Entradas con la etiqueta ‘Reyes’

Llegamos ya a la última parte de la historia de Jean-Baptiste Bernadotte. Y, aunque me he demorado un poco más de lo que deseaba, ya llego el momento de concluir con ella. La última vez, nos quedamos en su elección como Príncipe Heredero de la Corona Sueca. Continuemos entonces desde allí. Pero, ¿Cómo es que un soldado republicano, perteneciente al ejercito de uno de los más grandes enemigos de las monarquías europeas, llega a ser elegido Monarca?

Estatua en Norrköping, levantada en 1846 en honor del Rey Carlos XIV de Suecia y III de Noruega

Estatua en Norrköping, levantada en 1846 en honor del Rey Carlos XIV de Suecia y III de Noruega

Pues, básicamente por casualidad. Aunque el boletín oficial dará como razones, por un lado, que un gran sector del ejército sueco, previendo futuras complicaciones con Rusia, se mostraba favorable a la elección de un soldado como heredero, y por el otro, que Bernadotte también era muy popular en Suecia, debido a la caballerosidad con la que había tratado a los prisioneros suecos durante la última guerra con Dinamarca.

Sin embargo, si bien estas razones pueden ser la “Ultima Ratio” (otra frase que queda bien para la ocasión) para su elección definitiva, lo cierto es que, en un primer momento deberemos el ofrecimiento del trono a Jean Baptiste a un único sujeto: el barón Karl Otto Mörner.

Este tal barón Möner era, simplemente, un mensajero sueco, quien, absolutamente por iniciativa propia, ofreció la sucesión de la corona sueca a Bernadotte. El gobierno sueco quedara altamente sorprendido ante la descarada actuación de Möner, incluso lo arrestarían al volver a Suecia; sin embargo, la candidatura de Bernadotte fue ganando seguidores de forma gradual.

Por su parte, es seguro de que Jean Baptiste reflexiona extendidamente aceptar tal proposición, ya que, después de todo es un republicano convencido. Incluso Bernadotte le comunicaría la oferta de Mörner a Napoleón, pero el Corso se reiría del asunto y lo trataría como algo absurdo. De todas maneras Jean acabara por decidirse positivamente e informaría a Mörner que no rechazaría el honor de ser él el elegido.

¿Por qué aceptar tal propuesta? Pues, probablemente, hay dos factores que pesan en su decisión positiva: por un lado, el hecho de que la monarquía sueca sea una monarquía constitucional, lo cual la convierte en más tolerable a ojos de un republicano. Por otro lado, lo mal, pero mal, mal, que le sienta el ofrecimiento a Napoleón Bonaparte, ya que recordemos que, a pesar de ser parientes debido al casorio de Jean Baptiste y José Bonaparte con las hermanas Clary, no se caían para nada bien el uno al otro.

Coronación de Karl Johan III como rey de Noruega

Coronación de Karl Johan III como rey de Noruega

Finalmente, el 21 de agosto de 1810, Jean Baptiste Bernadotte fue elegido «Príncipe de la Corona». De esta manera Bernadotte renuncia a la nacionalidad francesa y el 2 de noviembre de 1810, realiza su entrada solemne en Estocolmo, y el 5 de noviembre recibía el homenaje de los estados suecos, siendo adoptado por el Rey Carlos XIII bajo el nombre de «Carlos Juan». El nuevo príncipe coronado fue pronto muy popular, y se convirtió en el hombre más poderoso de Suecia.

Toda esta situación place enormemente al nuevo rey; pero no tanto a la futura reina. A Desirée no le cae bien el frio, y pocos días después de llegar se vuelve a Paris, donde vivirá hasta luego de la coronación de su marido, el 5 de febrero de 1818. Regresara a Suecia recién en junio de aquel año.

Durante su principado, y luego su reinado, Bernadotte pudo mostrarse como cualquier cosa menos como un satélite de Francia. Incluso se aliaria con los enemigos de Napoleón y sería uno de los comandantes del ejército que lo enfrentaría hasta el final. Como rey unionista sería muy popular tanto en Suecia como en Noruega. Y aunque sus puntos de vista ultra-conservadores eran generalmente detestados, y se les presentó oposición tanto como fue posible, su dinastía nunca estuvo en serio peligro, y tanto suecos como noruegos estaban orgullosos de su monarca y de la buena reputación de que éste disfrutaba en Europa.

Bernadotte moriría en Estocolmo el 8 de marzo de 1844. La mayor parte de su reinado fue un largo periodo de paz ininterrumpida, y de desarrollo material en ambos reinos durante la primera mitad del siglo XIX, debido principalmente a su energía y previsión. Carlos XIV Juan fue sucedido por su hijo Óscar (Óscar I de Suecia y Noruega). Como decía más arriba, todos sus súbditos lo veneraron como un gran rey. Sin embargo hubo un pequeño detalle que se le escapó a todos sus seguidores. Al desnudarlo para prepararlo para los funerales, los sirvientes encontrarán en su brazo un tatuaje que pocos habían visto antes. Grabado en su cuerpo rezaba: «Mort aux rois» (Muerte a los Reyes), tatuaje presumiblemente realizado durante la Revolución francesa. Así concluía la historia del único rey republicano, con tatuaje y todo!!!! Todo un personaje más que singular.

Fuentes: Wikipedia, Articulo de Carlos XIV de Suecia

Blog Historia de España

Pd) Valla entrada más larga que se me ha hecho, jeje. De todas maneras está bien, puesto que será la última hasta el sábado 26, día en que estaremos festejando el segundo cumpleaños del blog con algunas sorpresas!! Saludos y están todos invitados!!

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La última vez dejábamos a nuestro, por ahora, Jean Baptiste, recién casado y convertido en cuñado de José Bonaparte. Tiempo después, y durante tan solo seis semanas, sería nombrado ministro de la guerra francés, responsabilidad en la que demostró grandes habilidades.

En aquel tiempo se mantuvo a poca distancia de Napoleón, y aunque se negó a apoyarle en los preparativos del golpe de estado de noviembre de 1799 (18 deBrumario).

Retrato de Bernadotte como príncipe heredero

Retrato de Bernadotte como príncipe heredero

Incluso, es uno de sus fervientes opositores. Tal es así, que cuando el golpe se produce, en París mucha gente espera que Bernadotte salga de casa y se ponga al frente de milicias más o menos organizadas, que todo el mundo sabe están dispuestas a obedecerle. Pero, Jean no lo hace; probablemente los méritos de esta inacción de nuestro gran republicano deba llevárselos su cuñado, y futuro rey de España, José Bonaparte quien le come la oreja y acaba convenciéndole de que no se inmiscuya.

De manera contraria  a lo esperado, con el Gran Corso ya en el poder, Bernadotte aceptaría ser empleado por el consulado, y desde abril de 1800 hasta el agosto de 1801, comandaría el ejército en la Vendée. Y, no mucho después, al llegar el Imperio Napoleónico en 1804, Bernadotte fue nombrado uno de los dieciocho Mariscales de Francia. Y desde junio de aquel año sería designado también como gobernador de la recientemente ocupada Hanóver. Incluso, sería el mismo Jean-Baptiste quien, en 1808 y como gobernador de los pueblos Hanseáticos, dirija directamente la expedición contra Suecia, a través de las islas Danesas, aunque el plan no tuvo éxito debido a la necesidad de transportes y a la deserción del contingente español, quienes para entonces ya habían comenzado la guerra por su independencia de las fuerzas napoleónicas.

Poco tiempo después se lleva a cabo la de Wagram, en la que nuestro Bernadotte será lidere al contingente Sajón. Durante dicha batalla desobedecerá las órdenes de Napoleón, por lo que el Gran Corso lo relevaría de su mando. Furioso, se vuelve a París.

Carlos XIII de Suecia (Carlos II de Noruega), retratado por Carl Fredric von Breda. Museo Nacional de Estocolmo.

Carlos XIII de Suecia (Carlos II de Noruega), retratado por Carl Fredric von Breda. Museo Nacional de Estocolmo.

Por allí (es decir en Francia) se encontraba Jean, a punto de tomar posesión del cargo de gobernador de Roma cuando, inesperadamente, fue elegido heredero del rey Carlos XIII de Suecia. ¿Pero como es que un soldado Napoleónico acaba convirtiéndose en el heredero de una de las pocas monarquías europeas puras (ya que Napoleón se había cargado a casi todas) que quedaba?

Para conocer el “Quid” (esta va para ti, profedegriego ;) ) de la cuestión debemos trasladarnos a Suecia. Seguimos estando en 1810. En el país del norte europeo, la dinastía reinante, los Vasa, se extingue. El anterior rey se había vuelto loco, y su tío, ya bastante mayor de edad, había tenido que sustituirlo en el trono con el nombre de Carlos XIII. Por lo tanto encontramos al Parlamento sueco buscando un nuevo candidato. Y, por cosa de la casualidad, llegan a fijarse en el administrador de Hannover y algunas villas hanseáticas, de quien todo el mundo dice maravillas. Dicho y hecho: el 21 de agosto de 1810, el Parlamento elige rey a Jean Baptiste Bernadotte.

Pero, ¿Fue tan así esta elección? ¿O hubo muchas otras cosas que llevaron a esta elección? Pues, lamentablemente, tampoco lo sabremos hoy… sino mañana. Porque esta entrada ha vuelto a quedar muy larga para mi gusto.

Próximamente la ultima parte. No se desespere!!!! ;) . Prometo que llegara pronto.

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La entrada de hoy es algo curiosa. Porque, ¿Puede un rey ser republicanos? Vamos, pregunto si un rey puede odiar a los reyes, a lo que estos representan. Digo, si hasta puede ser un republicano abiertamente declarado e incluso tatuarse en su cuerpo el orgullo de serlo. Pues parece que si hubo que cumplía con estas condiciones y que además, cumplió con otro tanto de condiciones que lo hacen un individuo único, de esos que me gusta mencionar por aquí.

Pero, antes de empezar con la historia de tan interesante personaje, debo darle las gracias a Miguel Ángel, del blog “Memoria Residual”, a quien le debo el haberme puesto tras la pista de esta historia, por lo que a él le va dedicada esta entrada. Ahora sí, ya hecho el agradecimiento seguimos con el personaje de hoy.

Retrato completo de Jean Baptiste Bernadotte

Retrato completo de Jean Baptiste Bernadotte

El individuo en cuestión se llamó, en un primer momento, Jean-Baptiste Bernadotte. Luego, pasaría a ser Karlos XIV Johan de Suecia y Carlo III de Noruega. Y sí, si puede que lo hayan reconocido como uno de los dieciocho Mariscales Napoleónicos, porque efectivamente lo fue. Su vida comenzó un 26 de enero de 1763, en la localidad de Pau, en Francia. Hijo de Henri Bernadotte (1711-† 1780), procurador en Pau, y de Jeanne St. Jean (1725-†1809) se enlistaría en el ejército luego de la muerte de su padre, teniendo por aquel entonces diecisiete años, y su primer destino como militar fue Corcega.

Con 21 años lo encontramos ya sirviendo como sargento en Grenoble. También para aquella época se ha ganado su apodo de Sergeant Bellejambe, o Sargento Piernabella, mote que alude a su éxito con las mujeres. Éxito evidenciable en la relación que entablo por aquel entonces con grenoblina con un nombre tan sensual como Catalina L’Amour. De aquel amor nacerá una pequeña de nombre Olimpia Bernadotte, que morirá siendo niña.

Al estallar la Revolución Francesa (de la cual ya hemos hablado aquí con anterioridad), sus evidentes cualidades militares le llevaran a un rápido ascenso; tal es así que para 1794, Bernadotte era ya brigadier, asignado al ejército de Sambre y Meuse. Más tarde, tras la victoria de Jourdan en Fleurus (26 de junio de 1794), ascendería a general de división.

De campaña, la guerra lo llevaría primero a Bélgica y luego, conforme avance el ejército francés, a Austria. Poco después, Bernadotte sería enviado a Italia, con 20.000 hombres, a auxiliar a un general llamado Napoleón Bonaparte (quien aún no hacia demasiado alarde su nombre), distinguiéndose durante el paso de Tagliamente. En 1798 acabaría como embajador en Viena, aunque hubo de abandonar el cargo debido a los disturbios causados a raíz del izado de la bandera tricolor sobre la embajada.

Retrato de Désirée Clary (1777-1860), esposa de Bernardotte, en 1822.
Retrato de Désirée Clary (1777-1860),
esposa de Bernardotte, en 1822.

En 1798, Bernadotte contraería matrimonio con una bella joven, cuyo nombre era Desirée Clary. Era que había estado en los planes de José Bonaparte, que acabaría casándose con su hermana, y del mismísimo Napoleón, hasta que este conociera, año y medio después incluir en sus planes a Desirée, a su eterna Josefina.

Desirée Clary y Jean Baptiste Bernadotte se conocerían en París, en una recepción de José Bonaparte, unos dos años después de que Napoleón la dejase marchándose, nunca mejor dicho, a la francesa. Con su matrimonio, Bernadotte se convirtió asimismo en pariente de los Bonaparte.

Pero hasta aquí por ahora… Pronto la segunda parte

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Seguimos hoy con la ceremonia seguida al levantarse el rey francés. Nos habíamos quedado la última vez en la cuarta entrada, o entreé de la chambre. Seguimos desde dicho punto, es decir con la quinta entrada.

La admisión a la quinta entrada dependía hasta cierto punto de la buena voluntad del primer camarero y, naturalmente, del beneplácito del rey. Estaba formada por señores y damas de la nobleza que gozaban de tal favor del rey, a quienes el camarero les permitía la entrada; tenían así preferencia para acercarse al rey antes que los demás.

Había finalmente un sexto tipo de entrada que era la más solicitada de todas. No se entraba en esta por la puerta principal de la alcoba del rey, sino por una puerta trasera; esta entrada estaba reservada para los hijos del rey, incluso los ilegítimos, con su familia y yernos, así como al poderoso surintendant des bâtiments. Se preguntaran quizás ¿Y qué grandeza tiene entrar por la puerta trasera de un recito? Pues mucha, pertenecer a este grupo era considerado una enorme gracia, pues sus miembro tenían licencia para entrar en cualquier momento al gabinete real, siempre que el rey no celebrara consejo o hubiese comenzado un trabajo especial con sus ministros, y podían permanecer en la habitación hasta que el rey salía para ir a misa y aun cuando estaba enfermo.

Como se evidencia, todo estaba dispuesto con bastante exactitud. Los dos primeros grupos eran admitidos cuando e, rey todavía estaba en el lecho y llevaba una pequeña peluca (pues el rey nunca se presentaba en público sin peluca, ni si quiera estando en la cama). Cuando ya se había levantado y el gran chambelán con el primer camarero le habían vestido con la toga se llamaba al grupo siguiente, la première entrré. Cuando el rey se había calzado, llamaba a los officiers de la chambre y se abrían las puertas para la siguiente entreé. El rey tomaba su toga. El maître de la garderobe tiraba de la camisa de noche por la manga derecha, mientras que el primer sirviente de la garderobe, tiraba de la izquierda; el gran chambelán o uno de los hijos del rey presentes en ese momento traía la camisa de día. El primer camarero sostenía la manga derecha, el primer sirviente de la garderobe, la izquierda. Entonces el rey se ponía la camisa, se levantaba de su sillón y el maître de la garderobe lo ayudaba a atarse los zapatos, le sujetaba la espada al costado, le vestía la túnica, etc. Una vez vestido, el rey hacia una breve oración, mientras el primer limosnero pronunciaba un rezo en voz baja. Mientras tanto, toda la corte esperaba ya en la gran galería situada detrás del dormitorio del rey. Tal era el “lever” del rey en la época de Luis XIV.

Y aquí viene entonces la anécdota de los tiempos de María Antonieta. Pero primero vale hacer algunas aclaraciones. La primera, y casi obvia, la existencia análoga  de un “lever” de la reina igual o similar al del rey. La segunda, que esta tradición se mantuvo hasta el reinado de Luis XVI y María Antonieta. Pero para estos tiempos dicho acto se había naturalizado e institucionalizado de tal manera que las reglas se seguían de una manera absolutamente absurda.

En ese sentido la anécdota, o una posible suposición. Resulta ser que, en el caso del “lever” de la reina, la dama cortesana en servicio tenía el derecho de acercar la camisa a la reina, mientras esta se vestía. Las damas palaciegas le ponían la enagua y el vestido. Pero si, ocasionalmente; llegaba una princesa de la familia real, a ésta asistía el derecho de poner la camisa a la reina. Una vez, pues, que la reina totalmente era totalmente desvestida por sus damas, su camarera sostenía la camisa y apenas la había presentado a la dama cortesana cuando entraba en la habitación la duquesa de Orleans. La dama cortesana debía entonces devolver la camisa a la camarera y esta entregársela a la duquesa. Justo en este momento se hace presente en la habitación la condesa de Provence, de mayor rango, por lo que otra vez la camisa debe volver a la camarera, y solo de esta la recibirá la condesa, para poder entregársela por fin a la reina, que durante todo aquel trajín había tenido que esperar pacientemente desnuda, viendo como las damas se pasaban la camisa.

Fuente: Norbert Elías: “La Sociedad Cortesana”

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Como ya es de público conocimiento, en las últimas semanas, y también durante las que siguen, me encuentro rindiendo exámenes en la Facultad. Es por ese motivo que me he alejado un poco de la redacción de nuevas entradas. Sin embargo, gracias al estudio me he encontrado con una historia muy interesante que creo merece un lugarcito en esta bitácora.

Pues, verán. La cosa es así. Entre los textos que tengo que leer para rendir mis exámenes se encuentra uno escrito por el, entre otras cosas, sociólogo Norbert Elías. Se trata de algunos pasajes del libro “La Sociedad Cortesana” (libro altamente recomendable si me preguntan), en los cuales me he encontrado con una interesante descripción de una de una de las ceremonias más llamativas de la corte francesa durante los tiempos del gran “Rey Sol” (mencionado aquí hace algunos días). Se trata del “Lever” (levantarse) del Rey. ¿De qué se trata y en qué consistía este ritual? Pues eso es lo que tratare de desenmarañar en esta entrada.

Como supongo todos, o casi todos, deben de saber, la sociedad cortesana estaba formada por un complejo entramado de personajes, cada cual con su prestigio y escalón social. Todos se encontraban inmersos, a su vez, en una especie de “lucha” intensa por mantener su posición o, de ser posible, mejorarla. En ese sentido, a Luis XIV se le ocurrieron un amplio número de ceremonias que permitían a los individuos de la corte mostrar su estatus, e incluso tal vez mejorarlo. Una de estas ceremonias era la ya menciona: El Lever.

Habitualmente a las 8 de la mañana y, en todo caso, a la hora que él habitualmente había determinado, el rey era despertado por el primer ayuda de cámara que dormía a los pies de la cama real. En ese momento se abren las puertas de la recamara a los pajes. Uno de ellos, entre tanto, ha avisado ya al gran Chambelán (algo así como el gran mayordomo) y al primer camarero; otro a la cocina real para el desayuno; un tercero hace guardia en la puerta y solo permite el paso a los señores que ostentan tal privilegio, los cuales no son muchos.

Dicho privilegio era adquirido al alcanzar un escalafón muy preciso. Existían así seis grupos distintos de hombres a quienes concedían tal honor. Cada uno de ellos tenía una entrada precisa, y un momento adecuado para ingresar: Los momentos conocidos como Entrée.

En primer lugar se hallaba la entrée familière. Durante esta ingresaban al recinto del rey hijos y nietos legítimos del monarca, junto a príncipes y princesas de linaje, el primer médico, el primer cirujano, el primer camarero y los pajes de cámara.

Seguí luego la grande entrée, formada por los grands officiers de la chambre et de la garde-robe (algo así como los grandes o altos oficiales o funcionarios de cámara) y los señores de la nobleza a los que el rey había concedido tal honor. Luego la seguí la première entrée, compuesta por los lectores del rey, los intendentes de diversiones y las solemnidades y otros. La cuarte correspondía a la entrée de la chambre, e incluía al resto de los officiers de la chambre, además del grand-aumônier (primer limosnero), los ministros y secretarios de Estado, los conseilleirs d’Etat, los oficiales de guardia personal, los mariscales de Francia, etc.

Hasta aquí por ahora… pronto la segunda parte, con las otras dos entrée  y una curiosa anécdota sobre una de estas ceremonias en los tiempos de Luis XVI y María Antonieta.

Pd) Vale aclarar que, la segunda parte, ya se encuentra terminada y autoprogramada, por lo cual no deberán esperar demasiado. Solo las corte por la extensión. Un saludo.

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Estoy seguro de que todos conocen a Luis XIV. También todos han sentido nombrar alguna vez la frase que, a su manera, encabeza la entrada: “El Estado Soy Yo”. Todos también saben que fue Luis quien la pronuncio, y que la frase es utilizada para resaltar la visión estereotipada del absolutismo político, encarnado, entre otros, en Luis XIV.

Famoso retrato del Rey Sol realizado en 1701 por Hyacinthe Rigaud, para su nieto, el rey Felipe V de España, aunque finalmente el lienzo se quedó en Francia.

Famoso retrato del Rey Sol realizado en 1701 por Hyacinthe Rigaud.

Pero les tengo noticias (aunque tal vez no se una novedad para muchos de los que leen): Luis XIV probablemente jamás pronuncio esa frase. Sí, así como lo leyeron.

Les contare de todas maneras la posible historia de cómo la pronuncio. En cierta ocasión Luis XIV se encontraba haciendo lo que muchos reyes de la época hacían para pasar el tiempo y como deporte: Cazar.

Estaba entonces el que luego sería conocido como “El Rey Sol”, de caza por Vincennes, cuando se enteró de que el Parlamente de París se había opuesto a una norma dictada por él. Ni que decir como se puso Luis. Aunque, a decir verdad, estaba el Parlamento estaba completamente en su derecho al realizar dicha acción. Pero saben lo que opina un rey absolutista de estas “libertades” que se tomaba el Parlamento, y Luis XVI no era una excepción. Fue entonces, cuando viajó de inmediato hasta París. Aun vestido de cazador y con su arma en mano, penetro en la sala Parlamentaria e increpo al presidente de la Cámara, diciéndole que tenían completamente prohibido examinar y discutir las normas por él dictadas.

Coronación de Luis XIV en Reims 1654.

Coronación de Luis XIV en Reims 1654.

El presidente, aunque seguramente un poco asustado por la presencia armada del Rey Sol, no se dejo intimidar por completo, y comenzó a elucidar sobre formalismos, y entre ellos comentó a su majestad que el Parlamento discutía los edictos reales en la búsqueda del bien del Estado. El rey, que ya comenzaba a rabiarse atajó aquellas ideas en un momento con la frase conocida: “El Estado soy yo”.

Comentada ya la historia, es momento de desmentirla. Lo cierto es que está considerada por los historiadores como una imprecisión histórica. Y es más probable que dicha frase fuera forjada por sus enemigos políticos para resaltar la visión estereotipada del absolutismo político que Luis representaba

Seguramente, dichos competidores se hayan valido de la siguiente cita: “El bien del estado constituye la Gloria del Rey”, esta si sacadas de sus Reflexiones.

Por otro lado, otra anécdota del rey francés, también difícil de creer por la edad en que la pronuncio , es la que nos cuenta que cuando tenía tan solo tres años falleció su padre, Luis XIII. En sus últimos momentos, el moribundo monarca hizo traer a su hijo al lecho en el que esperaba su hora y como ya estaba con un pie, y casi toda la pierna, en el otro mundo, no recordaba el nombre de su heredero. Así que le preguntó: “¿Cómo te llamas?”. El niño, con sólo tres años, contestó: “Luis XIV, papa”. Todo un adelantado.

Finalmente agregar que en contraposición a las citas mencionadas arriba, ya sean apócrifas o fidedignas, antes de morir Luis XIV declaro: «Je m’en vais, mais l’État demeurera toujours», es decir, «Me marcho, pero el Estado siempre permanecerá».

La efigie de la tumba de Luis XIV, cripta de la Basílica de Saint-Denis, París.

La efigie de la tumba de Luis XIV, cripta de la Basílica de Saint-Denis, París.

Fuentes: Wikipedia

Blog Curistoria

Pd) En las próximas comienzo con los exámenes en la Facultad, así actualizare este blog de una manera menos frecuente, ya que de momento primero se encuentra el estudio. Espero que lo sepan disculpar. Un Saludo.

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Como buen hijo y esposo de españolas, Luis XIV (también conocido como el “Rey Sol”) era un admirador de la lengua y la literatura hispana. Tal es así que, en cierta ocasión, se dirigió a uno de sus cortesanos y le preguntó si hablaba español. Leer el resto de esta entrada »
Busto de Pirro

Busto de Pirre

Seguimos con la historia de Pirro y sus “victorias”

Sucedía que en su impasible intento de unificar el territorio italiano y griego, un proyecto largamente acariciado y encarnizado perseguido por su Senado, los romanos se decidieron por conquistar la Península Sur en la cual se encontraban todas estas colonias floreciente y abundantemente ricas. Fue entonces cuando Tarento, que era una especie de primus interpares y, por lo tanto, la que tenía más que perder, decidió salir en búsqueda de aliados para enfrentar a las poderosas tropas romanas. Fue de esta manera que se encontraron con Pirro, el más distraído entonces de entre los reye, pero a la vez el más aguerrido de todos los capitanes.

Sin necesidad de pensárselo dos veces, Pirro movilizo sus huestes y partió hacia el sur de Italia con un numeroso y amplio ejército. Pero la travesía no le salió nada barata a nuestro amigo: En medio del camino una tempestad desbarato el convoy pírrense, incluso Pirro estuvo a punto de pasar a mejor vida, según las crónicas solo se salvó de milagro. Con lo poco que quedaba de su ejército, y una vez pasada la tempestad Pirro logro llega a Tarento, y allí tuvo que verse forzado a meter en cintura a los tarentinos, pocos dispuestos a sumarse a las filas de su ejército debido a la buena vida a la que estaban acostumbrados.

Pirro observa un campamento romano. Ilustración del libro History of Pyrrhus de Jacob Abbott.

Pirro observa un campamento romano. Ilustración del libro History of Pyrrhus de Jacob Abbott.

Una vez rehechas sus filas con hombres, caballos y elefantes llegadas de Grecia, se enfrentó a los romanos, cerca de la también productiva colonia griega de Heraclea. La batalla acabó con victoria para Pirro, sobre todo debido al espanto que causaron los elefantes en los romanos y sus caballos, ya que eran la primera vez que se enfrentaban a tales bestias. De todos modos la victoria le salió cara: Además de que estuvo a punto de perecer en el combate, muy pocos romanos murieron en la batalla, menos de quince mil, en comparación con los cerca de trece mil soldados que perecieron en la huestes de Pirro.

Pero aquí no termina la historia, ya que no contento con el primer resultado, Pirro volvió a enfrentarse a los romanos en un segundo combate, que esta vez acabó en tablas. Al parecer el empate se debió en gran parte a la pérdida del temor que originaban los elefantes en los romanos, más aun cuando un soldado romano demostró que aquella bestias si podían morir. En Ásculo (tal era el nombre del sitio donde se enfrentaron esta vez) Pirro volvió a estar cara a cara con la muerte, cuando recibió un lanzazo enemigo, pero volvió a zafar milagrosamente. Quince mil hombres, aproximadamente, por cada bando fueron los que sucumbieron en aquel campo. Tras esta segunda batalla ambos ejércitos se retiraron de la zona.

Avance de Pirro Sobre Roma

Avance de Pirro Sobre Roma

Cuentan que alguien del sequito de Pirro se acercó para felicitarlo por el resultado de las batallas. Fue justo en aquel instante cuando Pirro, mezclando el realismo con el sentido de humor le contesto aquello de “Sí, con una sola vez más que venzamos a los romanos, estaremos acabados sin remedio”… (O cualquiera de las versiones que conozcan acerca de lo que dijo).

Y de aquí procede el dicho de “Victoria Pírrica” que, aplicado a litigios de cualquier índole (ya sean bélicos, económicos, políticos, o incluso muchos más inocentes), nos remite a que el beneficio para el ganador es al final escaso, comparado con el costo invertido para lograrlo.

Fuente: Revista La Aventura de la Historia, N° 1 (Nov de 1988)

Imagenes Vía Wikipedia. Y la imagen final (la que vendra abajo) es de aquí

Más Sobre Pirro en la Wikipedia

Pirro de Epiro (Ilustración por Johnny Shumate)

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Busto de Pirro, palacio Pitti de Florencia

Probablemente todos conozcan lo que es una victoria pírrica. Pero por si acaso les diré que una victoria pírrica es aquélla que se consigue con muchas pérdidas en el bando aparentemente o tácticamente vencedor, de modo que aun tal victoria puede terminar siendo desfavorable para el aparentemente o tácticamente vencedor. Vamos, una de esas en las que casi pierdes más de lo que ganas. Todos, o casi todos sabrán también que el nombre de este tipo de victorias proviene del general y estratega Pirro, rey de un pequeño territorio griego llamado Epiro. Seguramente también estarán al tanto de que se dice que Pirro, al contemplar el resultado de su batalla contra los romanos, dijo “Otra victoria como ésta y volveré solo a casa” (en griego: Ἂν ἔτι μίαν μάχην νικήσωμεν, ἀπολώλαμεν.). Pero se me han dado las ganas de traer su historia a colación, para aquellos que no la sepan, y, por qué no, para que la recuerden aquellos que si la conocen. Así que aquí les va.

El territorio Epiro ocupaba una estrecha franja costera del mar Jónico, frente a la isla de Corfú, al sur del Adriático. Dicha región estaba habitada por el pueblo de los molosos, pueblo pobre a causa de lo árido y escarpado de su geografía, y que, por lo tanto, era belicoso, dado al saqueo y a la búsqueda de botín y fortuna allende sus fronteras.  Pirro supo sacar provecho de las inclinaciones de su pueblo y de las circunstancias políticas en Grecia a comienzos del S. III a.C., como nadie había podido hasta entonces. En plena pelea entre los sucesores de Alejandro, se convirtió en una especie de condottiero (es decir un caudillo), dispuesto a intervenir en cualquier conflicto que se le pusiera por delante, llegando a ser una pesadilla para sus vecinos. Pronto se labró una gran fama de hombre audaz, infatigable, astuto generoso y gran estratega. Tal es así que sus contemporáneos llegaran a compararlo con Alejandro Magno, incluso Aníbal lo colocaba por encima de sí mismo de Escipión.

En cierta ocasión intento quedarse con el trono de Macedonia, pero fracaso y se retiró nuevamente a Epiro. Cuanta de él su biógrafo Plutarco que: “Ofrecíale la fortuna el poder gozar de la presente sin inquietudes y vivir en paz gobernando su propio reino; pero para él, el no causar daño a otros ni recibirlo de ellos a su vez, era un tormento”. De este “tormento” vendrían a sacarlo los mensajeros de la antigua colonia griega de Tarento, la más floreciente de las colonias que formaban la conocida Magna Grecia.

Pero tendran que esperar para conocer esa parte de la historia… Continuara

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En Noviembre de 1598 hizo una demostración para la reina Isabel, y esta quedo encantada, de manera que, sin más demora, el órgano fue enviado hacia Estambul, junto con Dallan, ya que alguien debía manejarlo y se sabe que los sultanes no son muy duchos en realizar ciertas labores, sobre todo cuando se trata de tocar un instrumento desconocido por su civilización. El viaje fue medio bravo y el órgano llego medio roto a la corte de Mehmet. Dallan se tomó el trabajo de arreglarlo, lo cual le llevo otro año más (lo cual no ayuda a deducir que el órgano había terminado demasiado roto por el viaje). Leer el resto de esta entrada »

Bienvenidos a la historia

Hola, yo soy Uriel, el encargado de este blog, que busca expresar la historia de otro modo. Espero que encuentren lo que buscan y disfuten de la informacion que les puedo brindar. Muchas gracias por haber entrado y mucha suerte.

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