrido o cabeza de pequeño tiburón
  4. silfio, aparentemente un tipo de ferula
  5. una clase de braquiuro, escaroboideo, o crustáceo
  6. águila
  7. queso
  8. miel fluida
  9. zorzal

10.  pescado de mar o mirlo

11.  paloma torcaz

12.  paloma bravía

13.  gallo rojo

14.  cabeza asada de zampullín común

15.  liebre, que podría tratarse tanto de un género de ave como de una liebre de mar

16.  vino nuevo hervido

17.  frutas o alimentos crudos

18.  alas, aletas de pez

No creo que sea muy rico, pero suerte con ello!

Fuente: Wikipedía: Artículo de Lopadono


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Al matemático de la antigua Grecia, Diofanto de Alejandría se le considera el padre del álgebra.  Para el griego las matemáticas lo eran casi todo en su vida. Tal es así que, para dejar en claro esta afición por dicha ciencia, dejo escrita en su epitafio una ecuación para resolver:

“Paseante, esta es la tumba de Diofanto. Él mismo te dirá los que vivió. Su niñez ocupó la sexta parte de su vida, durante la doceava parte su mejilla se cubrió con el primer bozo, paso aun una séptima parte de su vida antes de tomar esposa y, cinco años después, tuvo un hijo que, una vez alcanzada la mitad de la edad de su padre murió, por desgracia. Su padre le sobrevivió cuatro años”.

Un enunciado que, matemáticamente, podría traducirse como: x/6  + x/12 + x/7 + 5 + x/2 + 4= 0.”

A pesar de que la ecuación es muy clara, solo nos da el dato de cuantos años vivió. Se ignora, sin embargo en qué siglo lo hizo. Si es el mismo astrónomo Diofanto que comentó Hipatia (fallecida en 415), habría fallecido antes del siglo V, pero si se trata de personas distintas cabe pensar que vivía a finales de dicho siglo, ya que ni Proclo ni Papo le citan, lo que resulta difícil de entender tratándose de un matemático que pasa por ser el inventor del álgebra. En opinión de Albufaraga, Diofanto vivía en los tiempos del emperador Juliano, hacia 365, fecha que aceptan los historiadores.

Por cierto, si aún no pudieron descubrir el resultado de la ecuación, o no están de ánimos como para resolverla les dejó el resultado: X= 84 años de edad

Portada de la obra de Diofanto, Arithmetica

Portada de la obra de Diofanto, Arithmetica

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Bienvenidos a la historia

Hola, yo soy Uriel, el encargado de este blog, que busca expresar la historia de otro modo. Espero que encuentren lo que buscan y disfuten de la informacion que les puedo brindar. Muchas gracias por haber entrado y mucha suerte.

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