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La fragata inglesa Fama fue el medio de trasporte que utilizaría Mariano y sería, a la vez, su último destino. Zaparon el 24 de enero de 1811, fue esa la última vez que Mariano pudo ver a su querida tierra. A poco de partir Moreno, que nunca había gozado de buena salud, se sintió enfermo y le comento a sus acompañantes (su hermano Manuel y un conocido, Guido): “Algo funesto se anuncia en mi viaje…”. Lamentablemente no se equivocó.

Muchas dudas giran alrededor de su muerte, entre ellas podemos destacar lo altamente sospechoso que resulta el contrato firmado por el gobierno con un tal Mr. Curtis el 9 de febrero (solo 15 días después de la partida del ex secretario de la Junta) adjudicándole una misión absolutamente idéntica a la de Moreno. Tal es así que el artículo 11 de dicho documento aclara: “que si el señor doctor don Mariano Moreno hubiere fallecido, o por algún accidente imprevisto no se hallare en Inglaterra, deberá entenderse Mr. Curtís con don Aniceto Padilla en los mismos términos que lo habría hecho el doctor Moreno”.

Y por si esto fuera poco para implantar dudas a cualquiera que conociera la historia, resta saber que, al poco tiempo de que Mariano partiera hacia Londres, Guadalupe (su ya menciona mujer) recibió, en una encomienda anónima, un abanico de luto, un velo y un par de guantes negros con una nota que decía:

“Estimada Señora, como sé que va ser viuda, me tomo la confianza de remitir estos artículos que, pronto corresponderán a su estado.”

Desde entonces comenzó a escribirle decenas de cartas a su esposo. Una de ellas decía: “Moreno, si no te perjudicas, procura venirte lo más pronto que puedas o hacerme llevar porque sin vos no puedo vivir. No tengo gusto para nada de considerar que estés enfermo o triste sin tener tu mujer y tu hijo que te consuelen; ¿o quizás ya habrás encontrado alguna inglesa que ocupe mi lugar? No hagas eso Moreno, cuando te tiente alguna inglesa acuérdate que tienes una mujer fiel a quien ofendes después de Dios”.

La carta estaba fechada el 14 de marzo de 1811, y como las otras, nunca llegó a destino. Mariano Moreno había muerto diez días antes, el 4 de Marzo de 1811, tras ingerir una sospechosa medicina suministrada por el capitán del barco.

Irónicamente su cuerpo fue arrojado al mar envuelto en una bandera inglesa. Guadalupe siguió escribiéndole, y solo se enteró de su muerte varios meses después, cuando Saavedra lanzó su célebre, y aún más irónica, frase: “Hacía falta tanta agua para apagar tanto fuego”. Curiosamente (o tal vez no tanto) los boticarios de la época solían describir los síntomas producidos por la ingesta de arsénico como a un fuego que quema las entrañas.

Para terminar les dejo una de las más celebres frases de Moreno, y mi favorita:

“Si los pueblos no se ilustran, si no se vulgarizan sus derechos, si cada hombre no conoce lo que vale, lo que puede y lo que se le debe, nuevas ilusiones se sucederán a las antiguas, y después de vacilar algún tiempo entre mil incertidumbres, será tal vez nuestra suerte mudar de tiranos sin destruir la tiranía.”

Mariano Moreno

(Prólogo a la traducción de Del Contrato Social, de Juan Jacobo Rousseau, 1810)

Monumento a Mariano Moreno

Monumento a Mariano Moreno

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Al poco tiempo de establecida la Primera Junta como gobierno patrio, se evidenciaron fuertes diferencias entre el presidente de la junta, Cornelio Saavedra, y su secretario, el protagonista de esta historia: Mariano Moreno. Leer el resto de esta entrada »
La redacción de “La Representación de los Hacendados” acerco a Mariano a los sectores revolucionarios, que venían formándose desde las invasiones inglesas, y de los cuales se había mantenido prudentemente alejado, ya que se encontraba allegado políticamente al Vierrey Cisneros. Leer el resto de esta entrada »
Hacia 1804, Mariano Moreno conoció el amor en Chuquisaca. Una joven de Charcas, María Guadalupe Cuenca, robo su corazón. El amor del subsiguientemente secretario de la Primera Junta, fue correspondido por Guadalupe, quien estaba destinada por su madre a ser monja contra sus intenciones. El amor que sintió por Mariano solo aumentó sus argumento para negarse a la reclusión del convento. Finalmente, seguramente no sin poca lucha, lograron casarse a poco de conocerse, y un año después, nació Marianito. Leer el resto de esta entrada »

Generalmente me considero imparcial a la hora de hablar de los personajes que han surcado nuestra historia… Prefiero mantenerme al margen, no criticarlos ni alabarlos y tan solo comentar su paso por la historia. Pero existen algunos con los que sinceramente no puedo… Y, entre ellos, Mariano Moreno es con aquel que más difícil se me hace, porque Mariano me tiene completamente de su lado.

Aspecto de Mariano Moreno, según la concepción de Adolfo Carranza y Pedro Subercaseaux Errázuriz

Aspecto de Mariano Moreno, según la concepción de Adolfo Carranza y Pedro Subercaseaux Errázuriz

Pero ¿Quién es Marino Moreno? Probablemente aquellos que conozcan un poco aunque sea de la historia latinoamericana conocerán a Mariano Moreno, o al menos lo han sentido nombrar. Pero estoy seguro de que la mayoría no está al tanto de su vida y por eso hoy, a 200 años exactos de su muerte, he decidido comenzar una serie de post en su honor. Si, en la madrugada de un 4 de Marzo como hoy, pero de 1811, Mariano terminaba con su agonía (hacía varios días que se encontraba enfermo) para pasar a, tal vez, una mejor vida.

Decía recién que muy probablemente los conocedores de la historia Latinoamericana lo hayan sentido nombrar, y no es para menos, puesto que fue uno de los personajes que tuvieron una participación importante en los hechos que condujeron a la Revolución de Mayo, y, por si fuera poco, Mariano también tuvo una actuación decisiva como secretario de la Primera Junta, el primer gobierno de las Provincias Unidas de la Plata (Actualmente mi Argentina querida).

Pero Moreno fue, a la vez, mucho más que eso. Fue abogado, periodista y político. Con sus escritos y exposiciones contribuyó al desarrollo del comercio en el Río de la Plata. Además en Julio de 1810, la Junta designará a Moreno para que redacte un Plan de Operaciones, el proyecto de estrategia política de la revolución, debido a la gran capacidad que Moreno tenía con la escritura y la oratoria. Y si sumamos esto a su trágica muerte (muere en altamar, probablemente envenado a los 32 años), podemos decir que es un personaje digno de ser tenido en cuenta.

La historia de su vida no tiene un comienzo preciso, puesto que según las fuentes que se consulten, Mariano Moreno pudo haber nacido un 3 o un 23 de Septiembre de 1778. Su padre fue Manuel Moreno y Argumosa, nacido en Santander (España), y funcionario de la Tesorería de las Cajas Rurales. Su madre, Ana María Valle, una de las pocas mujeres en Buenos Aires que sabía leer y escribir, y con quien Moreno aprendió sus primeras letras. De la unión de ambos nacieron 14 hijos, de los cuales Mariano fue el mayor.

El de los Moreno era un típico hogar de funcionario de mediana jerarquía, con casa propia y varios esclavos, en los Altos de San Telmo, a prudente distancia del aristocrático barrio del Fuerte. Su aprendizaje posterior estuvo limitado por las escasas posibilidades económicas de su familia: la escuela del Rey y el Colegio de San Carlos, que sólo se lo admitió como oyente.

Dr. Mariano Moreno, por Erminio Blotta.

Dr. Mariano Moreno, por Erminio Blotta.

Su aspiración de seguir estudios en la Universidad de Chuquisaca (la más importante de Sudamérica por aquel entonces) se vio postergada hasta que su padre pudo reunir el dinero y los contactos dentro del ámbito literario necesarios para tal fin. Así, recién en noviembre de 1799, Moreno logro emprender larga travesía hacia el Norte, que incluyo dos meses y medio de viaje, durante los cuales sufrió quince días de enfermedad en Tucumán. El largo viaje supuso el prólogo de su nueva vida. Luego de eso, Moreno no sería el mismo.

Durante su estadía en Chuquisaca Moreno frecuentó la biblioteca del canónigo Terrazas (hombre de gran cultura con quien Mariano trabó una profunda amistad); en aquella biblioteca se encontrarían con las obras Juan de Solórzano y Pereyra, de Victorián de Villalba y Jean-Jaque  Rousseau, quienes le dejarían la más profunda huella.

El reclamo de Solórzano, en su Política Indiana, a cerca de la igualdad de derechos para los criollos. La denuncia de Villalba, en su Discurso sobre la mita de Potosí, de la brutal esclavitud a que se sometía a los indios en las explotaciones mineras. Y, sobre todo, el discurso directo y contundente de Rousseau, principalmente el utilizado en “El Contrato Social”, impresionaron particularmente  al joven abogado de clase media.

En 1802, Moreno decidió visitar Potosí y quedó profundamente conmovido por el grado de explotación y miseria al que eran sometidos los indígenas en las minas de dicha región. De regreso a Chuquisaca, escribió su Disertación jurídica sobre el servicio personal de los indios, donde decía, entre otras cosas:

“Desde el descubrimiento empezó la malicia a perseguir unos hombres que no tuvieron otro delito que haber nacido en unas tierras que la naturaleza enriqueció con opulencia y que prefieren dejar sus pueblos que sujetarse a las opresiones y servicios de sus amos, jueces y curas”.

Pero esto es todo por ahora. Pronto la Segunda parte…

Continuara…

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Ya llegamos a la última parte de esta biografía Más de Cerca al Gran Conquistador, llegamos al final de la vida de Alejandro. En la entrada de hoy (la última de la historia) contaremos la muerte del Magno, su sucesión en el trono y el Legado y División de  su Reino.

Alejandro Magno en su lecho de muerte, según el pintor Karl von Piloty (1886)

Fue un 13 de junio en el año 323 a. C. en el palacio de Nabucodonosor II de Babilonia. Le faltaba poco más de un mes para cumplir los 33 años, pero no llego a aquella fecha. Muchas y variadas son las teorías sobre la causa de su muerte, que incluyen envenenamiento por parte de los hijos de Antípatro (Casandro y Yolas, siendo éste último copero de Alejandro) u otros, una enfermedad (se sugiere que pudo ser la fiebre del Nilo), o una recaída de la malaria que contrajo en el 336 a. C.

Pero la muerte no fue repentina: Se sabe que el 2 de junio Alejandro participó en un banquete organizado por su amigo Medio de Larisa. Tras beber copiosamente, inmediatamente antes o después de su baño, le metieron en la cama por encontrarse gravemente enfermo. Los rumores de su enfermedad circulaban entre las tropas, que se pusieron cada vez más nerviosas. El 12 de junio, los generales decidieron dejar pasar a los soldados para que vieran a su rey vivo por última vez, de uno en uno. Ya que el rey estaba demasiado enfermo como para hablar, les hacía gestos de reconocimiento con la mirada y las manos. El día después, Alejandro ya estaba muerto.

Si bien ninguna de las teorías esta completamente descartada, tampoco ninguna de ellas esta completamente certificada. Lo cierto es que cada una de las causa tienes sus afirmaciones y sus contras.

Reconstrucción del catafalco de Alejandro según Diodoro (mitad del S. XIX)

Reconstrucción del catafalco de Alejandro según Diodoro (mitad del S. XIX)

La historia del envenenamiento procede de una historia que sostenían en la antigüedad Justino y Curcio. Según ellos, Casandro (hijo de Antípatro, regente de Grecia) transportó el veneno a Babilonia con una mula, y el copero real de Alejandro, Yolas (hermano de Casandro y amante de Medio de Larisa) se lo administró. Las sustancias mortales que podrían haber matado a Alejandro en una o más dosis incluyen el heléboro y la estricnina. Sin embargo, y a pesar del hecho de que muchos eran los que tenían razones de peso para deshacerse de Alejandro, Robin Lane Fox opina que el argumento más fuerte contra la teoría del envenenamiento es el hecho de que pasaron doce días entre el comienzo de la enfermedad y su muerte y en el mundo antiguo no había, con casi toda probabilidad, venenos que tuvieran efectos de tan larga duración.

De todas maneras, esta es sin duda la teoría que más peso tiene hoy en día entre todos los historiadores de la actualidad. No obstante, en la cultura guerrera de Macedonia era más digno morir por la espada antes que por tóxico, y muchos historiadores antiguos, como Plutarco y Arriano, mantuvieron que Alejandro no fue envenenado sino que murió por causas naturales, como la malaria o la fiebre tifoidea, dos enfermedades comunes en Babilonia.

Augusto visita la tumba de Alejandro (Sebastien Bourdon, 1643 - Museo del Louvre)

Augusto visita la tumba de Alejandro (Sebastien Bourdon, 1643 - Museo del Louvre)

Recientemente, otros han propuesto que Alejandro pudo haber muerto víctima de un mal tratamiento de sus síntomas. Se le pudo haber administrado heléboro, que en aquella época se usaba mucho en medicina pero que era letal en dosis altas, de forma irresponsable para acelerar la recuperación del impaciente rey, con resultados catastróficos. Estas hipótesis que toman la enfermedad y no el envenenamiento citan menudo que la salud de Alejandro había caído a niveles bajísimos tras años de beber copiosamente y también a consecuencia de sus muchas y graves heridas (especialmente la del pulmón, en la India, que casi le quita la vida), y que por tanto era cuestión de tiempo que una enfermedad u otra le matara definitivamente.

Sin embargo, como ya dijimos, ninguna hipótesis puede considerarse como irrefutable, ya que la muerte de Alejandro se ha reinterpretado varias veces a lo largo de la historia. Lo que sí tenemos como cierto es que Alejandro murió tras sufrir fiebres altas el 13 de junio del 323 a. C.

Con su muerte el imperio que se había esmerado en formar quedo sin líder y el poder el dividió entre sus generales. Cuentan las leyendas que, con Alejandro agonizante, sus generales se acercaron a su lecho y preguntaron a quién de todos ellos legaría su reino. Ya que Alejandro no tenía ningún heredero legítimo y obvio (su hijo Alejandro IV nacería tras su muerte, y su otro hijo era de una concubina, no de una esposa), era una cuestión de vital importancia. Y aquí llega el gran dilema, pues la respuesta de Alejandro es algo que se debate intensamente incluso hoy en día: algunos creen que dijo Krat’eroi (‘al más fuerte’) y otros que dijo Krater’oi (‘a Crátero’, uno de sus soldados). Esto es posible porque la pronunciación griega de ‘el más fuerte’ y ‘Crátero’ difieren sólo por la posición de la sílaba acentuada.

La división del imperio de Alejandro

La mayoría de los historiadores creen que si Alejandro hubiera tenido la intención de elegir a uno de sus generales obviamente hubiera elegido a Crátero porque era el comandante de la parte más grande del ejército (la infantería), porque había demostrado ser un excelente estratega, y porque tenía las cualidades del macedonio ideal. Pero lo cierto es que aquel día  Crátero no estaba presente en la sala, y los otros pudieron haber elegido oír Krat’eroi, ‘el más fuerte’ en vez de su nombre. Fuera cual fuese su respuesta, Crátero no parecía ansiar el cargo y entonces, el imperio se dividió entre sus sucesores (los diádocos).

Nunca se sabrá que fue lo que realmente dijo Alejandro aquel día. Lo cierto es que el territorio conquistado si fue repartido entre sus generales, dividiendo el imperio y dando paso al período del helenismo, donde se creó un acercamiento entre oriente y occidente. Así llegó el fin del hombre que en cierto momento fue el más poderoso del mundo, ejemplo claro de la llama que más intenso brilla pero que más rápido se apaga, refiriéndose esto a su breve pero intensa existencia.

Fuente: La Revista publispain

Wikipedia: Artículo de Alejandro Magno

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Durante su gobierno, Alejandro sufrió varias conspiraciones. Para empezar, en el año 330 a. C. Filotas, hijo de Parmenión, fue acusado de conspirar contra Alejandro y asesinado junto con su padre (por miedo a que éste se rebelara al enterarse de la noticia). Alejandro, después de haberlos ejecutado se vio forzado a mandar asesinar al fiel, valiente y anciano general Parmenión. Se dice que fue un hecho lamentable que causó una seria depresión en el rey Macedonio. Asimismo, el primo de Alejandro, Amintas, fue ejecutado por intentar pactar con los persas para ser el nuevo rey (de hecho, era el legítimo sucesor). Tiempo después hubo una nueva conjura contra Alejandro, ideada por sus pajes, la cual tampoco logró su objetivo. Los pajes eran unos jóvenes que habían sido mandados por la nobleza para que fueran educados en grupo aprendiendo la manera de gobernar, luchar y comportarse. Uno de los Pajes, muy probablemente influenciado por Calístenes (El historiador de la aventura de Alejandro), trató de asesinar a Alejandro Magno. De esta manera, también Calístenes resultó involucrado y temiendo ser ejecutado, se suicidó.

Alejandro y Roxana

La distancia entre Alejandro y sus tropas griegas, se hacía cada vez más grande, ahora debido a su política de alianzas con la nobleza iraniana, donde varios e sus capitanes fueron casados con nobles persas, así como su ejército cada vez tenía más elementos persas. Así mismo el propio Alejandro Magno terminaría casándose con una princesa iraniana llamada Roxana, que en un futuro le daría un hijo llamado Alejandro.

Otro de los momentos oscuros dentro de la vida de Alejandro Magno es cuando accidentalmente y en un arranque de ira agraviado por la embriaguez, mató a su compañero de armas y viejo amigo Clito “El negro”. Clito era un general que se había formado en batalla junto a Filipo, padre de Alejandro. Se encontraban reunidos disfrutando de un festín. Clito había sido nombrado Sátrapa de Bactriana y en algún punto de la conversación Alejandro adoptando la costumbre persa de la proskynesis, pretendió ser adorado como un dios, a lo que Clito le objetó en abierto desacuerdo cansado de tantas lisonjas y de oír cómo Alejandro se proclamaba mejor que su padre Filipo, le reclamo sus tendencias megalomaniacas y que se olvidaba de que si había llegado ahí, no había sido solo, sino con ayuda de sus generales y soldados; completamente indignado agrego: «Toda la gloria que posees es gracias a tu padre»; e, incorporándose, volvió a gritarle: «Sin mí, hubieras perecido en el Gránico.» (en dicha batalla Alejandro estuvo a punto de morir, saliendo vivo sólo por la intervención de Clito que de un espadazo mató al persa que quería asesinarle)

La Muerte de Clito representada en una película

La Muerte de Clito representada en una película

Alejandro, que estaba ebrio, buscó su espada, pero uno de los guardias la ocultó. Clito fue sacado del lugar por varios amigos, pero regresó por otra puerta, y mirando fijamente al conquistador, repitió un verso de Eurípides: «Qué perversa costumbre han introducido los griegos.» En aquel momento Alejandro arrebató una lanza a uno de los guardias y se la arrojo creyendo que fallaría y dando un ejemplo para el futuro, sin embargo, la lanza mató a Clito, que se desplomó en medio del estupor de los presentes. Arrepentido del crimen se lanzo al cuerpo de su amigo llorando de tristeza por el crimen que había cometido, luego pasó tres días encerrado en su tienda y algunos afirman que hasta trató de suicidarse a consecuencia de la muerte de su amigo.

Dejando todo esto atrás, Alejandro continúo con su idea de Conquista. Una vez cubierto la totalidad del territorio Persa, Alejandro Magno posó su mirada en la India. Para esta campaña reforzó su ejército con más tropas Persas, irritando cada vez más a sus tropas, que no comprendían la universalidad y magnitud del sueño de Alejandro.

Campañas de la invasión del sur de Asia.

Al llegar a la India, Alejandro Magno se alió con algunos reyes indios, que, hay que resaltar, no eran de fiar, y más tarde resultarían ser un terrible dolor de cabeza al rebelarse. La campaña en la india no fue menos duras que las demás. Sin embargo el experimentado ejército macedonio se las arregló para vencer siempre, aún en inferioridad numérica o luchando contra elefantes. La resistencia más fuerte la encontró a manos del rey Poro, un corpulento rey Indio que dirigía un elefante en batalla y sembraba la muerte lanzando lanzas desde su elefante, al cuál se enfrentó en la batalla del Hidaspes, en el año 326 ac.

Sin embargo, Alejandro Magno se hizo con la victoria, y quiso continuar la conquista, dirigiéndose hacia el Ganges, pero sus tropas estaban tan agotadas por 8 años de guerra continua, que no querían seguir avanzando. Al final, sólo sus valerosas propias tropas pudieron derrotar al propio Alejandro Magno.

Ante la situación de su ejército, Alejandro Magno decidió dar marcha atrás. Así, él y su ejército siguieron el curso del Hífasis y llegaron a la ciudad de Petala, donde combatieron con más fuerzas indias a lo que se sumó la rebelión de los reyes indios sometidos anteriormente. Después de derrotar a las fuerzas indígenas, Alejandro Magno organizó el regreso a la patria, dividiendo sus fuerzas persas-macedonias-grecas (tan variado era ya, aquel ejército que había partido desde Macedonia) en 3 cuerpos, dirigidos por Crátero, Alejandro y el asignado a la flota que conducía Nearcon (quien costearía hasta el golfo pérsico).

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Relieve de Alejandro Magno ante Amón-Ra, en el templo de Luxor.

Ya con los persas en parte fuera de su camino, Alejandro se decidió por terminar de conquistar Asia Menor antes de introducirse completamente en el centro del Imperio Aqueménida. Comenzó así por invadir Fenicia, en donde obtuvo victorias fáciles, a excepción de la conquistad de la isla de Tiro. En dicha isla, Alejandro debió mantener un largo asedio conocido como el Sitio de Tiro, pero finalmente la ciudad fenicia también cayo rendida a sus pies. Conquistada Palestina, Alejandro pensó que podía seguir conquistando a su antojo y se dirigió entonces a Egipto. Este antiguo Imperio (para aquel entonces ya en completa decadencia) fue particularmente fácil de conquistar debido a la pobre resistencia de las guarniciones persas y la brillante actitud de Alejandro. El Magno demostró de nuevo su inteligencia y supo identificar lo que importante para los habitantes de este país: la religión.

Por otro lado de esta manera Egipto se libraba de la dominación Persa y recibía a Alejandro Magno como un salvador. Manteniendo respeto hacia la religión y espiritualidad de los egipcios, Alejandro se hace nombrar faraón, y en una visita al oráculo de Siwa, es proclamado hijo de Zeus Amón y funda la gran ciudad de Alejandría, que sería cuna de la cultura durante siglos y que sobrevive aun en nuestros días. Habría otras Alejandrías a lo largo del territorio conquistado por el macedonio, sin embargo, la más famosa de todas ellas es la de Egipto.

A partir de este momento, Alejandro se sumerge en el mito que nunca, ahora era hijo de un dios (que no es poca cosa), y este hecho es uno de los tantos que envolverán en el mito la historia de este personaje.

Después de asegurar la retaguardia en Egipto y Tiro, Alejandro Magno marcha, ahora si, contra el corazón del Imperio Persa. Ante la inminente amenaza, el rey Darío se apresuro a oponer resistencia. Después de rechazar una oferta hecha por el persa de 10,000 talentos de oro y los territorios al Oeste del Eufrates, a cambio de su familia, Alejandro Magno se dispuso a presentar batalla al numeroso ejército de Darío, teniendo que combatir nuevamente en inferioridad numérica. Esta vez se encontraran en la batalla de Gaugamela, a las orillas del Rio Tigris.

Huida de Darío en la batalla de Gaugamela. Relieve en marfil del s. XVIII (M.A.N., Madrid).

Esta vez Darío fue más rápido que el joven macedonio y consiguió sorprender a Alejandro por su espalda, pero el Magno no se quedo atrás y logró presentarle batalla en un territorio relativamente estrecho, en el que las fuerzas de Darío no pudieron hacer valer su superioridad numérica. La batalla fue aguerrida pero Alejandro volvió a triunfar gracias a su genio táctico y estratégico, haciendo que Darío tuviera que huir nuevamente, permitiéndole atacar el centro de su formación, provocando una desbandada generalizada. Así Alejandro con su ejército logro entrar a Babilonia quedando a las puertas del propio territorio persa. Una vez en la gran ciudad de merio oriente fue recibido calurosamente como héroe y libertador con la mayor de las glorias, en una entrada triunfal seguido de su ejército.

En el año 331 a.c., el ejército panehelénico invadió Persia entrando fácilmente a Susa capital elegida por el Gran Rey Darío I. A la vez que el vencido monarca persa Darío III huía hacia el interior de territorio persa en busca de fuerzas leales para enfrentar nuevamente a Alejandro.

Alejandro procedió cuidadosamente ocupando las ciudades, apoderándose de los caudales persas y asegurándose las líneas de abastecimiento. Desde Susa pasó a Persépolis, capital ceremonial del Imperio Aqueménida, donde sucedió una terrible destrucción: La ciudad entera fue incendiada como un medio para dar a conocer que Alejandro Magno era ahora el nuevo dueño de Asia. Con el tesoro real en sus manos, Alejandro Magno pudo contratar nuevos mercenarios y dirigirse, en persecución del derrotado monarca persa, al que sería su siguiente objetivo: la ciudad de Ecbatana.

Mapa en castellano que muestra la máxima extensión del imperio de Alejandro, la ruta seguida por este a lo largo de sus conquistas, y en esta algunas de las ciudades fundadas por el, las Alejandrías. (clikea para agrandar)

En este momento, la conquista de la parte oriental del imperio persa, se vuelve cada vez más difícil debido a la dureza del clima y al nuevo tipo de combate que enfrentan, la guerrilla. Todos estos problemas aunados a lo largo de la campaña hacen que los soldados comiencen a desmoralizarse, dando lugar a una serie de conjuras contra la vida del joven rey macedonio.

No mucho después, El Gran Rey Persa sería traicionado por sus nobles y asesinado. Alejandro mostraría nuevamente su grandeza y habría de honrar a su otrora rival y enemigo, persiguiendo a sus asesinos.

Los extranjeros que vivían en Persia se sintieron identificados con Alejandro y se comprometieron con él para venerarle como nuevo gobernante. En su idea de conquista también estaba la de querer globalizar su imperio mezclando distintas razas y culturas. Los sátrapas en su mayoría fueron dejados en su puesto, aunque supervisados por un oficial macedonio que controlaba el ejército.

Pero hasta aquí por ahora, mañana la siguiente parte… Parte I - Parte IIParte III

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Busto de Alejandro conocido como «Herma de Azara».

Habiendo terminado con la rebelión de Grecia y haciéndose nombrar Hegemón, Alejandro está listo para dirigirse a los territorios de la Tracia y el norte del mar Egeo, que eran posiciones previamente elegidas por Filipo y excelentes para proyectar la invasión. Los motivos de la conquista se debían a pasadas derrotas griegas, quienes habían tenido que ceder algunas ciudades a los persas, décadas atrás. La campaña de conquista de Persia de Alejandro Magno contaba con un fuerte Panhelenismo (Orgullo por la nación griega). Así mismo, la conquista de Persia resolvería el problema de población que enfrentaban los griegos.

Hay que considerar que la empresa no era nada sencilla teniendo en cuenta que el ejército de Alejandro Magno era muy inferior en número al ejército de Darío III, rey de Persia, además de los limitados recursos del macedonio y los ilimitados del Persa. Mientras tanto en Macedonia, Antípatro queda como regente, hecho que provoca una constante tensión con la siempre intrigante y ambiciosa reina Olimpia, pero eso no es lo que nos importa en este momento.

Decido llevar a cabo el plan de su padre y liberar a los más de 10.000 griegos, Alejandro invadió Asia Menor, al principio se esperaba que las ciudades griegas que se encontraban en manos de los Persas (como Mileto o Halicarnaso) cooperaran con su liberación, pero debido al beneficio económico que habían experimentado con los persas, se negaron a entregarse pacíficamente, presentando una fuerte oposición, pero fueron vencidos en la batalla del Gránico, a orillas del riachuelo de mismo nombre. Las tropas ex-griegas hicieron frente a Alejandro con un ejército de 40.000 hombres comandado por el astuto Memnón de Rodas y compuesto en su mayor parte por griegos mercenarios. Durante el combate, Alejandro estuvo muy cerca de la muerte, ya que en cierto momento un persa trató de asesinarlo por la espalda sin que Alejandro se enterase; el persa estuvo a punto de lograr su cometido, pero Clito, fiel amigo de Alejandro, le salvó la vida gracias a que de un sablazo derribó al agresor.

Alejandro corta el nudo gordiano, por Jean-Simon Berthélemy (Escuela de Bellas Artes, París).

Tras recuperar las colonias que el Imperio Persa le había arrebatado, Alejandro se decidió por conquistar todo el imperio, así que siguió avanzando hasta llegar a Gordión (antigua capital de Frigia) donde decidió invernar. Sería en aquella ciudad donde, sin estar completamente premeditado, Alejandro engrandecería su ya magna figura ¿Cómo? Pues cortando el famoso “Nudo Gordiano”. En aquella ciudad se encontraba el carro de Midas, al cual estaba atada una lanza; contaban las leyendas de la época que quien desatara la lanza sería el dueño y señor de Asia. Alejandro Magno estaba confiado en podía hacerlo y lo intentó. No se sabe con total certeza como lo hizo aunque si todos sabemos que aquel nudo también declinó anta la figura de Alejandro. Se dice, sin embargo, que le resultó muy difícil al ya entonces Magno, a tal grado de que después de un breve período de intentarlo, a causa de un “brillo divino” del sol en su espada, termino por cortarlo con la misma, levantando, obviamente, aún más la moral de sus soldados y capitanes.

Tiempo después del corte del famoso nudo, Alejandro se enfrento cara a cara con el Gran Imperio Aqueménida, en la Batalla de Issos. Al llegar el momento de la batalla, Alejandro se encontraba en una gran inferioridad numérica (una proporción de 5 a 1 aproximadamente). El ejército Persa era comandado por Darío III en persona. ¡Qué emoción debieron haber sentido los contendientes de ambos ejércitos! A un lado se encontraba el rey Macedonio Alejandro Magno (sobra decir que combatía en su estilo, audaz, valiente y en primera línea), arengando a el ejército griego, que rugía furioso listo a confrontar al antiguo enemigo, mientras que en el otro, el Rey Darío III, miraba fijamente al ejército invasor y al joven y arriesgado príncipe que se atrevía a desafiar sus fuerzas. Ya se preveía una estupenda batalla.

Representación de Darío III (zona central) luchando contra Alejandro Magno (a la izquierda) en la batalla de Issos.

Representación de Darío III (zona central) luchando contra Alejandro Magno (a la izquierda) en la batalla de Issos.

En una estrategia que se jugaba el todo por el todo, Alejandro Magno, utilizó una maniobra envolvente para conducir la furiosa carga de “la Punta” justo frente a Darío, confrontándolo directamente y gritándole que se le enfrentara, tratando de abrirse paso entre los pobres desdichados que se le interponían. Fue tal la violencia del potente ataque, que el rey Darío se espantó de la ferocidad de su contrincante y huyó de la batalla en su carro de guerra, temiendo por su vida, sembrando la total confusión en su numeroso ejército, que, ya sin su líder, intento una desorganizada retirada, haciendo más fácil la tarea de las disciplinadas tropas macedonias.

De esta manera, al huir Darío, Alejandro Magno obtuvo la victoria y se adueñó de su campamento, donde se encontraban su madre Sisigambis, su esposa Estatira, sus hijas Estatira y Dripetis y un varón llamado Oco, quienes fueron tratados con respeto y atención especial de parte del generoso rey macedonio, y que les manifestó que no tenía ninguna cuestión personal contra el Gran Persa, sino que luchaba contra él simplemente para conquistar Asia.

Pero hasta aquí por ahora, mañana la siguiente parte… Parte IParte II

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Busto de Filipo II de Macedonia

Poco tiempo después de la batalla de Queronea y de ser designado gobernador de Tracia, Alejandro se enfrentaría a una situación que daría un giro completo a lo que era su vida hasta entonces. Un nuevo matrimonio de su padre, que podría haber llegado a poner en peligro su derecho al trono (no conviene olvidar que el mismo Filipo fue regente hasta la mayoría de edad de su sobrino, pero le quitó el derecho al trono) y le alejó de él.
Según cuenta la anécdota, la noche de bodas de Filipo, el nuevo suegro del monarca macedonio (un poderoso noble macedonio llamado Átalo) felicito en voz alta frente a la congregación a la nueva pareja y rogó por que el matrimonio diera un heredero legítimo al rey, en alusión a que la madre de Alejandro era una princesa de Epiro y que la nueva esposa de Filipo, siendo macedonia, daría a luz a un heredero totalmente macedonio y no mitad macedonio y mitad epirota como Alejandro, con lo cual sería posible que se relegara a este último de la sucesión.
Ante esta situación el futuro Magno enfureció y le echó encima el contenido de su copa, espetándole: «Y yo ¿qué soy? ¿Un bastardo?». Filipo, que para entonces ya estaba bastante ebrio, le ordenó a Alejandro que se disculpara, a lo que éste se negó tajantemente alegando que era él quien había sido quien había sido insultado. Filipo se encolerizo ante la negativa de su hijo, por lo que sacó su espada y se dispuso a perseguirlo para castigarlo, pero debido al vino ingerido cayó de bruces al suelo. Ante tal situación Alejandro se burló de él, diciendo «Quiere cruzar Asia, pero ni siquiera es capaz de pasar de un lecho a otro sin caerse.» Después de este episodio, la ira de Filipo le valió el exilio a Alejandro, quien lo pasó en compañía de algunos amigos viviendo como pudiera, sin embargo al cabo del tiempo, Filipo acabo por perdonarle.

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Bienvenidos a la historia

Hola, yo soy Uriel, el encargado de este blog, que busca expresar la historia de otro modo. Espero que encuentren lo que buscan y disfuten de la informacion que les puedo brindar. Muchas gracias por haber entrado y mucha suerte.

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    Prohibición de la celebración de la Navidad La navidad es una fiesta de unión y felicidad en casi todo el mundo, sin embargo no siempre fue así, incluso varias veces corrió el riesgo de desaparecer en muchos lugares. Cuando se produjo la Reforma protestante, la celebración del nacimiento de Cristo fue prohibida por algunas iglesias [...]

  • El Café, ¿Amenaza para el orden público? (II)

    En la entrada pasada comentábamos como, al llegar al gobierno de Egipto, el emir Khair Bey, intentaba, con poco éxito, prohibir el café en dicho Estado. Hoy volvemos con otras prohibiciones, en este caso, todas Europeas. El café llegó a Europa alrededor del año 1600, gracias a los mercaderes venecianos. Las primeras controversias que levanto [...]

  • ¡Jaque Mate!

    Un batalla en la que “intervino” una partida de Ajedréz

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